Usted cuándo fue presidente de la Generalitat?
San Fernando de HenaresLa última vez que hubo una expectación similar en San Fernando de Henares fue el 24 de noviembre del año pasado. Una multitud de periodistas esperaba desde primera hora de la mañana con un frío glacial la llegada de la familia Pujol. Era el día que comenzaba lo que se ha bautizado como el juicio de la década, aunque después de aquella jornada el foco mediático no ha vuelto a ser el mismo. En Madrid los comentarios en las tertulias han sido mínimos en los últimos meses y el juicio no ha abierto portadas ningún otro día que no fuera el primero. Hasta este lunes 27 de abril, donde volvía a haber más o menos los mismos periodistas, esta vez pasando calor y con la máxima expectación por la decisión ampliamente incomprendida del presidente del tribunal, Ricardo de Prada, de hacer ir presencialmente a Jordi Pujol a la capital española. "Ha descubierto el mar Mediterráneo", ironizaba un letrado, cuando han decidido excluir de la causa al expresidente por incapacidad.
Para situar al lector, San Fernando de Henares es un municipio que limita al oeste con Madrid, de unos 40.000 habitantes y cuyo polígono industrial acoge una de las dependencias de la Audiencia Nacional. Es la sede donde se hacen los macrojuicios como este, en el que hay una veintena de acusados entre todos los hermanos y empresarios. Es fácil imaginarse el ambiente: por fuerza, familiar, con hermanos compartiendo banquillo de los acusados.
Voluntariamente sin imagen
Pujol se ha acercado a la Audiencia en un coche Seat gris, con los cristales tintados, y ha pasado por delante del cúmulo de periodistas que hacía guardia ante la puerta del parking. Ninguna cámara ha podido captar la imagen del expresidente más allá de la escena del coche, ya que así lo han pactado sus escoltas y el equipo de seguridad de la Audiencia Nacional: ha entrado directamente dentro, donde le esperaba el médico forense, para examinar sus condiciones físicas y mentales, y después comparecer ante el tribunal. Una secuencia que desde la semana pasada sus hijos se han esforzado en explicarle: "Dos partes, padre: primero un examen forense, y después el de capacidad".
El expresidente salió de Barcelona este domingo alrededor de las dos del mediodía, con una comitiva de hijos –el mayor no, que ya estaba en Madrid– y llegó a la capital española antes de cenar. Se subió al coche ensimismado y salió del coche ensimismado: no acababa de entender por qué, de nuevo, un examen médico. Eso sí, voluntariamente, ni él ni la familia quisieron presentar ningún informe más para evitar el desplazamiento a Madrid, a pesar de que no han sido pocos los que le sugirieron hacerlo. "Llevadlo a urgencias, decid que se encuentra mal...". No han hecho eso: Pujol ha decidido presentarse y, además, decirle al forense que quería declarar. Quería acabar yendo de cara.
Un ambiente distendido pero tenso
El panorama era, cuando menos, peculiar. Mientras el médico examinaba a Pujol en privado, todos los hijos del expresidente, empresarios, periodistas y letrados esperaban en el hall de la Audiencia. Después de meses compartiendo sala, todo el mundo ya se lo sabe todo de todo el mundo. El abogado de Mercè Gironès es aficionado a la magia y deja alucinados a los letrados cuando hacen cenas; uno de los empresarios pincha a Josep Pujol por llevar los pantalones demasiado altos; un letrado explica que lleva la corbata de las ocasiones especiales: la de 1983, cuando se colegió. Y hay otro que bromea que lo más determinante de su carrera ha sido ser del Español.
En otro rincón, más serios, Jordi Pujol Ferrusola repasa lo que parece su declaración ante Cristóbal Martell. Todos saben que no les tocará enfrentarse este lunes a las preguntas de la Fiscalía y que solo actuará él. Es sobre el hijo mayor de los Pujol y sus negocios que gira toda la causa y, el resto, tanto empresarios como hermanos, son protagonistas secundarios que van apareciendo en el decorado. "Estamos nerviosos", admite un miembro de la familia. "Por fin os podréis defender", añade su entorno. El ambiente parece distendido, pero no lo es: en realidad todos los hijos sufren por lo que pasará con el expresidente Pujol. También sufren los abogados, ya que saben que el expresidente quiere declarar a pesar de no estar capacitado y eso les alteraría y mucho su guion.
La puerta cerrada
El análisis del forense, sin embargo, es ortodoxo y, cuando llega el turno del tribunal, los magistrados le hacen a Pujol desde las preguntas más sencillas a las más complejas para valorar si realmente sabe de qué se le acusa y puede declarar. ¿Cuándo fue presidente de la Generalitat? "Del 1980 al 2003", contesta el expresidente sin dudar. ¿Es consciente de lo que se le acusa y a qué se enfrenta? Y es aquí donde empieza a divagar y a hablar de política y de la Generalitat... porque él, explica, hizo mucho por Cataluña y también colaboró con España. No se abstiene tampoco de hablar de valores y de cristianismo; la religión, muy presente siempre a lo largo de su vida.
Pujol se va de la Audiencia Nacional exonerado y por donde había entrado. Pone punto final a la causa judicial acompañado de una oleada de empatía de una parte relevante de la sociedad catalana –desde sus herederos políticos a sus principales competidores–, lo que significa que, a pesar de la sombra de sospecha, la restauración de su figura casi es completa. Ahora bien, él sabe que, en realidad, nada acaba: dentro de la sala deja a todos sus hijos, que tendrán que enfrentarse al tribunal ahora sin el amparo de lo que significa su padre.