El dilema del PP: ¿cómo frenar a Vox?

Los populares consideran que la extrema derecha acabará desgastando si entra a gobernar

Madrid / Barcelona / Palma / ValenciaEn el congreso que el PP celebró justo el pasado julio, Alberto Nuñez Feijóo hizo un llamamiento al conjunto de la derecha a cerrar filas detrás de él para conquistar la Moncloa. Desde el centro moderado a la extrema derecha, pero todos alrededor de una fuerza política, los populares, para echar a Pedro Sánchez. Ahora bien, medio año después de ese cónclave, el PP se ve abocado a matizar el discurso, ya que el ciclo de elecciones encadenadas que él mismo ha ideado ha evidenciado que no pueden tocar poder sin Vox. En este sentido, las elecciones aragonesas del pasado domingo, donde el PP perdió dos escaños, han abierto una reflexión en Génova sobre cuál debe ser su relación con la extrema derecha. Un análisis que estará condicionado por cómo avanzan las negociaciones en las autonomías y que se inició en la junta directiva que presidió Feijóo el lunes en Madrid, en la que pidió "responsabilidad" a Vox. Este viernes, en la presentación de su candidatura a Castilla y León, Alfonso Martínez Mañueco, llevaría el tono contra la extrema derecha: "Las condiciones las ponemos nosotros".

Fuentes del PP consultadas por el ARA recuerdan que el dilema que tienen con Vox se trata del mismo que tiene toda la derecha tradicional en Europa. Desde los alemanes de la CDU, que han decidido realizar un cordón sanitario en la extrema derecha, hasta los austríacos, que los han incluido en la coalición de gobierno. "El cordón sanitario se ha demostrado que no funciona", opina tajante un dirigente del PP desde Madrid, que siempre ha sido reacio a esta estrategia porque los populares, por ejemplo, fueron víctimas antes en Catalunya. A su juicio, y reconociendo la dificultad de hacer frente a este tipo de "populismo", desde el PP se decantan por propiciar que Vox coja responsabilidades de gobierno y se vean obligados a asumir contradicciones. "Vox se beneficia de la inestabilidad, tiene un voto de protesta", analiza esta fuente. Por eso defiende que la forma en que empiecen a deshincharse es que gestionen.

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"No hay una causa efecto entre pactar con Vox y su crecimiento", subraya, por otra parte, una fuente del PP valenciano. "Es una evidencia empírica de que los partidos populistas sufren un desgaste cuando gobiernan", añade una voz del PP balear. Hace mes y medio, el presidente andaluz, Juanma Moreno Bonilla, hacía el mismo diagnóstico: "Vox sólo empezará a bajar cuando entre en los gobiernos y asuma responsabilidades porque entonces sufrirá el desgaste de comprobar que sus políticas no son viables". Mientras el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, decía: "Sus políticas fueron un fracaso, a veces sonoro, y salieron corriendo. Lo difícil es entrar en el gobierno y gestionar con eficacia", sostuvo en un acto de La Razón.

De hecho, Vox está disparado en las encuestas desde que en el verano del 2024 salió de todos los gobiernos autonómicos escudándose en la política migratoria del PP. "Hay que aceptar que les ha ido bien, porque gobernar es complejo y es un ejercicio de madurez política", admitía Feijóo hace un mes en una entrevista en Servimedia. Pero advertía a Abascal: "Cuando un partido se presenta para no gobernar, no tiene autorización para impedir que nadie gobierne". ¿Por qué, pues, Vox está ahora reclamando entrar en el gobierno de Extremadura y Aragón? Un dirigente consultado interpreta que están poniendo el nivel de exigencia muy arriba –piden Interior, política migratoria o agricultura– porque saben que el PP no va a ceder cuotas de poder tan importantes: "Solo quieren crear el caos y beneficiarse electoralmente de la antipolítica", opina.

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Pese a las conversaciones abiertas con Vox a escala autonómica, Génova reitera que el compromiso de Feijóo es gobernar en solitario y evitar una coalición tras las elecciones españolas. "No me consta ningún cambio", dejan claro fuentes del entorno del líder del PP. Y trazan una frontera entre las dos escaleras: "El ámbito autonómico es distinto". Ahora bien, la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, es plenamente partidaria de tender puentes con la extrema derecha: "Cometemos un error imperdonable si no somos capaces de acoger la oportunidad que nos están dando los españoles, no podemos defraudarlos".

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Riesgo de repetición de elecciones

Los propios consultados reconocen al ARA que no tienen claro que puedan desbloquear las investiduras en todas las autonomías. Ante esta situación, también hay dirigentes que abogan por repetir elecciones si la extrema derecha "pide cosas que no se pueden cumplir". Esto implicaría decir públicamente que el partido de Santiago Abascal no les deja gobernar y que "hay que plantarse" ante la "pinza con el PSOE". En este sentido, esta fuente critica con dureza que se invitara a Vito Quiles al final de la campaña aragonesa. Una presencia que el número dos del partido, Miguel Tellado, celebró elogiando la "gratitud" de miles de españoles por la "valentía" del agitador ultra, uno de los que boicotea las ruedas de prensa del Congreso.

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Otro dirigente popular alega que los comicios dejan claro que "hay que pactar con Vox", pero sin que "imponga todo su programa" y sitúa los límites en la ley y la Constitución. Y otra fuente constata que Santiago Abascal "se alimenta de gente de izquierdas harta del descontrol migratorio". De hecho, un cargo del PP en Madrid recuerda que Vox ha dado un giro que se aleja de ellos: si al inicio era una especie de escisión del PP con gente ultraconservadora o neoliberal, ahora han tomado una pátina falangista, antiliberal y obrerista.

Los matices territoriales

Las líneas maestras de la relación con Vox las marca Génova, pero existen matices relevantes entre varones del PP. Se podría decir que si bien María Guardiola es de las dirigentes más reacias a pactar con la extrema derecha –ya se opuso en el 2023 pese a tener que comer después el sapo–, en la Comunidad Valenciana Juanfran Pérez Llorca representa el otro extremo. La propia Guardiola esta semana admitía que preferiría una abstención del PSOE a una coalición con Vox –después de que Ignacio Garriga anunciara el no rotundo para la primera vuelta–, pero seguidamente se echaba atrás.

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Fuentes del PP valenciano defienden la necesidad de entenderse con Vox, pero también alertan de la "necesidad de entender las distintas circunstancias" de cada autonomía y no intentar aplicar el mismo patrón a todos los territorios. "Es muy difícil sellar un acuerdo con el que no te llevas", resumen sobre el caso extremeño.

Donde también tienen un intercambio tensante es en las Islas Baleares: el PP le ha querido parar los pies a Vox con el catalán. Si el partido de extrema derecha entrase en el Gobierno, haría saltar por los aires la estrategia de Marga Prohens de marcar un acento regionalista, lo que considera clave para mantener a la mayoría parlamentaria. Además, fuentes del partido de Vox advierten que ya saben qué preguntarían si tuvieran la fuerza negociadora suficiente: la conselleria de Educació, desde donde podrían atacar el catalán en las aulas. Fuentes del ejecutivo balear llaman a la calma: "Falta año y medio para las elecciones, los resultados de Aragón no nos pondrán nerviosos".