RELACIONES ESTADO-GENERALITAT
Política 29/06/2021

Una década de reuniones infructuosas

En los últimos diez años las diferencias por el Procés han marcado los encuentros entre presidentes que han acabado con resultados magros

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Una década de reuniones infructuosas

ARTUR MAS

De la sintonía inicial con Rajoy a la ruptura total por el 9-N

La primera reunión del president Artur Mas en la Moncloa fue la menos trascendente. En febrero de 2011, con un José Luis Rodríguez Zapatero asediado por la crisis y con el que mantenía una relación deteriorada desde la negociación del Estatut, todo quedó en un trámite. La cosa se pondría interesante justo un año después, cuando fue a visitar al nuevo inquilino del palacio presidencial, un Mariano Rajoy que trataba de evitar que España fuera intervenida. “Vivo en el lío”, le dijo el presidente del PP en la escalinata principal, en un ataque de franqueza interceptado por todas las cámaras presentes. “Yo también, yo también”, le respondió Mas. Solidaridad presidencial en tiempo de turbulencias. De todas las reuniones entre presidentes de la última década, es la que tuvo mejor sintonía. Mas gobernaba Catalunya con la ayuda del PP y se mostró abierto a apoyar las reformas que preparaban los populares en el Estado -la laboral y la ley de estabilidad-, que acabarían teniendo el voto de CiU en el Congreso. También le presentó el pacto fiscal que quería para Catalunya, pero sin mucha prisa para obtenerlo.

El punto de inflexión en las reuniones presidenciales llegaría en septiembre de ese mismo 2012. “No ha ido bien”, confesó Mas al salir. Rajoy confirmaba el portazo al pacto fiscal y el president catalán convocaría elecciones unos días más tarde poniendo rumbo definitivo hacia el soberanismo. Con el nuevo ciclo político catalán -el Procés-, la sintonía inicial ya no se recuperaría. Ni en las reuniones secretas -como la del 29 de agosto de 2013-, ni en la pública de julio de 2014. La consulta del 9-N era un muro insalvable entre las dos partes. En el encuentro de julio, sin embargo, Mas inauguraría una tradición que seguirían sus sucesores: llevar al presidente español una lista de demandas concretas para Catalunya -23 en ese momento- al margen del Procés. Un tren lanzadora entre Barcelona y el aeropuerto y el pago del adicional tercera del Estatut eran algunos ejemplos. No tendrían muy buena acogida.

CARLES PUIGDEMONT

Generalitat y Estado se convierten en dos trenes en rumbo de colisión

Si las relaciones Mas-Rajoy fueron deteriorándose poco a poco, cuando llegó Carles Puigdemont tampoco volvieron a levantar el vuelo. Y eso que en su primera cita en la Moncloa el 21 de abril de 2016 el presidente español intentó empezar con buen pie obsequiando al catalán con un facsímil de la parte de Don Quijote en la que el caballero visita Barcelona. “Tristemente, la reunión no ha ido bien”, explicaría Puigdemont después en una comparecencia en la sede de la delegación de la Generalitat. El president catalán había acudido a Madrid reivindicándose como “el primer president escogido por un Parlament con una mayoría independentista” y con el aviso de que solo un referéndum vinculante paralizaría la hoja de ruta que JxSí tenía entonces en la cabeza: un declaración de independencia en 18 meses. El portazo de Rajoy fue sonoro. Y eso que en esa época el resto de partidos estatales se peleaban para ofrecer una alternativa en Catalunya a la hoja de ruta soberanista. Pedro Sánchez ondeaba la reforma constitucional, Albert Rivera una nueva financiación y Pablo Iglesias un referéndum acordado. Rajoy no ofreció nada. Al margen del Procés, Puigdemont actualizó la lista de 23 demandas de Mas de 2014. Inversiones en Cercanías, respeto por la lengua catalana, deudas pendientes... hasta llegar a las 46, el doble. Rajoy aseguró que lo miraría.

Tampoco mejoró la situación cuando el encuentro fue secreto el 11 de enero de 2017. Las posiciones eran tan diferenciadas que, mientras que Puigdemont reclamaba un referéndum acordado, Rajoy replicaba que fuera a la conferencia de presidentes autonómicos de seis días después. Ni el catalán fue a la cumbre, ni el español se ablandó con la consulta. Ese día, en una comida discreta que no trascendería hasta el 22 de febrero, se puso el epitafio a la operación Diálogo que había iniciado el gobierno español con la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría al frente. La Generalitat y el Estado eran dos trenes en rumbo de colisión y así se confirmaría nueve meses más tarde con el 1-O.

QUIM TORRA

Ratafía, la fuente de Machado y un diálogo sin resultados

Quim Torra y Pedro Sánchez también se vieron en Madrid un par de veces. La primera, en julio de 2018, se recuerda por el paseo que dieron por los jardines de la Moncloa para ver la fuente donde el poeta Antonio Machado se encontraba con su amante, y también por la botella de ratafía que el presidente catalán regaló al español. Incluso consta que después de la reunión Sánchez se interesó por este licor y preguntó cuál era el mejor momento del día para degustarlo. No hubo grandes acuerdos, más allá del de activar las comisiones bilaterales Generalitat-Estado, que se reunirían por primera y última vez el 1 de agosto de ese año. Torra habló a Sánchez de autodeterminación y presos políticos, y el presidente español de diálogo dentro de la ley. Las dos partes, sin embargo, sí constataron cordialidad, una cuestión que antes de empezar no parecía tan fácil, puesto que unos meses antes Sánchez había tildado a Torra de “xenófobo” y de “Le Pen español”. No se volverían a ver en el palacio presidencial hasta la primera y única reunión de la mesa de diálogo, el 26 de febrero de 2020. Todo el mundo salió satisfecho ese día de hacer sentar a los dos gobiernos a ambos lados de una mesa para dialogar, pero no tuvo continuidad. Primero la pandemia y después las excusas de ida y vuelta enterraron la mesa de negociación, que ahora Sánchez y Aragonès tendrán que reavivar.

A pesar de los magros resultados, Torra consiguió una cosa nueva respecto a sus dos predecesores: que fuera Sánchez quien fuera a Barcelona. Primero en diciembre de 2018 en el Palau de Pedralbes en el famoso duelo sobre si las ponsetias de la foto presidencial tenían que ser amarillas -como quería la Generalitat por los presos políticos- o rojas, como quería el gobierno español. Torra lo aprovechó para reactualizar la lista de 46 demandas de Puigdemont. El 6 de febrero de 2020 Sánchez visitaría el Palau de la Generalitat para forjar las bases de la mesa de diálogo que se convocaría unos días después. Dos encuentros en Barcelona y dos en Madrid, pero la misma falta de acuerdos concretos.

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