Entre la expectativa y la prudencia: qué sabemos de la vacuna a medida contra el melanoma de Moderna y Merck
Las compañías anuncian "resultados positivos" en un ensayo con más de mil pacientes, pero los expertos piden detalles de supervivencia y recaída
BarcelonaEl anuncio de Moderna y Merck de una vacuna terapéutica para evitar la metástasis de melanoma, el cáncer de piel más agresivo, llegó el miércoles por sorpresa y disparó las acciones de estos gigantes farmacéuticos. En una nota conjunta, las dos compañías aseguraban que habían obtenido "resultados positivos" en el ensayo de fase 3 –la etapa en la que se revisa eficacia y seguridad en pacientes antes de solicitar la autorización de comercialización de un medicamento–. En el comunicado, afirmaban haber alcanzado sus dos objetivos principales: la supervivencia libre de recaída y la supervivencia libre de metástasis a distancia –en otros órganos o ganglios– en pacientes que ya habían sido sometidos a una extirpación completa del tumor. Pero no aportaron ningún dato concreto de la vacuna. Tampoco hay, por el momento, una publicación científica asociada.
La directora del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) y jefa del grupo de melanoma de la misma institución, Susana Puig, valora positivamente la noticia. "Conseguir incluir más de 1.000 pacientes tratados en múltiples países y centralizar la producción de estas vacunas es, desde el punto de vista logístico, muy interesante", reconoce. El hecho de que se trate de un ensayo de fase 3 quiere decir que la investigación va más allá de un experimento con ratones y que ya está en un proceso bastante avanzado.
Con todo, Puig hace un llamamiento a la prudencia y remarca que, a día de hoy, hay limitaciones a la hora de considerarla un éxito. "No sabemos si esta vacuna beneficia la supervivencia global, qué costes tendrá y si se implementará en Europa. Una cosa es presentarla a la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, en inglés) y otra, a la Agencia Europea de Medicamentos (EMA)", plantea. Coincide Marisol Soengas, jefa del grupo de melanoma del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). "En principio, son expectativas muy prometedoras, con cautela, de un ensayo tecnológicamente muy complejo", puntualiza en declaraciones a SMC España.
Ahora bien, en caso de conseguir la aprobación en Estados Unidos, podría ser un hito médico muy importante: demostraría que es posible fabricar una terapia preventiva y adaptada a las mutaciones del tumor de cada paciente. De hecho, se convertiría en un precedente de terapia oncológica basada en la tecnología de ARN mensajero, hasta ahora mundialmente conocida por su papel en la contención de la pandemia de la covid-19.
Según describen sus desarrolladores, intisomeran autogene –el nombre del fármaco de Moderna y Merck– es una vacuna terapéutica personalizada que se diseña a partir del tumor individual de cada paciente y que utiliza ARN mensajero para estimular el sistema inmunitario. El objetivo: que los linfocitos T puedan reconocer el tumor y ataquen una posible metástasis antes de que se desarrolle.
¿Cómo funcionaría la vacuna?
Simplificándolo mucho, esta terapia se adapta a las mutaciones únicas del cáncer de cada paciente. Primero hay que obtener una muestra del tumor durante la cirugía (o una biopsia) y, después, secuenciarla para identificar las alteraciones específicas. La siguiente fase es esencial: comparando el tejido tumoral con el sano, mediante técnicas bioinformáticas, se predicen qué neoantígenos –fragmentos de proteínas generadas por el cáncer, diferentes a las que hay en las células sanas– podrían ser reconocibles por el sistema inmunitario. Una vez se seleccionan entre veinte y treinta, se diseñan las secuencias de ARN mensajero para que den instrucciones al cuerpo y se fabriquen antígenos que señalen el cáncer temporalmente. Así, las defensas aprenden a reconocer el tumor como algo perjudicial y lo neutralizan.
La fabricación de esta vacuna de ARN mensajero es similar a la de la vacuna contra la covid. Se produce en el laboratorio una molécula de ARN mensajero sintético y se encapsulan en nanopartículas lipídicas para protegerlo. Después se inyecta al paciente. Si el sistema inmunitario responde, se activarán los linfocitos T para que ataquen las células tumorales solo en caso de que reaparezcan en otra zona del cuerpo.
Todo este proceso puede alargarse durante semanas. Según las dos compañías, se debe administrar con una inmunoterapia llamada Keytruda (pembrolizumab), que puede desactivar los mecanismos de protección del tumor y potenciar la acción de los linfocitos (lo que se conoce como inhibidor de puntos de control inmunitario). Este tratamiento preventivo de metástasis se dirigiría únicamente a pacientes de muy alto riesgo de diseminación ganglionar que aún se puede extirpar quirúrgicamente y siempre con combinación con inmunoterapia. "No serviría para tratar pacientes que ya tienen metástasis y que ya han progresado a una primera, segunda o tercera línea de tratamiento. Sería para personas a las que ya hemos operado y están libres de enfermedad", apunta Puig.
Aún por dimensionar la mejora
En diciembre de 2022, Moderna y Merck anunciaron que, en ensayos clínicos, la combinación de la vacuna con Keytruda habría reducido un 44% el riesgo de recaída o muerte. En 2024, las compañías presentaron datos actualizados en la American Society of Clinical Oncology (ASCO) que mostrarían una reducción del 49% del riesgo de recaída o muerte y del 62% del riesgo de metástasis a distancia o muerte respecto al tratamiento con solo Keytruda. Y más recientemente, este junio, tras cinco años de seguimiento, los datos aportados por las dos farmacéuticas señalarían una reducción del 49% del riesgo de recaída o muerte y del 59% del riesgo de metástasis o muerte.
¿Cómo han medido la eficacia de la vacuna? Mirando cuántos pacientes tratados recaen y el tiempo que tardan en hacerlo. "Y parece que, cuando añades la vacuna, recaen menos o tardan mucho más tiempo en tener metástasis. Y esto es lo que sabemos hoy", resume Puig. De hecho, una de las críticas del anuncio, según la experta, es que no queda demostrado un aumento de la supervivencia. "Antes, con la quimioterapia, se podía alargar el tiempo hasta la recaída de dos a seis meses, pero, al final, la supervivencia global a los tres años era la misma. Ahora, con la inmunoterapia, conseguimos pacientes que estén mucho tiempo sin recaer", añade.
Yin Wu, investigador de desarrollo profesional del Wellcome Trust en el King's College de Londres, también considera que aún es pronto para saber en qué grado esta vacuna mejora la eficacia y a qué coste se puede alcanzar respecto al tratamiento estándar. "Su importancia dependerá de los detalles que se publiquen más adelante", comenta a SMC.
"Seguro que los resultados se presentarán en un congreso y se publicarán en alguna revista con datos detallados –vaticina Puig –. Es una aproximación muy interesante porque prácticamente no añade toxicidad e individualiza el tratamiento". De hecho, a su parecer, lo más interesante es que se abrirían alternativas terapéuticas. "Con el melanoma, el 50% de los pacientes se benefician de la inmunoterapia, pero con otros tumores el porcentaje baja. Quizás con la vacuna se beneficien más", concluye.