Los tertulianos, los periodistas, algunos camareros me explican, porque tengo un maravilloso imán para las confidencias y aquello que los jóvenes llaman “un safa”, es decir, un cotilleo, el qué del caso Andic. Este caso que tiene un jurado popular gigantesco abierto las 24 horas. Somos todos nosotros y somos todos nosotros los que clamamos: “No me pidas la opinión sobre si es culpable o inocente, pídeme qué deseo que sea”. Es como si todos, todos deseáramos —porque ahora los crímenes ya son todos broma— que Jonathan Andic mató a su padre.
Toda esta gente que se mueve entre PRIs (Personas Ricas e Importantes) te susurra lo mismo: “Yo conozco a unas cuantas, que iban a la terapeuta...” Y las cuantas son esposas —sobre todo esposas— de magnates diversos. Es de imaginar, pues, que los magnates diversos quizás fueron interpelados para ir a hacer esta creativa terapia, que consiste en ir a un barranco con la persona que te engaña, que no te deja la herencia en vida, que te ignora, a pasar miedo. Yo me la imagino cara, la terapia, porque, si no, no pagas una millonada: lo que estás haciendo es una excursión, y una excursión no es suficiente de rico.
Conozco a un actor que trabaja en la escuela de Mossos d'Esquadra haciendo personajes, para que practiquen. Hace de manifestante que los quiere agredir, de ladrón que no se deja reducir... Un día, lo vivía tan intensamente que se rompió el brazo. Espero que ningún barranco de ninguna terapia extrema, con teatralizaciones, fuera el escenario de un accidente. Entiendo que estas terapeutas solo las tienen los ricachones y que la pobretería, cuando se tiene que recomendar a alguien, como mucho, se recomienda un fisio. Y porque está bien de precio.