Ruido
Sociedad  /  Barcelona 05/08/2022

Los botellones y el alboroto en el Triángulo Golfo se mantienen a pesar de las medidas contra el ruido

La zona acústicamente tensionada del Poblenou no cumple las restricciones horarias y la fiesta en la calle se alarga hasta la salida del sol

Mar Bermúdez i Jiménez
3 min
Una tienda de alimentación de la calle Álaba del Poblenou, que no ha cerrado a las diez.

Barcelona"Hola. Perdona, ¿a qué hora cierras?" Son las diez y media de la noche. "A las doce, pero alcohol vendo hasta las once". Es un jueves de agosto en Poblenou, en la zona del llamado Triángulo Golfo, el área situada entre la Meridiana y las calles Tànger, Llacuna, Pallars, Badajoz, Pujades y Marina, que concentra varios locales de ocio. La fiesta todavía no ha empezado y hay poca gente. Este es el primer jueves en el que ya están en vigor las nuevas medidas contra el ruido. "En un par de horas ya verás el ambiente", comenta un tendero de la zona. El Triángulo Golfo es ahora una ZATHN (zona acústicamente tensionada en horario nocturno) y, como tal, el Ayuntamiento de Barcelona anunció en julio una serie de medidas para revertir la contaminación acústica y garantizar un "sueño de calidad" a los vecinos. Entre las medidas aprobadas está el cierre de las tiendas de alimentación a las diez de la noche.

Algunas tiendas del Triángulo Golfo de Poblenou cerradas por las nuevas restricciones horarias.

Observando la zona se ven varios establecimientos cerrados. Algunos apenas bajan la persiana después de hacer las últimas ventas. "Esto está muy mal", espeta un tendero mientras cierra. Sin embargo, los que cierran son pocos, mientras que una gran cantidad se mantienen abiertos. Entre las once y las doce de la noche empieza la presencia de la policía, que pasa repetidas veces por la puerta de las tiendas abiertas sin actuar. Es también la hora del cierre de las terrazas y los restauradores aprovechan para bajar algunas persianas y recoger un par de mesas mientras invitan a los clientes, eso sí, a sentarse dentro, persiana cerrada, para seguir la fiesta.

Poco a poco las calles se animan, los jóvenes llegan y reservan su trocito de acera con bolsas de plástico donde llevan la bebida que les servirá para empezar la fiesta. Delante de los bares más emblemáticos, en la calle Pere IV con calle Àlaba, la fiesta está servida hacia la una de la madrugada. Muchas tiendas siguen abiertas y los jóvenes las aprovechan para comprar el alcohol del botellón. "Estos súper han evitado más de un coma etílico", afirma una chica, que explica que poder comprar comer a altas horas de la noche puede ser útil para evitar problemas con la bebida. "Yo compro mucho si no hay nada más abierto. ¡Que no cierren!", comenta otro.

La fiesta se alarga hasta la mañana

A la una y media, la calle ya está llena de grupos de jóvenes vestidos para la ocasión que calientan motores para entrar en las discotecas de la zona. Razzmatazz celebra hoy la fiesta Mandanga y ha agotado entradas. También Wolf y Merlín ofrecen salas con música hasta que salga el sol. Las puertas de los locales de ocio nocturno hace poco que han abierto y hay que hacer tiempo antes de entrar. La presencia de la Guardia Urbana en la zona es constante, pero ninguna patrulla se dirige a los tenderos que siguen aprovechando la fiesta para hacer ventas, ni tampoco dicen nada a los jóvenes, que todavía llegan al mítico cruce de la calle Pere IV con calle Àlaba para hacer la previa. Lo que a las diez era un silencio tranquilo para ir a dormir, a las tres es ajetreo y fiesta gorda. Esta marabunta, aseguran jóvenes, tiendas y vigilantes de algunos bares, será así hasta la mañana. Poco a poco se va trasladando hacia las puertas de las discotecas, pero la calle seguirá con ruido de grupos bebiendo, cantante y gritando.

Tamara Vázquez, de la asociación SOS Triángulo Golfo, explica precisamente esto: "El supermercado delante de mi casa sigue cerrando a las 00 h y no tengo constancia de que el resto lo hagan antes". En cuanto al ruido, asegura que todavía no han notado ningún cambio con la entrada en vigor de la restricción horaria. En las dos noches que ha estado en vigor la medida del cierre de las tiendas 24 horas a las diez, parece que son bien pocos quienes la cumplen y, sea como sea, el ruido sigue siendo una realidad.

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