HORITZÓ ELECTORAL
Sociedad 23/01/2021

“Estar en una mesa es vivir con miedo los 15 días siguientes”

Los miembros designados, sean presidentes, vocales o suplentes, tienen siete días para intentar esquivar la citación

Cesc Maideu
4 min
Dos membres d’una mesa electoral a la localitat basca de Durango durant les eleccions del juliol de l’any passat.

BarcelonaLos comicios del 14-F siguen en pie, y esto significa que la maquinaria electoral que tiene que permitir que haya mesas, papeletas y urnas tampoco se para. El miércoles tuvieron lugar los sorteos de mesas y ayer se empezó a entregar, puerta a puerta, la notificación a las personas seleccionadas. Solo unas horas después, las juntas electorales de zona (JEZ) ya habían recibido decenas de alegaciones de ciudadanos que intentaban esquivar el trance. 90 personas presentaron excusas a la JEZ de Sabadell en solo 24 horas. 30 personas lo hicieron a la JEZ de Puigcerdà y 20 en Tarragona. Consultadas por el ARA, la mayoría de juntas electorales esperan que haya un récord de alegaciones, puesto que la pandemia pone a los miembros de las meses en una situación delicada.

No todo el mundo vive del mismo modo este trámite: a algunos les da respeto, a otros incluso miedo, y los hay que confían en las medidas de seguridad. “Iremos protegidos, no creo que pase nada”, argumenta Pau Batlle, de 46 años, que ayer supo que le tocaría estar en una mesa en Sils. Eva Capdevila, de 60 años, piensa todo lo contrario. “Estar en una mesa significa vivir los 15 días después con miedo de haberme contagiado”. Añade que se preparará “para ir a una guerra”, en referencia a los materiales de protección que llevará. De hecho, lo primero que pensó fue en cuántas mascarillas se compraría.

A la hora de la verdad, Eva no tendrá que traer de casa el material de protección, puesto que el Govern le facilitará cinco mascarillas -cuatro quirúrgicas y una FFP2-, una pantalla facial, guantes y gel hidroalcohólico. Además, los miembros de las meses también llevarán entre las 19 h y las 20 h -la franja en la que se recomienda que voten los positivos de covid-19 y los contactos estrechos- un equipo de protección integral (EPI). A Eva también le preocupa el momento de coger el DNI de la persona que quiere votar: “Me desinfectaré las manos tres veces cada vez que toque un carné”. A priori, las mesas no tocarán ningún DNI, puesto que los votantes lo enseñarán a distancia: siempre se tendrán que mantener a 1,5 metros de los miembros de la mesa y solo se podrán quitar la mascarilla si el presidente o algún vocal se lo pide para compararlo con la imagen del DNI.

¿Test de antígenos?

A pesar de estas medidas, Adrià Febrer, de 24 años, sigue preocupado. Él vive en Vic y durante toda la pandemia ha “reducido al máximo la interacción social” porque tiene que cuidar a su abuela de 86 años. A todo lo que no se ha expuesto los últimos meses lo tendrá que hacer el 14 de febrero, puesto que le ha tocado ser presidente de mesa. “Al menos nos podrían hacer test de antígenos”, comenta. Una medida que la Generalitat no asegura y que solo prevé como posibilidad. Lo que sí tendrá en el colegio electoral es un termómetro para vigilar que su temperatura no supere los 37,5 grados.

El protocolo de seguridad de las elecciones también afecta a los ayuntamientos, que son los encargados de adaptar los espacios. El Govern los instó a no usar como centros de votación las escuelas y les recomendó que se votara en “espacios amplios” que estén permanentemente con las puertas y las ventanas abiertas. El aforo marcado por el ejecutivo es de 2,5 m2 por persona. El protocolo también obliga a ubicar el espacio de votación de tal manera que se puedan hacer colas en el exterior. “Hemos pasado de un local de votación a tres”, explica el alcalde de Sils, Eduard Colomé. Para evitar aglomeraciones en el interior, también se marcará con rayas en el suelo las direcciones y en todo momento se tendrá que respetar el metro y medio de distancia. Para controlarlo, también se aumentará el número de personas destinadas a la regulación de los accesos. “Unas elecciones nos saldrán al precio de dos”, apunta Carlos Cordón Núñez, alcalde de Cerdanyola del Vallès.

A Joan, de 63 años, se le presenta una decisión complicada: negarse o no a constituir una mesa en Rubí. “No tengo miedo, pero a mi familia no le hace ninguna gracia”, explica. Es hipertenso y, además, va a ver cada día a su madre de 93 años. “No solo es un riesgo para mí, sino para toda la familia, y por eso intentaré esquivarlo”. Ahora tiene siete días para presentar alegaciones y, después, la JEZ decidirá si se adecúa a una serie de excepciones que permiten excusarse de esta obligación. Algunas son sufrir una discapacidad, una baja médica, una baja maternal o el cuidado de menores de 8 años o de personas con discapacidad.

Otras excepciones

Otras excepciones son la edad avanzada, una de las variables que más incidencia tiene en la gravedad del covid. Los mayores de 70 años ya han sido excluidos del sorteo, y los que tienen más de 65 pueden negarse con un escrito a la JEZ o cuando el funcionario les entregue la notificación en casa. Otras vienen dadas por el oficio: los candidatos, los servicios esenciales o los directores de medios de comunicación también se pueden excusar. Incluso lo puede hacer un religioso o religiosa en régimen de clausura.

Pero para compensar a las personas que se excusen o no se presenten -cosa que conlleva multas e incluso penas de prisión- existen los suplentes. A Míriam Peiró, de 39 años, le ha tocado ser segunda suplente en Cerdanyola del Vallès: “Creo que no me tocará, pero si me toca lo haré por responsabilidad”. Para ella es un enigma saber si acabará pasando el 14 de febrero en un colegio electoral. De hecho, todavía sigue siendo una incógnita para todo el mundo.

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