LA CATALUNYA BUIDA
Sociedad 17/01/2021

“Solo vamos al médico cuando no hay otro remedio”

Pueblos del Pallars Sobirà solo tienen médico algunos dias a la semana, y faltan equipos

Mònica Bernabé
4 min
La doctora Gallego amb la Montserrat i el Salvador a Rialp

RialpEl dispensario está en la planta baja de un edificio de viviendas. A la entrada unas letras grandes impresas sobre el cristal leen: "Consultorio municipal". El vestíbulo está habilitado como sala de espera, con una hilera de sillas colocadas contra la pared, y un pasillo largo desemboca en dos amplias consultas, con sus correspondientes camillas, mesas y otro mobiliario. "De espacio no nos falta", admite la doctora Vanesa Gallego. En cambio, lo que sí les faltan son equipos y sobre todo manos. Ella está completamente sola en todo el dispensario. También debería haber una enfermera, pero está de baja desde mediados de diciembre. "Aquí las bajas se cubren de aquella manera...", comenta la doctora con resignación. Da igual que estemos en medio de una pandemia.

Estamos en Rialp, un pueblo de poco más de 600 habitantes del Pallars Sobirà que se dedica predominantemente al turismo. Solo hay que ver la carretera que lo cruza: los hoteles, restaurantes y escuelas de esquí se anuncian uno tras otro. Ahora con el coronavirus, sin embargo, todos los establecimientos están cerrados y casi no se ve ni un alma por la calle. Parece un pueblo fantasma. Con todo, la doctora Gallego dice que esta mañana ya ha atendido a doce pacientes.

En Rialp solo hay atención médica los lunes, los miércoles y los viernes. Los vecinos se pueden considerar unos privilegiados. En otros pueblos de la zona de menos habitantes solo hay visita dos veces a la semana (como en Gerri de la Sal) o incluso una al mes (en Peramea y Montcortès). La doctora Gallego se encarga de recorrerlos todos. Como alternativa, los pacientes pueden ir a Sort, la capital comarcal, donde sí hay un CAP que está abierto todos los días de la semana las 24 horas. O si se trata de algo más específico o grave, al hospital de Tremp (a unos 45 minutos en coche desde Sort) o directamente a los de Lleida (a más de dos horas). En Sort no hay ningún médico especialista.

"Digamos que los pacientes dependen de mi salud", ironiza Gallego. Si ella se pone enferma o hace fiesta -como en Navidades, que libró una semana-, los pacientes se quedan sin consulta. Nadie la sustituye. Y lo mismo ocurre si su coche se estropea. La doctora se desplaza de pueblo en pueblo con su vehículo particular aunque, según dice, la Generalitat no le sufraga ni un litro de gasolina. "En el CAP de Sort solo tenemos un vehículo y, si lo cojo yo, ¿qué pasa si hay una emergencia?".

Gallego también dice que ella es la encargada de abrir y cerrar el dispensario con llave, de llamar a la mujer de la limpieza un día antes de la consulta para que la vaya a limpiar, y de traer desde Sort guantes de látex, jeringas o cualquier fármaco que necesite en las visitas. Hay cosas, sin embargo, que se le escapan de las manos.

"No tengo oxígeno ni en Rialp ni en Gerri", se queja. Y eso que precisamente el coronavirus provoca generalmente problemas respiratorios. "Los consultorios municipales dependen de los ayuntamientos, así que la Generalitat dice que esto lo tiene que pagar el Ayuntamiento, y el Ayuntamiento dice que lo tiene que pagar la Generalitat". El resultado es que ella sigue sin oxígeno en los dos pueblos.

Oxígeno, sin embargo, es lo que le dan a los pacientes. "Aquí el trato es más cercano", explica mientras se dirige a pie a casa de Salvador y Montserrat Prat, un matrimonio de jubilados de 90 y 86 años que viven a unos cientos de metros del dispensario. No tienen nada grave, pero como hay hielo en la calle, la doctora prefiere desplazarse ella al domicilio.

Montserrat y Salvador la reciben en la cocina con la chimenea encendida. El calor acogedor contrasta con el frío helador de la calle. "Salí al balcón a sacudir las sábanas y de repente sentí un pinchazo aquí", dice la mujer señalándose un lado. Se quedó tan paralizada que incluso tuvieron que ayudarla a vestirse, describe el hombre. Con todo, tardaron dos semanas en ir al médico. "Solo vamos al médico cuando no hay más remedio. No nos gusta molestar", justifica él. En cambio, lo que realmente molesta a la doctora Gallego es que en los pueblos la gente tarde demasiado en acudir a la consulta, sobre todo las personas mayores. "Cuando llegan los casos, son más urgentes".

Tras la visita, Gallego vuelve en coche hasta Sort, donde también tiene que pasar consulta en el centro de atención primaria. El CAP de Sort es como el CAP de cualquier ciudad, pero de dimensiones reducidas. En total solo tiene cuatro médicos y cuatro enfermeras que deben cubrir todos los turnos los siete días de la semana.

Un paciente, Xavier Farré, espera a Gallego en la consulta. La doctora ya le había atendido el día anterior, pero en el dispensario de Gerri (el pueblo tiene unos 130 habitantes). El hombre parece enfadado: "Ayer fui al consultorio, no había internet y la doctora no pudo consultar mi historial médico, así que hoy me ha tocado venir hasta aquí", se queja. "¡Nos tienen abandonados! Yo puedo desplazarme hasta Sort porque tengo coche. Pero, ¿qué pasa con la gente mayor?". La doctora corrobora que no hay internet en el dispensario desde hace un mes y que así es difícil hacer las visitas. "He informado a Tremp, desde Tremp han informado a Barcelona y todavía estamos esperando".

Xavi Ensenyat se prepara para salir. Es enfermero, pasa consulta en el CAP de Sort pero, como la doctora Gallego, también de pueblo en pueblo haciendo visitas a domicilio. Hoy le toca controlar el nivel de coagulación de tres pacientes. Se le ve apresurado: durante su ausencia, no quedará ningún enfermero en el CAP y, además, se va con el vehículo de emergencias. Conduce primero hasta Estac, un pueblo de 28 habitantes situado a unos 15 kilómetros de Sort, pero tarda casi media hora en llegar por una carretera endemoniada de curvas y nieve. Luego en la localidad de Baro, donde Maria Julià, de 85 años, lo recibe postrada en la cama con una sonrisa en la boca. "Es como mi hijo, le tengo mucho aprecio", dice la mujer. Y termina en casa de Fermín Valles, de 83 años, en Sort. En total tarda dos horas en visitar a los tres pacientes.

Tres pacientes pueden parecer pocos comparados con los muchísimos de las ciudades, pero aquí las distancias son insalvables. Sin embargo, en toda la comarca hay solo cuatro farmacias, y una única de guardia por la noche. Los pacientes temen ahora que en el futuro la atención médica aún quede más estrangulada y se reduzca a menos poblaciones.

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