Portada del diario iraní 'Jame-Jam' el día después de las nuevas sanciones anunciadas por Trump.
30/08/2026 - 21:02 h.
Escritor
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“Operación Parias Económico” es el título llamativo que han escogido Trump y su administración para nombrar su plan de ahogo económico contra Irán, que se anunció la semana pasada y que el mundo ha recibido con un global levantamiento de cejas. Muchos lo llaman “Operación Furia Económica”, en alusión irónica a la pomposa “Operación Furia Épica” que según Trump debía hacer caer el infierno sobre el régimen de los ayatolás. Es cierto que en la primera ofensiva EE. UU. e Israel consiguieron asesinar al líder supremo Ali Jamenei en un bombardeo. Pero después el régimen consiguió aguantar el golpe y Mojtaba Jamenei, hijo del finado, ha resultado ser un líder supremo con una determinación fanática tan dura como la de su padre (hemos leído recientemente en la New Yorker que su gobierno contrata asesinos extranjeros para liquidar a los críticos contra el régimen que hay esparcidos por el mundo). Este lunes hace quince días que se acabaron los sesenta días que EE. UU. e Irán se habían dado en junio para “acabar con la guerra”, de acuerdo con un llamado memorándum de entendimiento de catorce puntos, de los cuales no se ha cumplido ni uno. La guerra del Golfo de Trump ha constituido un fracaso, y el intento de estrangular a Irán mediante el bloqueo económico suena a pataleta y a gesto de desesperación. Más aún, cuando la citada “Operación Paria Económico” —que incluye un bloque de sanciones contra países que tienen relaciones comerciales con Irán— depende casi por completo de cómo se posicione China, compradora del 90 % del petróleo iraní, y desde Pekín ya se ha hecho notar que su respuesta puede ser dura en caso de que EE. UU. “haga extensivas de manera representativa” sus amenazas contra empresas chinas que comercien con Irán. A la espera de una nueva reunión entre Trump y Xi Jinping, la posibilidad de que la intemperancia del presidente norteamericano abra un nuevo enfrentamiento con la otra gran economía mundial es mal vista por todo el mundo. También por el electorado americano, harto de tener los combustibles y el precio de la vida por las nubes como consecuencia directa de la política exterior de Trump, tan belicosa y expansiva como errática y, en definitiva, contraproducente.Hace un año Trump presumía de haber acabado con siete u ocho guerras (según el día) y daba una murga inacabable para que le fuera concedido el premio Nobel de la paz. No lo obtuvo, pero sí que consiguió que su missus en Venezuela, María Corina Machado, se lo llevara como presente. A día de hoy al paquidermo naranja se le han bajado un poco los humos y tiene por delante —ahora, en noviembre— unas elecciones de medio mandato que le podrían costar el control sobre el Congreso. Un golpe así podría tener repercusiones interesantes en los trumpistas de todo el mundo: también en los entusiastas españoles de Trump, PP y Vox, que encaran el último año de legislatura como una especie de trampolín que les ha de impulsar a una victoria electoral que según ellos les fue escamoteada en 2023. Pero un revés electoral de Trump podría tener efecto también como revulsivo en Europa y en Latinoamérica.

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