Emergencias

El dilema de cerrar todo un país por el viento: ¿estaba justificado?

Desde la dana en Valencia, la respuesta de la Generalitat frente a emergencias meteorológicas siempre ha sido territorializada

La escuela de música de Gràcia sin techo

BarcelonaEl color rojo y naranja ha teñido este jueves el mapa de buena parte de Catalunya por una fuerte ventolera, y la Generalitat ha optado por poner el freno de mano y paralizar el grueso de las actividades en todo el país. Las imágenes de árboles desarraigados e infraestructuras caídas en plena calle, techos hundidos, cortes de luz y paralización en carreteras, trenes y aviones se han sucedido desde la madrugada, sobre todo en el área de Barcelona, ​​y visto desde el ámbito estrictamente técnico, la alerta de máximos estaba justificada, según los expertos. Se trata de un episodio excepcional que afecta a zonas muy pobladas y con mucha movilidad de entrada y salida, y poco habituadas al fuerte viento. Pero no todo el territorio se ha visto afectado por igual, y esta aparente divergencia entre la predicción y la realidad ha detonado quejas del mundo local de los extremos del país, que han lamentado que la activación no fuera territorializada, como sí ocurrió con los últimos temporales que afectaron a las comarcas gerundenses y al Ebro.

La consejera de Interior, Núria Parlon, se ha mostrado convencida de que la suspensión de escuelas, universidades y cuidados médicos no urgentes, así como las recomendaciones de limitar los desplazamientos durante el temporal de viento, han sido efectivas para reducir accidentes, si bien ha habido unos ochenta heridos. El hecho de que superen los 100 km/h en zonas urbanas densamente pobladas del litoral y prelitoral de Barcelona como ha ocurrido hoy no es habitual. Hacía años que no se registraba un temporal de viento tan fuerte en esa zona. En cambio, en gran parte de las Terres de l'Ebre, del Camp de Tarragona y de la Costa Brava, más habituadas a la fuerza del mistral y la tramontana, las rachas finalmente no han sido tan intensas. Ya lo decían las previsiones: sería una ventolera generalizada, excepcional en cuanto a su extensión e intensidad, pero irregular en cuanto a las afectaciones. Por tanto, teniendo en cuenta esta variabilidad, se ha abierto un dilema: ¿había que detener el conjunto del país?

"Cuando se aplica una medida restrictiva por fuertes vientos no se hace sólo porque haya un aviso, sino porque hay una ciencia detrás, unos técnicos profesionales, que constatan que la ciudadanía está expuesta de forma directa o indirecta al peligro, como al aumento de la siniestralidad en caso, sino se hace de siniestralidad en desplazamientos. líderes políticos deben confiar en los técnicos", explica la directora de la Escuela de Prevención y Seguridad Integral de la UAB, Montserrat Iglesias Lucía.

En el ámbito de la protección civil, la base de las actuaciones es prevenir y minimizar los riesgos que pueden causar daños personales y materiales, pero también proteger infraestructuras, y los expertos consultados consideran que los antecedentes en Cataluña en cuanto a las inclemencias meteorológicas, como las lluvias extremas en Tarragona del pasado diciembre o la borrasca Harry –que negó el Empordà–, habían debilitado vegetación, mobiliario e instalaciones. "La prevención, de funcionar, será invisible", indica la doctora.

Si ahora fuera verano o arrastráramos meses de sequía, ejemplifican los expertos, con la misma predicción de viento la preocupación serían los incendios, pero muy probablemente también habrían sido necesarias medidas. "Se avisa a la gente en función de criterios preventivos, que es lo que puede hacer la administración: asegurarse de que dentro de sus responsabilidades se minimiza el riesgo de accidentes y emergencias", valora el ex director general de Protección Civil en Catalunya, de los Bomberos de Barcelona y del Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamentos, Manel Pardo.

Esto no quiere decir que no haya un grado de incertidumbre en las predicciones; nunca son del todo exactas, pero sí han mejorado en los últimos veinte años. "Quizás no puedes determinar de forma exacta cuál es la ráfaga que hará a las 14 horas en un lugar concreto, pero como administración sí puedes ver cuál es la tendencia y qué situaciones se deben intentar evitar. Por ejemplo, si las infraestructuras no están preparadas para resistir inclemencias más elevadas", afirma Pardo. A su juicio, se ha hecho un mensaje general atendiendo a la predicción meteorológica y se ha hecho una buena gestión, entendida como un llamamiento a la implicación de toda la ciudadanía.

La síndrome postdano

Desde la trágica dana de Valencia en octubre de 2024, la Generalitat ha actuado de forma contundente ante emergencias o meteorología adversa. El cierre de escuelas, por ejemplo, se ha ordenado al menos en tres ocasiones: en noviembre del 2024 –unas semanas después de la tragedia en la Comunidad Valenciana– en el sur de Catalunya por lluvias; en octubre de 2025, también por inundaciones en el Ebro, y este enero en las comarcas gerundenses más orientales. Sin embargo, hasta ahora no se había respondido con tanta rotundidad al conjunto del país.

"Ahora mismo hay un antes y un después de la desastrosa gestión de la emergencia de la dana en Valencia, o más bien de la irresponsabilidad de la gestión de quien debía hacerlo. Y parece que, si la alternativa a hacer corto es pasarse de frenada, se hace", plantea el exdirector de Tórns. Sobre las críticas de alcaldes de las comarcas gerundenses y el sur del país, que consideraban innecesario detener actividades, Iglesias Lucía responde: "Incluso donde el riesgo no era rojo, sino naranja, había un riesgo. Si pasa una desgracia por el vendaval, no se pueden exigir responsabilidades para que sople el viento, pero sí se sopla el viento, pero sí base en los datos científicos".

También Delort subraya que la gestión de las emergencias no es una ciencia exacta. "Hay planes, protocolos, pero finalmente hay alguien que debe tomar la decisión como resultado de la información técnica que recibe", recuerda, y añade: "No es sólo el contexto o la predicción, se requiere un buen oficio; la gestión de emergencias es todo un arte". El debate sobre si es necesario paralizar el país por el tiempo adverso no es nuevo. El 14 de abril del 2001, una nevada inesperada colapsó a buena parte del país en un momento en que la Generalitat aún no disponía de una Dirección General de Protección Civil ni de planes específicos como el Neucat. Entonces la predicción hizo corto y Catalunya quedó completamente colgada por la nieve. En los años siguientes se tendió a actuar con mayor anticipación, incluso a riesgo de parecer excesivos –como los llamamientos a evitar desplazamientos al Pirineo o la restricción de vehículos pesados ​​en el 2018–, que generaron críticas por resolverse como sobredimensionados.

En el despliegue de restricciones por emergencias climáticas –y cualquier amenaza civil–, hay que tener en cuenta que conviven las recomendaciones y datos técnicos y los liderazgos, estilos y formas de hacer. "Dentro de estos dilemas sobre decidir qué acciones imperativas se realizan, uno de los factores es la territorialización del riesgo, y hoy es verdad que no todo el mapa estaba rojo. Pero hay mucha movilidad de personas, de bienes, de servicios, y no es tan sencillo trazar límites de una comarca a otra. A menudo no hay una forma más selectiva de actuar", plantea Del. "Después de la gran desgracia en Valencia, hay un aumento, todavía embrionario, de la sensibilización y responsabilidad de la ciudadanía y las administraciones. Pero tenemos la suerte de tener un sistema de Protección Civil muy consolidado y profesional, que recomienda tomar decisiones no sólo por criterios cuantitativos, sino cualitativos", añade Iglesias Lucía.

Exigencia de responsabilidades

Según Pardo, antes la gestión de las emergencias se dejaba en manos del ciudadano, que tenía menos a la administración al lado. "De ahí que todo el mundo diga que en los pueblos y municipios pequeños la gente se espabila más que en las ciudades", puntualiza. Pero ahora todos piden más protección, más avisos, por parte de los gobiernos. Y todo forma parte de una especie de síndrome postdano. "Hasta ahora, en general, no nos habíamos preocupado. Pero los extremos de los fenómenos climáticos a los que nos enfrentamos nos llevan a situaciones de riesgo y debemos ser más conscientes que nunca", afirma Pardo.

Con todo, los expertos recuerdan que cuanto menos ES-Alerts se envíen, mejor, para evitar que se pervierta su significado; es decir, que la población lo lea como un mensaje de emergencia. "Como Gobierno, siempre puedes actuar por exceso o por defecto, pero siempre basándote en una decisión técnica. Lo que debemos evitar el resto es poner en tela de juicio esos criterios técnicos", defiende Pardo. Y Iglesias Lucía añade: "Esto no va a seguir sólo recomendaciones, sino adoptar medidas de autoseguridad. Esto nos dará más herramientas para reducir exposición y ser corresponsables con las medidas de la administración".

Delort también está claro con el hecho de que, en los últimos tiempos, se hayan enlazado diferentes emergencias en las que la respuesta del Gobierno haya sido la interrupción de servicios o los cierres de actividades: "Esto es un instrumento con el que hay que ir con cuidado, porque después hay que poder acreditar. Hay cosas que son difíciles de gestionar, o que no son difíciles de gestionar. imágenes de este jueves, no parece descabellado".

El uso de determinados mecanismos al alcance de la administración en casos de emergencia, sea de forma anticipada, como el ES-Alert, o de forma imperativa, como las restricciones, deben utilizarse de manera muy justificada. "Yo creo que hasta el día de hoy todo el conjunto de la gestión de las emergencias se está adecuando a estas nuevas herramientas y estas nuevas situaciones, que son cada vez más recurrentes", admite Delort.

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