Rodalies también da para una huelga general

Los maquinistas hacen lo que quieren, el gobierno de la Generalitat no tiene ninguna autoridad y al gobierno español le importan un bledo Rodalies y sus usuarios

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Miniatura columnita
07/10/2026 - 11:49 h

Ha llovido mucho, estos días, y adivinen qué servicio ha caído esta mañana: Rodalies. Obviamente, cuando digo que no funciona Rodalies quiero decir que no funciona ni lo que funciona actualmente. Las lluvias causaron el deslizamiento de un talud, y el sindicato de maquinistas se ha negado a trabajar hoy por razones de seguridad. Y como el Gobierno, Renfe y Adif fracasan cada día a la hora de informar a los pasajeros, esta mañana miles de usuarios se han encontrado sin trenes y, en muchos casos, sin un servicio de autobuses de refuerzo. Todo lo que decían las pantallas en Sants es que no había servicio “por causas ajenas” (que eran los maquinistas).

Que los maquinistas quieran seguridad para ellos y los pasajeros es lógico, pero se suponía que después del accidente de Gelida, en el que murió un maquinista, ya se habían hecho todas las revisiones y se seguían haciendo. Y el director general de Rodalies ha asegurado esta mañana en TV3 que en Rodalies no hay un problema de seguridad.

El caso es que los maquinistas tienen la sartén por el mango y hacen lo que quieren, el Gobierno de la Generalitat no tiene ninguna autoridad en el servicio y al gobierno español le importa un comino Rodalies, y así han pasado un día más los usuarios. Hoy han echado de Sants a un periodista de RAC1 que informaba desde el andén, porque si no, no podía saber si los trenes salían o no. Esto ya hace mucho tiempo que también da para una huelga general.

Mientras tanto, ayer, tal como se esperaba, el Tribunal Constitucional le dijo al Supremo (el magistrado Conde-Pumpido le dijo al juez Marchena) que había eludido “el genuino sentido de la amnistía”. Un correctivo en toda regla. Y esta misma mañana el Constitucional ya ha remitido esta sentencia al Supremo. Mientras tanto, el juez Llarena continúa en modo “el que pueda hacer que haga” y corrió a levantar provisionalmente la orden de detención de Puigdemont, a ver si picaba y venía. Como ya les dije ayer, el presidente en el exilio no volverá hasta que la causa no esté archivada y la orden de detención no esté definitivamente anulada. Y ayer puso el marco político a su retorno:

“Decidimos ir al exilio a hacer política y no hemos parado hasta asegurar que el retorno también tenga un sentido político. No fuimos al exilio a defender los partidos políticos de cada cual, sino a defender instituciones y derechos del pueblo de Cataluña gravemente amenazados por el 155 y la represión policial y judicial, y volveremos de la misma manera. No al servicio de nuestro partido, sino al servicio de nuestro país”.

Puigdemont se siente ganador. Ha pagado un precio muy alto, pero ha evitado la prisión. Ha evitado lo que quería evitar: que el presidente de Cataluña fuera a la prisión. De los muchos capítulos que tendría un libro sobre sus nueve años en Bélgica hay uno clave: Puigdemont es detenido y encarcelado en Alemania. Parece el final de la escapada. Pero el juez alemán que debe ocuparse de ello le dice a la justicia española que no ve ningún delito de rebelión y que por este delito no lo entregará a España. Puigdemont será excarcelado. Llarena acaba contestando a Alemania que quiere a Puigdemont por los mismos delitos que los políticos que están en la prisión y que serán procesados por rebelión, y Puigdemont puede dejar Alemania y volver a Bélgica.

Ahora Puigdemont volverá pronto, tan pronto como sea seguro y no corra riesgo de ser detenido. Si, como dice, no quiere volver como jefe de un partido, está por ver si participará en la campaña electoral de las generales del 29 de noviembre. Y, mirando todavía más lejos, está por ver que quiera volver a presentarse a la presidencia de la Generalitat. Es consciente de que ya no cabalga aquella ola gigantesca de 2017 y que muchos independentistas están desengañados. No tardaremos mucho en saber por dónde tirará, porque si alguna cosa no le ha faltado ha sido tiempo para rumiarlo.

Buenos días.

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