Sociedad 07/06/2021

Se acaban 47 años de patinar sobre el hielo: cierra el Skating Club del Eixample

La popular pista de patinaje será un Carrefour

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La entrada de la Skating Club cerrada, este lunes

BarcelonaEl Skating Club de la calle Roger de Flor no ha superado la pandemia. La popular pista, por donde han pasado muchísimos barceloneses y catalanes de otros lugares, tuvo que cerrar las puertas hace más de un año por las restricciones del covid-19, y ya no las volverá a abrir. De hecho, la propiedad ya ha vaciado las instalaciones y ha alquilado el espacio a la multinacional francesa Carrefour, que abrirá un supermercado de más de 1.000 metros cuadrados. Los patinadores, el hielo y aquella máquina alisadora que de vez en cuando entraba en la pista para retirar los pequeños copos de nieve serán sustituidos por clientes, los carritos de la compra y ofertas de tres por dos. "Era una pista donde había mucho calor", recuerda con tristeza Andreu, vecino de la finca que se levanta sobre el Skating. "Había mucha vida. La calle estaba llena de niños, familias, parejas, y ahora no hay nada", lamenta Cristina, la portera del edificio desde hace más de 20 años. El cierre del Skating ha supuesto un golpe para los vecinos, más allá de si patinaban o no.

El Skating se inauguró en 1974. "¡A patinar, chicas! (Y chicos, claro)", decía el anuncio que publicaron aquel 15 de diciembre en el diario El Mundo Deportivo. Dos hermanos, uno de ellos muy aficionado al patinaje, apostaron por abrir una pista de hielo en medio del Eixample. Los hermanos tenían también las dos fincas que se levantan encima (la pista ocupa el interior de manzana) y dos plantas de aparcamiento subterráneo. "Venían autocares de toda Catalunya", recuerda Andreu, que conocía a los dos propietarios y les había ayudado alguna vez haciendo fotografías de la pista. Cuando los dos hermanos murieron, la viuda de uno de ellos tomó el relevo, modernizó las instalaciones y conservó el mismo espíritu deportivo y familiar durante cerca de veinte años más, hasta que la pandemia obligó a cerrar un espacio que necesita demasiada energía para mantenerse sin ingresos. La propiedad ha preferido no hacer declaraciones para este artículo, pero fuentes cercanas a la familia han explicado que se abrió un expediente de regulación temporal de empleo a los 34 trabajadores y que hace seis meses ya se decidió que no reabrirían. Fuentes del Ayuntamiento de Barcelona han confirmado que el grupo Carrefour ha pedido un permiso para hacer obras y transformar el espacio en un supermercado.

Durante estos 47 años el Skating de Roger de Flor ha permitido que muchos catalanes aprendieran a patinar y también que otros muchos se llenaran el cuerpo de contusiones. Tanto es así, que en las instalaciones había incluso un consultorio con un médico, recuerda Mercè, también vecina desde que se inauguró la pista. Tal como parecía predecir el anuncio del día de la inauguración, el Skating también se convirtió en un espacio para ligar, o para ir en pareja. "Mucha gente todavía tiene nostalgia de este lugar", explica Gabriel, trabajador de mantenimiento del aparcamiento. Una vez conoció a un matrimonio que se habían conocido en la pista. "Era un lugar muy especial", concluye Mercè.

"Tengo que cambiar de país para patinar"

Más allá de la parte emocional, el cierre del Skating también ha supuesto un golpe para los patinadores. Actualmente solo queda la pista de patinaje sobre hielo del FC Barcelona, pero cierra en verano, tiene horarios más difíciles y no permite hacer patinaje artístico, según lamenta Imma Tort, que asegura que siente "pasión" por este deporte. "Es una lástima porque es un deporte muy difícil y hay que practicar", dice. Tort va a menudo a patinar a la pista del Barça, pero ni se plantea pasar un verano sin patinar por el hielo y ya ha preparado unas cuantas excursiones a Andorra: "Tengo que cambiar de país para patinar, ¡ya tiene narices!", lamenta. Está convencida de que muchos patinadores han abandonado el deporte por culpa del cierre del Skating. "Es un deporte minoritario pero parece que los políticos lo quieran hacer todavía más minoritario", se queja en Carlos Flores, de la tienda Rodats, en la misma calle Roger de Flor.

Como Imma y Carlos, son muchas las personas que echarán de menos la pista: "Había un señor mayor que venía cada día con patines de ruedas a patinar a la puerta... Era su manera de pedir que se volviera a abrir", recuerda Cristina, que pese a la inminente llegada del Carrefour no pierde la esperanza: "Quizás algún día volverá a abrir... No lo sabemos, pero no han vendido el local, lo han alquilado, y todo es posible".

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