Fotografía publicada en la red social X por el director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, de la evacuación de tres pacientes sospechosos de casos de hantavirus del barco para recibir atención médica en los Países Bajos
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Periodista
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El brote de hantavirus del crucero holandés se ha detectado tarde y mal, y así estamos, buscando con urgencia pasajeros que estuvieron en contacto con los contagiados y contando casos de personas que se han aislado en Singapur o que están bajo vigilancia en Estados Unidos. Y el gobierno español no ha dado la mejor imagen de coordinación en una materia tan sensible.

Pero la situación no justifica la histeria política e informativa que el caso ha desatado. El gobierno de Canarias no quiere el barco, como si tener el barco en el muelle contagiase automáticamente a la población; Ayuso, no contenta con ir a México a provocar vestida de conquistadora, se pregunta por qué han de llevar afectados a Madrid (como si no tuvieran un hospital de referencia), y el PP va gritando “¡Esto es el caos!” por las esquinas.

Por favor, que estamos en un estado miembro de la Unión Europea, un país del Primer Mundo, capaz de tratar a los contactos y a los infectados, y que, además, viene de la experiencia reciente de una pandemia. Por lo que dicen los expertos, no hay riesgo de que el hantavirus sea un segundo coronavirus de alcance mundial. ¿Qué queremos, dejar el barco a la deriva? ¿Ganar cuatro votos a fuerza de alarmar a la población? ¿Y los medios quieren ganar unas décimas de audiencia a fuerza de hacer vídeos con música de catástrofes y voces de funeral para extender el miedo?

Hay un virus miserable, mucho peor que todos los virus reales, que es el de depredarlo todo sin que la gente importe nada, asustándola y reduciéndola a su condición más egoísta. Si la situación se complicase, las acusaciones y los catastrofismos no nos servirían de nada. O confiamos en las autoridades sanitarias o ya nos podemos ir encerrando en casa. Está dando mucha vergüenza, la verdad.

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