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Ara Verano 11/08/2022

Sheila Queralt: "Somos los Sherlock Holmes de las palabras"

Lingüista forense

3 min

BarcelonaDice Sheila Queralt que su día a día se asemeja a menudo a lo que vemos en los documentales de true crime. “Siempre llegan llamadas con casos nuevos, salen análisis que no habíamos previsto, tenemos muchos juicios, vamos a tomar muestras a delincuentes… Es una rutina que se asemeja bastante a lo que vemos en la televisión”, reconoce. Queralt es doctora en ciencias del lenguaje y lingüista forense, y autora de varios libros, el último de los cuales es Estafas amorosas, publicado por Larousse, donde recopila varios casos de hombres que estafaron a mujeres con quienes tenían una relación y a quien mentían y manipulaban. Y es que su trabajo incluye colaborar como experta lingüista con diferentes cuerpos policiales nacionales e internacionales en casos de corrupción, ciberseguridad, narcotráfico, homicidio y terrorismo. “Lo que haga falta”, dice ella. 

La lingüística forense es la disciplina que analiza el lenguaje para aportar este análisis a investigaciones o juicios. “Es una prueba más, como cualquier otra, como el ADN o las pruebas caligráficas”, explica Queralt, y añade: “A pesar de que es una parte desconocida, en realidad nos da mucha información”. A través de la lingüística forense se puede conseguir mucha información de la gente: la edad, el sexo, el origen, el nivel de estudios, la clase social, la intencionalidad… Y es que las palabras revelan mucho de nosotros mismos. ¿Pero cómo se hace para obtener toda esta información? Queralt afirma que a veces se siente “como Sherlock Holmes”, dice haciendo broma, y explica el funcionamiento básico de la lingüística forense: “Primero hacer un primer análisis del texto o mensaje de voz que queremos analizar, que es el nivel léxico”, explica. Esto les da mucha información sobre el origen geográfico de la persona. “Después está el nivel sintáctico, que nos explica mucho del nivel de estudios y social de esta persona, y finalmente está el nivel pragmático, que nos explica las motivaciones que hay detrás de aquellas palabras”. Queralt destaca que ellos siempre hablan de “probabilidades” porque no están "nunca seguros al 100%”, pero a menudo se acercan mucho. 

A lo largo de la historia ha habido casos sonados en que la lingüística forense tuvo un gran papel, como por ejemplo el de Unabomber, que ha sido convertido recientemente en una serie de Netflix. En aquel caso había un criminal que se dedicaba a poner bombas en universidades y aerolíneas de Estados Unidos y que siempre dejaba notas junto a las bombas. “El caso no se resolvió hasta que un investigador criminal experto en lingüística estudió a fondo los escritos del terrorista, su forma de expresarse, los giros que usaba… y esto fue determinante para descubrir su identidad”, destaca Queralt.

En el Estado, esta disciplina todavía es bastante desconocida, pero esta experta dice que el trabajo se ha multiplicado de forma exponencial en los últimos años, puesto que con las redes sociales e internet se han disparado los delitos donde está involucrado el lenguaje. Ella recuerda que cuando acabó sus estudios y empezó a trabajar en el laboratorio de lingüística forense de la Universitat Pompeu Fabra tenían mucho menos trabajo que ahora: “Lo que hacíamos entonces en todo un año lo hacemos ahora en un mes”, explica. Hoy en día a su laboratorio –Laboratorio SQ– los casos más frecuentes con que se encuentra son “infidelidades, divorcios, acoso laboral, acoso en redes, amenazas, problemas en comunidades de vecinos…”, un amplio abanico de delitos donde los mensajes –escritos o hablados– tienen gran protagonismo.  

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