Sánchez opta por: "Es la economía, estúpido"
MadridEl curso de los acontecimientos durante las últimas semanas afianza la idea de que todavía nos queda un buen camino por recorrer en la legislatura actual. Hace una temporada que el protagonismo informativo ya no llega cada día de la mano de decisiones judiciales negativas para el gobierno. Además, Sánchez continúa cogiendo aire con su política de crítica directa a la actuación de los Estados Unidos e Israel que ha llevado a incendiar Oriente Medio. Los cambios en el consejo de ministros también han vuelto a proporcionar a los socialistas un paréntesis, con la atención centrada en Carlos Cuerpo, nuevo vicepresidente primero, que se ha ido convirtiendo en un símbolo por su carácter tranquilo y dialogante. Es como decir que otro tipo de práctica política, diferente de la que estamos acostumbrados, es posible.
El decreto para hacer frente a las consecuencias de la guerra de Irán ha servido, en paralelo, para que en cierta manera se recupere el pacto entre los principales partidos que permitieron el inicio de la legislatura, aunque el PSOE no hubiera sido la formación más votada. El PP continúa sin acabar de encontrar la tecla que pueda hacer más creíble la posibilidad de llegar a la Moncloa en función de los resultados de las próximas elecciones generales. Su proyecto es una alianza con Vox. Pero aunque los números se lo permitieran, un acuerdo de este tipo sería insuficiente para garantizar una etapa de estabilidad política. No es fácil de entender por qué los populares no hacen ningún intento de aproximación a Junts, ahora que este partido ha dejado de sufrir por la posibilidad de salir perjudicado por sus votaciones parlamentarias que coinciden con las de los populares y de la extrema derecha.
En cualquier caso, los junteros están demostrando un sentido práctico que no siempre habían exhibido durante los últimos años. Lo demuestra su apoyo al gobierno en la votación sobre las medidas para paliar los efectos de la guerra de Irán. A pesar de ello, Sánchez no tiene garantizado el voto de Junts por otras cuestiones. Los socialistas no pueden estar seguros de que los de Puigdemont mantengan una actitud de colaboración. Y menos aún teniendo en cuenta que la plena aplicación de la ley de amnistía no acaba de llegar nunca. El PP tendría en este escenario una posible oportunidad para aproximarse a una formación con la que deberá contar en el futuro si Feijóo consigue pasar el filtro de un debate de investidura. Ya sabemos que la presencia de Vox en un gobierno será un grave inconveniente para este tipo de acuerdos, pero los populares no podrán permitirse el lujo de no tener una política propia para Cataluña.
Vox juega con fuego
Vox, por su parte, está jugando con fuego. Es noticia constante por las luchas y peleas internas. Tiene toda la lógica que Abascal quiera desprenderse de Javier Ortega Smith, un político que genera conflictos a dondequiera que va. Pero es menos comprensible que no haya podido entenderse con Iván Espinosa de los Monteros, un personaje mucho más preparado y versátil. Los de Vox no acaban de saber interpretar los recientes resultados electorales. Demasiada euforia por el ascenso y mucho juego de pasatiempos.
De momento está por ver cómo administrarán los votosRecaudados en Extremadura, Aragón y Castilla y León, si realmente habrá coalición y cómo irá esta vez la convivencia. Siempre me ha costado creer que España pueda tener una evolución similar a otros países, de Europa y de América –del norte y del sur–, donde la extrema derecha ha alcanzado el poder o es determinante para ejercerlo.
El gran reto de Feijóo todavía es el de conseguir deshacerse del peso de Vox. En Valencia, el PP ha comprado su discurso y la contradicción de los populares continúa siendo que necesitan pactar con una formación a la que querrían ver reducida a la mínima expresión. El caso más flagrante es el de la presidenta extremeña, María Guardiola, que ha sufrido con más intensidad que su homólogo en Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, una primera fase de gobierno compartido con las tropas de Abascal.
La mina de la hemeroteca
El drama para Feijóo es que obtiene unos beneficios electorales que después no puede o no sabe invertir para obtener la rentabilidad correspondiente. El PP vuelve a estar convencido de que la próxima oportunidad será la buena, la definitiva, como lo estaba en 2023, y se quedó al pie de la escalera. Pero cuesta ver un clima claramente a favor de un cambio inminente. Sobre todo en los momentos clave de los debates parlamentarios. Que el “No a la guerra” de Feijóo sea un “No a la guerra y a usted”, esto último referido a Sánchez, no es una frase de un gran valor efectista. El presidente del gobierno español, en cambio, tiene una mina a su disposición que tira de hemeroteca y de archivo gráfico, con Aznar en la famosa residencia texana del presidente norteamericano, George Bush, en la época de la invasión de Irak.
El mejor hallazgo de Pedro Sánchez en esta etapa es, en todo caso, el de Carlos Cuerpo, el hombre que se ha hecho grande en parte gracias a los ataques que ha ido recibiendo de la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. El día que la líder de Sumar dijo del nuevo vicepresidente del gobierno que había que ser mala persona para no aceptar la reducción de la jornada laboral, le hizo un gran favor. Sobre todo porque él supo reaccionar poniendo cara de sorpresa y con una sonrisa.
El nuevo vicepresidente
Cuerpo és la política con anestesia, un hombre que recuerda al célebre señor Hulot, el personaje cinematográfico creado por Jacques Tati, que lo removía todo y no se asustaba por nada. Pero no se dejeé engañar. Este hombre sabe muy bien por dónde camina y hacia dónde va. Es el colaborador que ahora necesitaba Sánchez. Su antecesora, la vicepresidenta María Jesús Montero, que ha partido a la improbable conquista de Andalucía, le ha dejado bien crudo el asunto de la financiación autonómica.
Cuerpo supervisará la tarea que llevará a cabo el nuevo titular de Hacienda, Arcadi España, sobre este capítulo. El reto es sacar el acuerdo de la nevera. La propuesta de financiación singular para Cataluña reposa en el congelador. Todo acompañado por medidas económicas para hacer frente a las consecuencias de la guerra, tratando de mantener la orientación socialdemócrata como filosofía del gobierno. En definitiva, otra vez el recurso al famoso lema de Bill Clinton para ganar a Bush: “Es la economía, estúpido”. La lástima es que según el Banco de España podemos llegar a una inflación del 6% si la guerra se alarga.