Estas declaraciones de Pete Hegseth que recogen Núria Sala Ventura y Gerard Fageda, en las que el secretario de Guerra de la administración Trump (el cargo se llama, habitualmente, "secretario de Defensa", pero les gusta más llamarlo "secretario de Guerra", porque son muy patriotas y muy machos y han estudiado en universidades muy elitistas y la guerra les pone a tono) vuelve a criticar el escaso ardor guerrero de algunos países de la Unión Europea, parecen una caricatura. Pero no lo son: son las palabras del mismo Hegseth, tal cual. Según el secretario, estos países “en lugar de tanques y defensas aéreas, han puesto el foco en la igualdad de género, el cambio climático y la austeridad en defensa”. Imagínate: países que prefieren gastar dinero en preocupaciones reales (el machismo y la violencia de género es uno de los máximos problemas sociales, y la emergencia climática es un reto medioambiental que lo condiciona absolutamente todo) que en comprar tanques, tanto como lucen en los desfiles. Y en las guerras, aunque salgan tan rematadamente mal como el fiasco de los EE. UU. en Irán. De todas formas, esto no lo debe decir por España, que, a pesar de su postura contra la guerra de Irán y contra el genocidio en Palestina, incrementó espectacularmente su gasto militar en el año 2025. De hecho, España ha entrado en el club de los quince países del mundo con más gasto militar, y además lo hace con el incremento presupuestario más grande de todos estos quince, cerca de un 50%. Según el Centre Delàs d'Estudis per la Pau, España habría gastado unos 39.476 millones de euros, mientras que el SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) da la cifra en dólares: 40.211 millones. Aun así, los posicionamientos políticos de Pedro Sánchez, enfrentados a los del gobierno de Trump, hacen que España esté dentro de la lista negra de los países woke que no quieren viriles misiles, aunque gasten mucho más de cualquier cifra razonable.El razonamiento de Hegseth, en todo caso, es una de esas falsas disyuntivas que gustan tanto a la ultraderecha: según él, hay que elegir entre políticas de defensa y políticas, según él, inútiles, como las de género o las de cambio climático. Consigue parecer una caricatura, como decíamos, o mejor aún: consigue parecerse a sus imitadores. Si hubiera añadido a los inmigrantes a los gastos indeseables, las palabras de Hegseth podrían ser de cualquier trol de Aliança Catalana. Si añadiera también los fantasmagóricos chiringuitos del catalán, Hegseth podría pasar por uno de esos individuos que Vox tiene como portavoces. Los originales MAGA acaban teniendo semejanza con sus copias de provincias del imperio. Es porque todos navegan, y bucean, y se alimentan, dentro de las mismas aguas putrefactas. Un gobierno que juega a confundir los ochenta años de un presidente que se duerme en los actos públicos con el 250 aniversario de la proclamación de independencia, y lo hace con un espectáculo de puñetazos, sangre y vísceras, es el reflejo exacto de los que aquí quieren hacer prevalecer el odio de unos ciudadanos contra los otros, y la fealdad de su mal gusto.