Sociedad 06/03/2022

"Al menos esta noche la niña no se despertará asustada"

Aterrizan 227 ucranianos en un vuelo en el Prat, la mayoría mujeres y menores, y la Cruz Roja se prepara para un aumento de llegadas

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Irina se abraza a sus familiares, que han llegado al Prat huyendo de la guerra

BarcelonaIrina espera de pie ante la puerta de llegadas del aeropuerto del Prat a que aparezca su familia, dos mujeres y una niña, que van en un vuelo con 227 ucranianos que huyen de la guerra y de los bombardeos. Lleva una muleta porque hace poco que la han operado, pero no se quiere mover de allí hasta que pueda abrazar a su hermana mayor, que viaja con su hija embarazada y su nieta de solo cuatro años. Mientras espera el móvil no para: son los mensajes de los hombres de la familia, que no han podido salir del país porque están obligados a defenderlo. "Me están preguntando si han llegado bien; al menos así nos aseguramos de que salvamos cuatro vidas", dice mientras se le empañan los ojos pensando ahora en los que no van en el avión.

Las familiares de Irina han llegado en el primer vuelo de rescate coordinado por la embajada española en Polonia y fletado por Vueling que ha permitido llevar hasta Barcelona a más de 200 personas, la mayoría mujeres y también siete bebés, y al menos una decena de criaturas. Parientes y amigos les esperaban a la mayoría, como Irina, que ha venido en un coche de alquiler desde Santa Pola, en Alicante, con su marido para llevarse a casa a la familia por un tiempo indeterminado. "Al menos esta noche la niña no se despertará asustada", dice la hermana de Irina, Oksana, después de fundirse en un largo abrazo con ella. "Estamos bien porque ahora estamos a salvo", añade, mientras agradece la suerte y la ayuda que ha encontrado por el camino.

Irina y su hermana (a la izquierda) acabada de aterrizar en Barcelona huyendo de la guerra en Ucrania

Oksana vivía relativamente cerca de la frontera con Polonia, a unos 80 kilómetros. Aun así, explica Irina, han tenido que andar decenas de kilómetros para atravesarla porque hacerlo en vehículo era imposible. En Ucrania se han tenido que quedar el marido de Oksana y su hijo, que es el padre de la niña rubia y risueña que mira curiosa todo el espectáculo del aeropuerto. Agradecen la "suerte" de haber encontrado este vuelo de Vueling, que trajo hacia Varsovia a turistas ucranianos a los que la guerra había sorprendido en Catalunya y que querían volver a casa, y que ahora ha vuelto lleno de ciudadanos que lo que quieren es huir hasta que se acabe el conflicto.

Un dispositivo de 1.500 plazas

Solo hoy sábado han llegado al Prat o a la estación de Sants más de 300 personas. El dispositivo desplegado por la Cruz Roja los ha recibido en primera instancia: equipos de atención psicológica, de atención a la infancia y voluntarios que se ofrecían a acompañarlos a alguna equipación si les hacía falta un lugar donde instalarse. De momento, la mayoría no ha hecho uso de las plazas públicas porque tenían familiares o conocidos que les habían abierto las puertas de su casa, pero tanto la Cruz Roja como las administraciones avisan de que hay que prepararse para un ritmo creciente de llegadas las próximas semanas y trabajan para tener el máximo de recursos disponibles.

"Podríamos disponer de unas 1.500 plazas en total en albergues, hoteles y pensiones", explica al ARA la secretaria de Igualdades del Govern, Mireia Mata, que repasa el dispositivo de acogida al que quizás habrá que recurrir cuando se supere esta primera fase en la que la comunidad ucraniana establecida en Catalunya es la que está acogiendo a los suyos. Es difícil cuantificar cuántas personas pueden acabar viniendo, reconoce Mata, que explica que así como la Cruz Roja se encarga de toda la contingencia en la llegada, la Generalitat trabaja para acelerar servicios básicos. "Ya se han empezado a expedir tarjetas sanitarias y esperamos en dos semanas aproximadamente poder estar escolarizando a los menores", dice la secretaria.

La subsecretaria de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones del Gobierno español, Verònica Ollé, ha afirmado que el ministro José Luis Escrivá ha dado instrucciones para "agilizar los trámites de extranjería" (permisos de residencia y trabajo) a los refugiados, a los que la UE ha reconocido la ciudadanía europea. La delegada del Gobierno español en Catalunya, Maria Eugènia Gay, ha reiterado que es "crucial" la actuación coordinada de todos los gobiernos europeos y ha remarcado que la población "ha de ser solidaria con el pueblo ucraniano" y su sufrimiento en estos momentos.

La acogida se plantea, de momento, haciendo uso de todos los recursos públicos al alcance y no del alojamiento en casas particulares que se presten voluntarias, a pesar de que Mata reconoce que han recibido ofrecimientos. "No haremos ningún llamamiento general a la acogida porque tenemos plazas suficientes de momento", explica, y añade que tampoco hay ningún plan para acoger a menores refugiados que vengan solos. "Se ha de ir con mucho cuidado con algunos llamamientos que circulan por las redes y que quizás se hacen de buena fe, pero no tenemos que olvidar que la seguridad de las criaturas es lo primero y que todo menor solo que llegara a Catalunya sería en todo caso responsabilidad y tutelado por la DGAIA", remarca. Mata explica que todos los ofrecimientos de ayuda por parte de ciudadanos los está centralizando el 012, que desde hace unos días ya atiende en ucraniano.

El jefe de la agencia de la ONU para los refugiados, Filippo Grandi, advertía esta mañana de que el número de personas desplazadas por la guerra es el mayor que se ha visto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que en estos primeros estadios hay muchos ciudadanos acogidos por familiares que tienen en otros países o amigos y conocidos, la ONU insistía a los países en preparar los dispositivos para un escenario de más llegadas las próximas semanas. Más de 1,3 millones de personas ya han marchado de Ucrania y se podría llegar al millón y medio cuando acabe el fin de semana, según sus cálculos. El Alto Comisionado de la ONU cifró este viernes en 10 millones las personas que pueden verse desplazadas por culpa de los bombardeos.

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