"El campo se recuperará, pero ellos no volverán. Los quería"
Los evacuados de Bédar, el epicentro del incendio de Almería, lamentan las pérdidas humanas y que no les avisaron del fuego con suficiente tiempo
Los Gallardos / Mojácar / Garrucha (Almería)"El campo se recuperará. Cuando llueva, cuando la ceniza se convierta en abono. El pueblo se recuperará. Cuando todos los evacuados vuelvan a casa, cuando volvamos a construir las ruinas. Pero ellos no volverán. Los quería". Emilia es la farmacéutica de Bédar, el pueblo más damnificado por los incendios de Almería, el municipio de donde decenas de personas huyeron del fuego y doce de ellas no pudieron escapar. Ella las conocía, a todas. Sobre todo a un matrimonio "maravilloso", Ana y Pedro, a quienes consideraba "familia". "Tuvieron la peor de las suertes", narra, todavía emocionada.
Bédar es un núcleo urbano que no llega a los 1.000 habitantes empadronados que está anclado en medio de una cordillera y rodeado de casas diseminadas, muchas de ellas ocupadas por matrimonios extranjeros jubilados, sobre todo ingleses y belgas. Ana y Pedro, que no llegaban a los setenta años, antes vivían en Mojácar, una población costera a menos de 30 minutos en coche de Bédar. "Vinieron aquí y siempre decían que habían encontrado el paraíso en Bédar, que eran muy felices, más que nunca", lamenta Emilia. Él era culto, "hablábamos de todo", eran uno más de la comunidad. Emilia no quiere recordar cómo murieron intentando escapar de un fuego que ascendió a toda velocidad por las colinas y conquistó los caminos.
Emilia tampoco quiere recordar cómo otro vecino, a quien veía a menudo en la farmacia, se quedó atrapado con el coche y llamó a su mujer, rodeado de llamas, "diciendo que moriría". Ni tampoco quiere hablar mucho de otros dos matrimonios, conocidos, que tampoco pudieron huir. "Estamos destrozados", lamenta. Ella es de las pocas personas que han podido volver a Bédar a recoger medicamentos. El viernes, al día siguiente de la parte más dura del incendio, vio un "pueblo fantasma". Por suerte, la mayoría de las casas del casco urbano estaban en buen estado. Este viernes ya ha visto más vecinos y ha recuperado "parte de la esperanza".
"Cada vez había más fuego"
Era un jueves por la tarde recurrente. Pablo estaba comiendo boquerones, María, que vive en Barcelona, pero es originaria de Bédar y aún va en verano, estaba en casa con sus nietas. Fue una de ellas, de solo ocho años, la primera que vio el fuego, porque estaba haciendo los deberes en el piso de arriba. Levantó la cabeza por la ventana y comentó, "pensando que era normal", que había humo y llamas a lo lejos. "Cada vez había más fuego", recuerda. Llamó a un familiar suyo que trabaja en el Ayuntamiento y le dijo: "¿No has oído las campanas? Tenéis que marchar". Las campanas del campanario de Bédar resonaron avisando de la emergencia, pero María critica que ella no supo interpretarlas: "¿Qué narices he de saber que hay fuego porque suenan las campanas? Quizás ha muerto alguien, quizás hay misa", explica. Tanto ella como sus amigas critican que no se enviara una alerta a los móviles. "Yo esperaba una ES-Alert", insiste otra María, amiga de la primera.
Lo dicen desde un hotel de cuatro estrellas, el Best Mojácar, en primera línea de mar, con piscina y a punto de entrar en un buffet libre. El Ayuntamiento de Bédar ha facilitado la estancia en el hotel a los evacuados que no tenían a dónde ir. En este hotel hay unas ochenta personas evacuadas y este sábado aún dormirán aquí. Las nietas de María tienen la sensación de que están en unas vacaciones divertidas. El fuego continúa activo, los helicópteros van y vuelven y hay decenas de desalojados. Unos kilómetros más allá, junto a la costa, todo sigue una estricta normalidad de un verano mediterráneo. María aún recuerda el sufrimiento.
Su familiar le recomendó que fueran a un punto de encuentro, donde los evacuarían con autocares. Fueron a pie, pero los autobuses estaban vacíos: no podían seguir el camino que estaba previsto porque el fuego lo impedía. Y estaban allí, con su marido y sus dos nietas menores de edad, con un incendio cada vez más visible, "con el fuego corriendo por todas partes". Volvieron, también a pie, hasta casa, donde cogieron el coche y fueron hasta Lubrín, al oeste de su pueblo, el destino salvador de muchos de los evacuados de Bédar.
"Hubo tiempo de evacuar"
Pero no todas las evacuaciones fueron iguales. A Diego y a Pedro, ambos vecinos de Bédar, les llamaron a la puerta de casa. Era la Guardia Civil. Les comunicaron que debían marcharse de inmediato. "Hubo tiempo de evacuar", relata Pedro, que está preocupado porque aún no ha podido volver a su casa y no sabe cómo está. De hecho, está aparcado en una rotonda de Los Gallardos, el pueblo desde donde se sube a la sierra y, por tanto, se accede a Bédar. Varias patrullas de la Guardia Civil cortan el acceso al pueblo y él espera que le dejen pasar. En algunos casos les han dejado subir a buscar medicamentos u objetos de primera necesidad. La primera conversación tiene lugar a las doce del mediodía y a las siete de la tarde aún está allí, vigilado siempre de cerca por su perro.
Los agentes explican que todavía hay muchos focos secundarios, que no es seguro continuar. Uno de los policías acaba de ver una imagen aérea del incendio y comenta que el núcleo de Bédar está bien, pero que la mayoría de las casas diseminadas han quedado destrozadas. El fuego ya se ha tragado casi 7.000 hectáreas y ha dejado a 23 personas no localizadas. Hoy por hoy, hay siete denuncias por desaparición. Los agentes comentan que a medida que se vayan identificando los cuerpos sin vida se irán eliminando personas de la lista de desaparecidos. En los casos de personas extranjeras, las comprobaciones de ADN siempre se alargan más. Después de una noche complicada, este sábado ha sido una ventana de oportunidad para los cuerpos de extinción, que no han tenido el viento de enemigo y han podido atacar el fuego. Hasta ahora, a duras penas lo habían podido contener.
La larga espera
Esta rotonda de Los Gallardos se ha convertido en un triste atasco de personas que no pueden volver a casa. De Bédar, van saliendo coches quemados remolcados por grúas, pero nadie puede hacer el camino inverso. El Kamran y Anna dicen que no pueden bajar la ventana del coche y señalan un gatito pequeño que saca la cabeza entre sus patas. Dentro del coche hay cuatro más. Están las hijas, la madre y las abuelas. Visiblemente emocionado, el Kamran, originario de Irán, explica que lleva un día y medio en el coche esperando poder acceder a su casa, en Bédar. Sufre por el estado de salud de los gatos. Anna, originaria del Reino Unido, lamenta que en su casa hay cinco gatos más y que no saben cómo están, si han podido esquivar el fuego o no.
Mientras el fuego continúa ardiendo, se empiezan a plegar las camas en el polideportivo municipal de Garrucha, también en la costa de Almería, impulsado por voluntarios de la localidad. En dos noches han dormido 470 evacuados. Prácticamente todos han encontrado alternativas, pero no pueden volver a casa para saber si todavía existe.