Análisis
Política 13/07/2021

Iván Redondo, el enigma del 'arte de lo que no se ve'

Pedro Sánchez prescindió de su gurú al contar con Félix Bolaños para satisfacer las presiones del PSOE

3 min
Félix Bolaños, en una imagen de archivo

Madrid¿La salida de Iván Redondo del gobierno ha sido voluntaria o el resultado de un envite para el cual el gurú no obtuvo el apoyo de Pedro Sánchez? En otros términos, ¿el presidente del gobierno le dejó perder el partido ante un aparato del PSOE que hubiera considerado casus belli el eventual ascenso de Redondo al ministerio de la Presidencia? Este se ha convertido en el enigma de una crisis de gobierno real que intenta recuperar la iniciativa política después de fracasos estrepitosos (moción de censura de Murcia y derrota catastrófica el 4-M), con el objetivo de afrontar la última parte de la legislatura.

Una legislatura en la que el PSOE lo tendrá difícil en al menos en dos importantes elecciones autonómicas antes de las generales de 2023: Andalucía, teóricamente en noviembre de 2022, y, nuevamente, las de Madrid, en mayo de 2023. Redondo, según fuentes fidedignas, se sentía con ánimo y entusiasmo para abordar los dos años que quedan de legislatura y las citas electorales previas antes de las elecciones generales de 2023. Pero en diferentes condiciones. En lugar de seguir en su puesto de director de gabinete del presidente, se veía Redondo como ministro del nuevo gobierno.

Los dirigentes de la ejecutiva del PSOE han criticado sistemáticamente a Redondo y al presidente del Gobierno por contar con él. Han definido al gurú como un vendedor de humo que se ha apropiado de todos los éxitos y que ha negado su responsabilidad en los fracasos. Por ejemplo, esos dirigentes cuestionan, para empezar, la “venta” que Redondo ha hecho de la moción de censura que llevó a Sánchez a La Moncloa en 2018. Y le culpan, para terminar, de la moción de censura fallida de Murcia y de la derrota espectacular del PSOE en Madrid el 4 de mayo de 2021. Ese desastre, precisamente, ha propulsado al PP en las encuestas y ha proyectado el espectro de una reválida de la derecha en las elecciones autonómicas de Andalucía cuando toquen. La sentencia sobre los recursos de casación de los ERE en el Tribunal Supremo, prevista para 2022, convertirá muy probablemente el escándalo del PSOE en sentencia firme como antesala de esas elecciones. 

El cese de Calvo

En este contexto, Sánchez comenzó a estudiar cómo recuperar la iniciativa con un cambio de gobierno. Υ en ese cambio, lo que tenía claro era el cese de la vicepresidenta primera Carmen Calvo. Tanto su intervención en temas judiciales –propuesta de nombramientos de personas próximas, o la gestión del pazo de Meirás–, como su pelea con la ministra de Igualdad Irene Montero –a la que Sánchez finalmente respaldó en la aprobación de la ley trans– terminaron por persuadir al presidente de que necesitaba a una persona como mínimo más organizada. 

La salida de Calvo catapultó la idea de Redondo de saltar al ministerio de la Presidencia. Redondo, pues, según esas fuentes, se ofrecía para responder al principal cargo del aparato del PSOE contra él, a saber, que era un experto en marketing carente de criterios ideológicos e incapaz de tener una proyección política.

Pero Sánchez ya tenía candidato para el puesto de Calvo. Porque se había apoyado en él para compensar las limitaciones y ambigüedades de la vicepresidenta. Era el secretario general de la Presidencia, Felix Bolaños, un hombre de su máxima confianza… y de la confianza del PSOE. Redondo tenía la solución: Bolaños podía sustituir a Juan Carlos Campo como ministro de Justicia. Sánchez iba a cesarle.

Pero esa alternativa no era lo que el presidente necesitaba. Sánchez quería un numero dos. Aunque formalmente lo sería Nadia Calviño como vicepresidenta primera, el vicepresidente político de facto, el número dos, sería Bolaños, sin ostentar el cargo de vicepresidente. 

El arbitraje de Pedro Sánchez entre un Redondo que proponía lanzarse al ministerio de la Presidencia, y la ejecutiva del PSOE, a la que ya tolerar el puesto de director de gabinete se le hacía cuesta arriba, ha consistido, pues, en dejarle perder el partido. ¿Mantenerle en el mismo puesto de director de gabinete después de negarle la aspiración de ser ministro de la Presidencia y habida cuenta del ajuste de cuentas pendiente de la fallida moción de Murcia y la catástrofe de Madrid? Ya no era posible.

La sustitución de Redondo por un hombre del aparato como Óscar López, del equipo de Pepe Blanco, es elocuente de las necesidades que Sánchez identificó para los próximos dos años y medio. Sánchez cuenta, por tanto, con un número dos, Felix Bolaños, que ya le dio pruebas de su eficiencia: la negociación relámpago del gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos con Ione Belarra; el traslado de los restos de Franco; el seguimiento de las negociaciones para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ); la revisión de los indultos; y otros. En cuanto a Redondo, fuentes consultadas por ARA no sitúan su futuro en la política sino en el mundo de la empresa 

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