Extrema derecha

El estómago de María Guardiola

María Guardiola vota en un colegio electoral en Cáceres
Act. hace 16 min
Jefe de Política
3 min

BarcelonaPor mucho que ahora arrupe la nariz cuando se le pregunta por una posible reedición del pacto con Vox, Alfonso Fernández Mañueco fue el primero barón popular a abrazarse a la extrema derecha. Corría el año 2022, Alberto Núñez Feijóo acababa de llegar a la presidencia del PP, y los populares aún hacían esfuerzos por presentar a Vox como un partido al que no se podían confiar tareas de gobierno. Feijóo presionó internamente contra el pacto en Castilla y León pensando que le interesaba mantenerse desatado de la extrema derecha cuando llegaran las elecciones generales. Pronto, la dependencia absoluta de Vox le obligó a modificar su estrategia.

Un año después, a Carlos Mazón le costó aún menos situar un torero que exaltaba el franquismo de vicepresidente de la Comunidad Valenciana. Y, pese a ausentarse de la foto oficial, en Aragón Jorge Azcón se entendió sin demasiada resistencia con Alejandro Nolasco, como tendrá que volver a hacer en las próximas semanas. En Madrid, Isabel Díaz Ayuso gobierna con mayoría absoluta, pero ha evidenciado que, si la perdiera, no se le caerían los anillos para pactar con Vox. Al igual que Alejandro Fernández en Catalunya, aunque él es difícil que llegue a tener las riendas de la Generalitat. ¿Qué les diferencia a todos ellos de María Guardiola?

Como en todos los partidos grandes, en el PP conviven matices ideológicos y diferentes estilos de hacer política. La presidenta de Extremadura, como ocurría con Feijóo en su día en Galicia, representa el ala moderada del partido, aquella a la que aún se remueve el estómago cuando tiene que negociar con la extrema derecha (Feijóo ya hace tiempo que lo ha superado). Por eso, de momento, las negociaciones en Extremadura no avanzan. Vox lleva tiempo diagnosticando la solución: cambiar de candidata. Pero ese nivel de sumisión es hoy por hoy inasumible para el PP, que confía en que en algún momento se desbloquearán las negociaciones, como ya ocurrió en el 2023, cuando Guardiola cedió in extremis, incorporando a su gobierno aquéllos que diez días antes se había comprometido a dejar fuera.

Los moderados

El estilo de Guardiola se puede asimilar, por ejemplo, al de la presidenta balear, Marga Prohens, una de las pocas que hasta ahora se ha salido con la suya: Vox nunca ha entrado en el gobierno de las Islas, aunque está condicionando las políticas como socio imprescindible en el Parlament. También se asemeja a la forma de gobernar de Juanma Moreno Bonilla, a quien la mayoría absoluta de los últimos cuatro años en Andalucía ha permitido no cargar con la pesada mochila de la extrema derecha, pero que ya vivió la experiencia de tenerla de muleta parlamentaria en su primer mandato. Vox ha decidido que quiere entrar en todos los gobiernos autonómicos y sabe con quién le va a ser más fácil pactar y quién le va a dar más problemas. Y lo aprovechará: ofreciendo propuestas similares contra la inmigración, contra los impuestos o contra el feminismo, evidenciará las discusiones internas en el PP.

En los últimos días, la dirección popular se ha ido envolviendo sobre si prefería una abstención del PSOE o seguir negociando un gobierno con Vox, ante las altas pretensiones de los interlocutores. ¿Se atreverán los populares a repetir elecciones para no caer en lo que algunos consideran chantaje de los de Santiago Abascal? Es improbable que Feijóo asuma ese nivel de riesgo cuando en las últimas citas electorales precisamente se está demostrando que el PP no solo no está capitalizando el bajón del PSOE, sino que está viendo cómo se estrecha el yugo de la extrema derecha. Guardiola ya puede ir preparando altas dosis de bicarbonato para no hacer sufrir tanto al estómago.

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