Cuando el retraso de la amnistía ya le va bien a Sánchez
En una entrevista de ayer en La Vanguardia, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo afirmó que Pedro Sánchez está retrasando la aplicación de la amnistía a Carles Puigdemont. No es nuevo. Ya antes Feijóo había dicho que Sánchez ha engañado a Carles Puigdemont con la ley de amnistía.
Naturalmente, Feijóo no está defendiendo a Puigdemont, al que considera un prófugo de la justicia, ni está reclamando que se aplique de una vez la ley de amnistía, que ha atacado con todos los recursos disponibles. Incluso dice que quizá lo que pasó fue una mezcla entre ser engañado y dejarse engañar. En resumen, Feijóo está lanzando cantos de sirena a Junts porque necesita como el pan que come ampliar el campo de socios posibles. Y lo más paradójico: Feijóo dice aquello que Puigdemont y Junqueras sienten.
Pero, de todas maneras, lo que hace Feijóo es recordar una evidencia: Puigdemont dio los votos decisivos para investir a Sánchez como presidente en verano del 2023, estamos en primavera del 2026 y Puigdemont continúa en Waterloo. Tampoco han podido volver ni Comín ni Puig, y Junqueras, Romeva, Turull y Bassa continúan inhabilitados. Sánchez siempre puede decir que él no controla los tiempos de la justicia, ni europea ni española, y que incluso la española le persigue, pero es evidente que lo que menos necesitaba Sánchez en esta tanda de elecciones en Extremadura, Aragón, Castilla y León y, sobre todo, en Andalucía, es el presidente Puigdemont volviendo a Cataluña. A él ya le va bien que la amnistía se retrase. Y si hablas con Puigdemont, con Junqueras y cualquiera de los otros políticos inhabilitados, más allá de denunciar el “a por ellos!” judicial, no ven en Sánchez ninguna voluntad de moverse en favor de la amnistía. Ni con la amnistía ni con nada más, porque ya hace meses que Junts dio por acabadas las conversaciones que mantenía con el PSOE en Suiza.
También Junqueras se siente objeto de una maniobra dilatoria, y dice a todo el mundo que le pregunta que ya sabe que esto va para largo, pero Esquerra y PSOE comparten espacio político. En cambio, ya hace tiempo que para Puigdemont, el PSOE siempre acaba siendo lo mismo que el PP, con la diferencia de que el PP va de cara y el PSOE pone buena cara, cuando la pone. Aun así, la capacidad de influir que tenía la carambola de siete diputados era demasiado golosa como para dejarla escapar. Todo esto impacta mucho más en Junts que en Esquerra, porque Esquerra es un partido casi centenario y Junts es una obra de Puigdemont, Puigdemont es mucho más que el presidente de un partido, es el símbolo, a pesar de que él es el primero que es consciente de que el paso del tiempo desgasta hasta los símbolos. Los tiempos y la distancia desgastan y desdibujan.
Buenos días.