Sociedad 09/05/2022

Familias que han acogido refugiados ucranianos: “Nos han dejado de la mano de Dios”

No hay ninguna ayuda específica para las personas que han ofrecido techo y comida a los exiliados de la guerra de Ucrania

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Fotografía de La madre y las tres chicas refugiadas de Ucrania que desde hace dos meses viven en Ripoll, refugiadas de la guerra de Ucrania

Girona“Me dijeron que estarían en casa un máximo de cuatro semanas, mientras se tramitaba la documentación, y que recibiría toda la ayuda y el apoyo que necesitara”, recuerda Nina Llach, una psicóloga de 49 años que vive en Ripoll. Cuando estalló la guerra de Ucrania decidió que tenía que hacer algo para ayudar a los refugiados y se ofreció para acoger en casa, aprovechando que había una expedición de los Bombers de Girona que iba a recoger refugiados. Pero la realidad ha quedado muy lejos de las promesas que le hicieron en las reuniones previas. Hace casi dos meses que recibió a una madre y tres chicas jóvenes, y prácticamente no ha tenido ningún apoyo para cubrir las necesidades básicas de las ucranianas. El plan estatal de acogida de refugiados prevé asistencia para los exiliados, pero ninguna administración ha establecido una línea de ayudas para las personas que han acogido en casa a los que huían del terror bélico.

“He tenido que llevarlas a Girona o Camprodon para hacer todos los trámites, pagar la comida, el butano, la ropa, el material escolar… Y suerte que los vecinos y familiares me han ayudado, y una empresa nos han pagado el gasóleo para que podamos ducharnos”, señala la psicóloga, que no ha encontrado ningún tipo de acompañamiento en todo el proceso. “Siento una impotencia increíble, porque no les pienso dejar tiradas y aquí siempre tendrán una cama y un plato en la mesa, pero me han puesto en una situación terrible. Solo trabajo media jornada y ya no tengo dinero, y he tenido que pedir a familiares. No podré vivir mucho más, así”, dice Llach, que critica el papel de las administraciones: “Nos han dejado de la mano de Dios”. Esta vecina de Ripoll dice casualmente la misma frase que Roser Arnau y la Enric Rosillo, dos vecinos de Pontós que también acogieron refugiados y que sienten que les han dejado solos: “No nos han ayudado en nada, nos han dicho «aquí tenéis a las familias, y ahora espabilaos para ayudarlas»”, se quejan.

La pareja, además de apoyo económico, también ha echado de menos orientación e información. “No sabíamos dónde tenían que pedir los papeles. Por casualidad, una señora nos preguntó si ya habíamos tramitado el su NIE provisional, y esto no nos lo había explicado nadie”, ponen de ejemplo. El matrimonio de Pontós añade que, además, cada administración funciona diferente. Por ejemplo, Nina no recibe ninguna ayuda del Consell Comarcal del Ripollès; en cambio, Roser y el Enric sí que han conseguido un pequeño apoyo del del Alt Empordà, después de casi dos meses acogiendo a una madre y una hija de 11 años: tienen un lote de comida al mes, 60 euros para ropa de Cáritas, y de aquí a seis semanas recibirán una tarjeta monedero de 100€ para alimentación. “Tenemos suerte de la solidaridad de los vecinos y de los amigos que nos han ayudado durante todo este tiempo, pero por parte de la administración, cero ayudas”, insisten. 

Incluso, hay familias que han decidido marchar de Catalunya por la falta de posibilidades de salir adelante aquí. Es el caso de una madre y una hija que acogió la vecina de Girona Isabel Codina. Tres semanas después de llegar se fueron a Polonia. "Acogerse al plan del Estado significaba estar seis meses sin trabajar. Aquí todo era hacer colas: para la asistenta social, para la documentación. Y veían que no podrían hacer nada. El gobierno dice que destina muchos millones a los refugiados, pero después te ponen pegas para todo", lamenta Codina.

Por todo ello la Coordinadora de ONG solidarias de las comarcas gerundenses carga contra el sistema de atención social de los refugiados: “Se ha respondido tarde y de manera insuficiente: ni se ha articulado un sistema de apoyo a los particulares que acogen refugiados, ni se han redimensionado los equipos de servicios sociales”, subraya su presidente, Jan Millastre. 

El 70% de los refugiados, en redes familiares

Según datos de la Generalitat, en Catalunya hay registrados 20.486 refugiados ucranianos, el 70% de los cuales están alojados en redes familiares y de proximidad, y el 30% en dispositivos de alojamiento de urgencia. Cuando llegan, pueden solicitar una protección temporal, que les da acceso a la salud y la educación, y derecho a trabajar. Si lo quieren, se pueden acoger al programa estatal de asilo que se ha puesto en marcha por la crisis ucraniana y que cubre su alojamiento y manutención. Ahora bien, si prefieren quedarse con las familias de acogida mientras esperan que se les asigne el destino final –como las ucranianas de Ripoll y de Pontós–, entonces no tienen ningún apoyo, más allá de los ordinarios.

Y es que el resto de administraciones no tienen ninguna línea específica para los refugiados ucranianos ni para las familias que los acogen. “Solo tenemos los programas y servicios para personas recién llegadas o para los vecinos en situación de vulnerabilidad”, indica la directora del Consorcio de Bienestar del Ripollès, Elisabet Ortega, que especifica que las entidades locales y comarcales no han recibido ninguna aportación extraordinaria para atender el aumento de demanda derivada de la crisis. Por este motivo hay familias que se encuentran con administraciones que pueden ayudarles más o menos, en función de sus disponibilidades económicas.

El ministerio de Inclusión se comprometió a cubrir con los fondos europeos todos los gastos derivados de la acogida de ucranianos de las comunidades autónomas y del resto de administraciones, a pesar de que no se sabe cuando llegará este dinero. Desde el departamento de Igualdad y Feminismos se han comprometido a reforzar los recursos de ayuda “en las próximas semanas y meses, y en la medida en que el Estado transfiera los Fondos Europeos”. Y, mientras tanto, son las familias las que tienen que asumir de su bolsillo el coste económico de auxiliar a los refugiados.

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