Rumba

La rumba catalana se reivindica en la Unesco y en las salas de baile

Coge vuelo el baile rumbero, que los expertos describen como una sevillana más despreocupada

Gente bailando rumba en la plaza del pueblo gitano, en una imagen de archivo
26/08/2026 - 07:00 h.
5 min

Si de algo no vamos cortos en Cataluña es de leyendas rumberas. Peret, El Pescaílla, Los Amaya, Rumba Tres... la lista es extensa y de altísima calidad. El tiempo y la persistencia han dado la razón a quienes reclaman la rumba catalana como nuestro género musical y popular por excelencia. Aunque hoy en día su versión más clásica no esté en un momento de especial impulso, sí que hay un buen puñado de bandas que la han modernizado y la han llevado a su terreno, como es el caso de Habla de Mí en Presente o las Maruja Limón. Queda claro que su huella en la iconografía patria no solo tiene pasado, sino también presente y futuro. Los cantantes, los palmeros, las guitarras españolas, el ventilador (nombre que recibe la técnica de guitarra característica de la rumba), los conciertos, los gitanos y la algarabía: todo esto es la rumba. Pero, ¿y el baile? Pues sí, la rumba también se baila, y mucho. “Se podría decir que es el palo del flamenco más despreocupado, más festivo. Es el que se baila en las fiestas mayores, en las bodas y en las comuniones”, explica Ariadna Rojano, profesora de esta disciplina en la escuela Bailongu, en el barrio barcelonés de la Sagrada Familia.

“La rumba nace en la calle, hija de Cuba y de un gitanillo”, cantaba el recordado Gato Pérez en una de sus canciones más representativas. Y tenía razón, porque parte de los orígenes de este palo nos transportan a la isla caribeña, donde se fue formando un nuevo estilo a partir de dos de las grandes influencias que llegaban: las tradiciones de África Central y Occidental y elementos de la cultura popular española. En la Cuba de principios del siglo XX se bailaban tres tipos de danzas asociadas a este género: el yambú, el guaguancó y la columbia. Una vez llegaron a la Península se crearon otras variantes, y el movimiento quedó mucho más ligado al flamenco y a las sevillanas. “Es un baile divertido y desenfadado, donde hay mucha coordinación de pies y de punteos con movimientos de brazos”, aclara Rojano. Todo esto sin olvidar la parte más técnica, asociada a la tradición flamenca. “La rumba viene de este palo y coge la técnica más postural”, añade la bailarina. Lo cierto es que a día de hoy es complicado encontrar un circuito estable en el que se programe rumba con cierta regularidad. Pero solo hay que echar un vistazo a muchas de las fiestas mayores del país, especialmente la de Gràcia y Sants, para ver que escuchar y bailar esta música sigue siendo una actividad querida y con mucha tirada.

Loli Acebal, historiadora del arte y educadora, decidió aprender a bailar rumba tras quedar sorprendida por su energía. “En diversos momentos de mi vida me había ido acercando al flamenco y las sevillanas y, finalmente, ya en edad madura me puse más seriamente. Me apunté a una escuela y cuando, en uno de los festivales que hacemos, vi a las chicas que bailaban rumba, no me lo pensé”. Para Acebal, que ya hacía unos años que se dedicaba a las sevillanas, fue una especie de revelación: “Cuando salimos de fiesta nos ponen una rumba y nos movemos, pero allí descubrí que se podía coreografiar colectivamente y me gustó mucho todo lo que transmitía”. Aunque es argentina de nacimiento, la adopción de la cultura catalana desde pequeña le trajo esta banda sonora tan concreta y local: “¿Quién no ha escuchado a Peret y a Gato Pérez?”, se pregunta. De aquí, el paso natural fue mover el esqueleto con sus grandes éxitos. “Tenemos la rumba superintegrada, aquí con la catalana y en Andalucía con la flamenca. Sin que nadie nos haya enseñado ni un solo paso, cuando suena una canción de estas el cuerpo se mueve solo, como un ritmo que tenemos innato. Tenía ganas de poner técnica a esta manera de bailar tan nuestra”, remarca Acebal.

Ganas y actitud

Aunque alguien pueda pensar que hay muchas similitudes entre bailar rumba y sevillanas, no son exactamente un espejo. "En el ámbito musical, la rumba destaca por ser mucho más alegre. En cuanto al movimiento, tiene un compás binario de cuatro tiempos y, a partir de aquí, emanan los punteo, su estilo desenfadado y esa energía que transmite –dice Ariadna Rojano, que nos habla de una complejidad que se adapta a cada persona–. Hay una base clara de pasos básicos que después se puede ir complicando. La base la puede bailar cualquiera, porque con tener un mínimo sentido del ritmo, dar un poco de golpecitos con los pies y mover los brazos, ya puedes defender una rumba”. Eso sí, una vez empiezas a aprender y le añades una técnica más flamenca, la puedes enriquecer tanto como quieras. Su alumna, Loli Acebedo, destaca que la rumba es más instintiva que la sevillana: “Las sevillanas tienen una estructura ya pautada que debes seguir, mientras añades tu arte y tu improvisación. La rumba, en cambio, te da más margen, es más abierta y te conecta con el saber corporal que las culturas mediterráneas tenemos y que tiene que ver con la colectividad”, concluye.

En Barcelona hay diversas opciones para aprender a bailar rumba –Gracia Flamenca, Ritmos Barcelona, U!Dance–, aunque hoy en día es más popular hacer rumba cubana que catalana o flamenca. En Bailongu las clases son de una hora y, como suele ser habitual en estos casos, comienzan haciendo un calentamiento para ir despertando el cuerpo. Después se trabaja el compás, la técnica de brazos y la postura corporal, entre otros. Finalmente, se pasa a bailar partiendo de secuencias o de minicoreografías, que es como los bailarines asimilan la base y se lo pasan mejor. Un hecho remarcable que explican desde la escuela es que la inmensa mayoría de personas que se apuntan a las clases de rumba son mujeres. Eso sí, según la profesora, Ariadna Rojano, para aprender rumba no es necesario tener experiencia previa. “Solo hace falta un poco de actitud y tener ganas de pasarlo bien. Comenzamos desde cero, trabajando la base con punteros básicos y ajustando el compás para ir interiorizándolo todo poco a poco. No hace falta nada más: solo ganas de disfrutar”, explica.

La rumba internacional

Paralelamente al baile, hay una lucha que se está eternizando, y es el reconocimiento de la música. En este sentido, la Plataforma para la Defensa de la Rumba Catalana continúa con su demanda de conseguir que el género se pueda inscribir en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. Su última acción ha sido la de sumar otros territorios a la reclamación, añadiendo a la Associació Cap Gély Figuerolles de Montpellier como miembro solicitante. “Es un primer paso para impulsar la candidatura internacional de la rumba catalana”, aseguró Sicus Carbonell, presidente de la Fundació Sabor de Gràcia, en sus redes sociales.

La formación de esta alianza ha sumado sinergias para una iniciativa que desde que se inició ha buscado custodiar los orígenes del género, nacido en las comunidades gitanas de Barcelona en la década de 50, principalmente en el Raval, Gràcia y Hostafrancs. La polémica también ha acompañado la propuesta, ya que en los últimos años se han vivido situaciones de cierta tensión, cuando el ministerio de Cultura español puso pegas al adjetivo catalana, defendiendo que la música se debía presentar como rumba española para tener éxito ante la Unesco. Con la incorporación de esta variante, la iniciativa no solo esquivaría el bloqueo de Madrid, sino que demostraría al mundo que la rumba catalana es un patrimonio abierto e inclusivo.

La rumba del dolor

Teniendo en cuenta que el género gozó de su gran cénit de popularidad entre los años sesenta y setenta, algunas de las grandes figuras de la rumba catalana nos han ido dejando últimamente. En los últimos tiempos se ha vivido la desaparición de El Petitet, el Chacho –una de las grandes leyendas de la calle de la Cera– y el más reciente, Delfín Amaya, miembro del popular dúo Los Amaya, que falleció la semana pasada. Considerado uno de los principales exponentes del género, fue uno de los grandes renovadores de la rumba; introdujo elementos que entonces despuntaban en la música pop, como las guitarras eléctricas y la psicodelia. Intérprete de himnos indiscutibles como Caramelos, ¡Qué mala suerte la mía! o Vete, junto con su hermano José participó en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona, compartiendo escenario con Peret y Los Manolos. Familiar de la famosa bailaora Carmen Amaya, Delfín nació en Oviedo, aunque desarrolló toda su carrera en Cataluña.

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