Via Laietana, 43: una oportunidad perdida
La publicación en el Boletín Oficial del Estado de la declaración de Vía Laietana, 43 como Lugar de Memoria Democrática representa un hecho relevante. Por primera vez el Estado reconoce oficialmente que este edificio fue uno de los principales centros de represión política del franquismo en Cataluña. Es un paso que las víctimas y el movimiento memorialista han reclamado durante décadas.
Este reconocimiento, sin embargo, llega incompleto. La misma resolución que describe las torturas, la persecución política y el sufrimiento de miles de personas decide mantener intacto el uso policial del edificio. Es aquí donde aparece la gran contradicción: se reconoce el pasado, pero no se transforma el lugar donde este pasado se produjo.
Hace más de tres años el Ateneu Memòria Popular impulsó formalmente la petición para que Vía Laietana, 43 fuera declarada espacio de memoria. Aquella iniciativa fue seguida de escritos de impulso, alegaciones, informes académicos y una movilización sostenida de la Plataforma Vía Laietana 43. Hagamos Justicia. Hagamos Memoria. El resultado de este trabajo colectivo es también el reconocimiento oficial publicado hoy.
Pero la reivindicación nunca se ha limitado a obtener una declaración administrativa. Siempre ha sido mucho más ambiciosa: convertir íntegramente el edificio en un auténtico espacio público de memoria, dedicado a explicar la represión franquista, preservar los testimonios, promover la investigación, dignificar a las víctimas y educar a las nuevas generaciones en los valores democráticos.
Un memorial no es una placa. Un memorial no es un panel interpretativo. Un memorial es un espacio resignificado, liberado de los usos que representan la continuidad institucional del pasado represivo. Las grandes democracias han convertido los antiguos espacios de terror en lugares de memoria abiertos a la ciudadanía. Esta es la referencia internacional que deberíamos seguir.
Durante estos años, el Congreso de los Diputados, el Parlament de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona han aprobado resoluciones favorables a esta transformación. Muchos partidos han expresado reiteradamente su apoyo. Pero cuando ha llegado el momento decisivo la respuesta ha sido una solución de mínimos.
El problema no es jurídico. La misma ley de memoria democrática permite desarrollar políticas mucho más ambiciosas. Lo que falta es voluntad política. Falta el coraje de asumir que la reparación exige también decisiones simbólicas e institucionales profundas.
Este año, cuando se conmemoran cincuenta años de la muerte del dictador, el gobierno español tenía una oportunidad excepcional para demostrar que la memoria democrática es una política de Estado. Habría podido anunciar el traslado progresivo de la Jefatura y iniciar la creación de un gran centro europeo dedicado a la interpretación de la represión franquista. No lo ha hecho.
También los partidos políticos deben hacer autocrítica. No basta con aprobar mociones y declaraciones solemnes si después no se ejerce la presión necesaria para que los gobiernos cumplan los compromisos adquiridos. La memoria democrática necesita consenso, pero también determinación.
Las víctimas no reclaman privilegios. Reclaman coherencia. Reclaman que el lugar donde fueron torturadas deje definitivamente de tener la misma función institucional que simbolizó la represión. Reclaman un espacio digno, vivo, participativo y pedagógico.
Por eso la resolución publicada el viernes es, a la vez, un paso adelante y una oportunidad perdida. Es un avance porque reconoce oficialmente unos hechos que durante demasiados años fueron silenciados. Pero es insuficiente porque renuncia a culminar el proceso de reparación.
La sociedad catalana continuará reclamando un auténtico espacio de memoria en Via Laietana, 43. No por revancha, sino por democracia. No contra nadie, sino a favor de las víctimas, de la verdad y de las garantías de no repetición.
La memoria no es un ejercicio de nostalgia. Es una política pública orientada al futuro. Las sociedades que explican honestamente su pasado son las que mejor protegen los derechos y las libertades del presente.
Todavía estamos a tiempo. La declaración publicada el viernes no debería ser el punto final, sino el comienzo de una nueva etapa. Una etapa que exige valentía política, compromiso institucional y diálogo con las entidades memorialistas para convertir Via Laietana, 43 en aquello que siempre debería haber sido: un espacio íntegramente dedicado a la memoria, la justicia, la verdad y la reparación.