Sociedad 14/04/2021

Las restricciones sanitarias hacen más flagrante la falta de lavabos públicos en Barcelona

El plan para recolocarlos solo avanza en Ciutat Vella y el Ayuntamiento dice que ha habilitado 46 en equipaciones municipales adaptadas al momento de pandemia

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Un lavabo químico en una plaza barcelonesa

Barcelona"Pido ir al lavabo. Tengo una urgencia, 72 años y alrededor todo cerrado. Se niegan. Suplico. Se niegan. Apelo a su humanismo. Se niegan". Este relato es del actor Pep Cruz sobre la experiencia vivida en un supermercado de la cadena Sorli en Barcelona y evidencia cómo la pandemia ha puesto todavía más en relevo una problemática que la ciudad hace años que arrastra: la falta de una red de lavabos públicos en condiciones. Con bares y restaurantes cerrados a partir de las cinco de la tarde por decisión del Procicat, ha quedado anulado lo que para muchos era el plan B cuando se encontraban con una urgencia en medio de la calle: pedir un café para poder ir al lavabo o confiar en la simpatía de los responsables de los locales. Y ha complicado todavía más el día a día de las personas que viven en la calle, como lamenta Ferran Busquets, de la fundación Arrels: "Es básico que pueda haber lavabos distribuidos por toda la ciudad y no dejar la decisión de permitir o no la entrada solo en manos de los establecimientos privados". La situación también ha empeorado para mucha gente mayor y personas con enfermedades crónicas. Ahora, en función de la hora, se hace francamente difícil encontrar un lavabo.

La pobre realidad es que Ciutat Vella es la zona de la ciudad que tiene más –atendiendo el uso "intensivo" del espacio público que suelen hacer barceloneses y turistas–: tiene dos fijos (en la Plaça dels Àngels y debajo del monumento a Serafí Pitarra), una cabina de esas autorentables en la Plaça Folch i Torres y once más que ahora son lavabos químicos a la espera de que acabe el trámite administrativo en marcha para comprar las cabinas autorentables definitivas, que son el modelo que se escogió para impedir que alguien se pueda encerrar demasiado tiempo en las cabinas –problemáticas como el consumo de drogas dentro de estos espacios fueron uno de los motivos que llevaron a la retirada de los antiguos lavabos públicos.

En el resto de la ciudad, se tiene que confiar en los cinco que hay repartidos por parques y jardines –uno de los cuales, en la Ciutadella, en reparación–, los 44 de los chiringuitos gestionados por Parques y Jardines, los 12 de las playas en temporada de baño o los 46 que ahora el Ayuntamiento dice que ha habilitado como extras en varias equipaciones con criterios que permiten pasar el filtro pandémico, como por ejemplo estar en plantas bajas para no generar tráfico dentro de los edificios o garantizar la limpieza. Pero todo, claro, condicionado a los horarios de cada espacio. En total, poco más de un centenar. Lo que el gobierno municipal no ha hecho a pesar de las peticiones de la oposición es publicar la ubicación de todos estos servicios públicos, una demanda que rechazó para evitar aglomeraciones. Sí informa de que todos se pueden consultar en la apli Barcelona en el bolsillo, que da información de los servicios que cada usuario tiene cerca.

Después de la queja del actor Pep Cruz, el grupo municipal de JxCat reiteró ayer su demanda para que el Ayuntamiento instale lavabos portátiles mientras se mantengan las restricciones sanitarias. Una petición que, remarcan, el equipo de Colau no aceptó cuando se discutió en comisión argumentando "motivos técnicos y económicos". "Lo seguiremos reivindicando, como también el compromiso y sensibilidad de establecimientos privados", escribía la concejala Neus Munté en referencia al caso denunciado por Cruz.

La polémica del Born

La batalla de los lavabos públicos fue una de las primeras que emprendieron los comunes cuando llegaron al gobierno municipal. Y lo hicieron con polémica: con un urinario a la vista situado junto al Born Centre Cultural. De hecho, instalaron seis parejas de urinarios de pie y lavabo de cabina en diferentes puntos de Ciutat Vella. El de la polémica fue el del Born, que se acabó moviendo unos metros, pero la prueba satisfizo las expectativas municipales por el elevado número de usos que tuvieron estos servicios. Por eso, se anunció el plan para intensificar aquella apuesta y poner el doble, que es lo que ahora se está desplegando para situar cabinas autorentables en puntos como la Plaça de la Catedral o la Plaça Salvador Seguí.

El urinario al lado del Born

El mandato pasado, de la mano de la reforma fallida del ordenanza de civismo que intentó el entonces teniente de alcalde Jaume Asens –y que no encontró apoyos en la oposición–, se habló de impulsar una red de hasta 100 lavabos públicos no solo en zonas turísticas o de ocio nocturno sino también en espacios frecuentados por gente mayor y por niños. Una iniciativa que todavía no se ha desplegado. "La sanción por orinar en el espacio público tiene más legitimación si damos alternativas", defendía Asens. Ya antes, durante el mandato de CiU, el consistorio intentó, también sin éxito, condicionar la posibilidad de los bares de tener terraza a la necesidad de tener sus lavabos abiertos a todo el mundo

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