El reparto

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump con el presidente ruso, Vladimir Putin, en Anchorage, Alaska.
18/08/2025
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Con el reparto de Ucrania ya dado y bendecido entre EEUU y Rusia, y con una cumbre de paz en Alaska que tan sólo habrá sido un primer trámite para validar la extorsión ante la comunidad internacional (léase la Unión Europea) y ante el extorcido, que es Zelenski, quizá habrá quedado claro que la intención de Putin cuando entró dentro de Ucrania, el 24 de febrero del 2022, no era exactamente desnazificar la zona, como argumentó. Tampoco se trataba de realizar ninguna intervención quirúrgica en el Donbás para retirarse a continuación (durante meses, el Kremlin negó que hubiera una guerra entre Ucrania y Rusia). Se trataba de una invasión militar en toda regla, ante la que Ucrania se ha defendido como ha podido y sabido, con bastante más eficacia y determinación de lo que cabía esperar inicialmente, aunque haya sido para salir derrotada.

La lógica de esta invasión respondía a una diversidad de motivos, entre los que sobresalen los anhelos expansionistas de un Putin que hace tres años aparecía cada día en la prensa internacional como el nuevo Hitler, pero que ahora vuelve a ser un actor perfectamente normalizado, y con papel protagonista, en el teatro geopolítico. Es oportuno subrayar todo esto recordando a aquellos que, hace tres años, sostenían que no debía apoyarse militar en Ucrania porque eran "nazis". También afirmaban que Putin no debía ser demonizado porque representaba un contrapoder frente a EEUU, siempre imperialistas y malvados por naturaleza. Hoy, Putin es blanqueado por EEUU, concretamente por un presidente llamado Trump que se ha autoatorgado, en este conflicto, un papel arbitral que él interpreta desde el oportunismo y la cowboy diplomacy que tanto les gusta, a él ya sus secretarios de Estado. En cuanto a la relación con Putin, al presidente americano y al ruso les hacen chocar a veces sus egolatrías desmesuradas, pero están absolutamente de acuerdo en el antieuropeísmo y en la voluntad de desestabilizar a Occidente y las democracias liberales, con el objetivo de involucionar hacia un mundo autoritario, basado en posibles fronteras fuertes, basado en posibles fronteras puedan reforzar la hegemonía de EE.UU. y Rusia.

Es un planteamiento insuficiente, que descuida el papel decisivo que juega el área del Indopacífico en el escenario actual y en el futuro a corto plazo. Pero es el planteamiento del Kremlin y la Casa Blanca, que se reparten el territorio ucraniano, y sus recursos, mientras debilitan aún más a la OTAN y la Unión Europea con el asentimiento servil de dirigentes como Mark Rutte o Ursula von der Leyen. Referirnos a la irrelevancia de Europa se ha convertido casi en un lugar común, pero sería bueno preguntarse si esa irrelevancia no la tenemos demasiado interiorizada. Si no debemos poder exigirle más a una Europa que, en comparación con los gigantes, sabemos que siempre será pequeña. Pero esa pequeñez puede convertirse en una excusa, cuando el problema es también de falta de consistencia en cuanto a la vertebración política y los liderazgos de la UE.

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