El cirujano chino que ya operaba con anestesia hace más de 600 años
Los restos químicos encontrados en unos instrumentos del siglo XV revelan que la medicina china dominaba el uso de anestésicos mucho antes que Occidente
Xia Quan era un médico chino muy valorado. Y por eso en 1411, cuando murió, durante la dinastía Ming, se le enterró con algunos de los instrumentos que había utilizado. Era una práctica usual en China, tanto para rendir honor a su calidad como para que pudiera ejercer su oficio en la otra vida.
Aquel homenaje ha permitido, seis siglos después, demostrar que Xia Quan era todavía más avanzado de lo que se podía suponer. Sus utensilios han proporcionado la primera prueba directa del uso de un anestésico en una intervención quirúrgica.
Hay diversos documentos escritos que explican el uso de sustancias como el opio o el alcohol para evitar o rebajar el dolor desde la antigüedad (ver recuadro). Pero este sería el primer caso en el que se habría identificado la presencia de un componente natural, convenientemente tratado para evitar los efectos secundarios graves.
Los análisis de residuos en objetos arqueológicos ayudan a identificar trazas de compuestos concretos en los instrumentos. Así, en un barco que naufragó hacia el año 130 a.C. frente a la costa de la Toscana se encontraron unas pastillas que contenían óxido de zinc, resina de pino y cera de abeja, probablemente para ser utilizadas en oftalmología. Y unos restos mucho más antiguos, identificados en recipientes cerámicos de un taller de embalsamamiento de la dinastía XXVI (siglos VII y VI a.C.) en Saqqara (Egipto) contenían restos de resina de pistacho y cera de abeja, que se usaban por sus propiedades antibacterianas.
Ahora, un equipo encabezado por Congcang Zhao, de la Universidad del Noroeste de China, y Zheng Li, del Centro Nacional de Arqueología del país asiático, han aprovechado los instrumentos encontrados en 1974 en una tumba en la provincia de Jiangsu, en el sureste de China, que fue un destacado centro de la práctica médica durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1644-1912). Se trata de los pocos instrumentos médicos que se pueden atribuir a un médico concreto: Xi Quan.
Se trata de unas tijeras y unas pinzas que se conservan en el Museo de Jiangyin. Primero, los autores observaron, con fluorescencia de rayos X, que los instrumentos estaban hechos con aleaciones de hierro con más de un 95% de este metal, con presencia también de cobre, plomo, cobalto e incluso cromo, titanio y otros elementos. Esto revela conocimientos precisos de la industria local del hierro sobre estos materiales y sus propiedades. El diseño también deja patente un nivel notable para la época.
Posteriormente, para respetar la ley de protección de antigüedades, los investigadores llevaron a cabo una pequeña extracción mínimamente destructiva y recogieron una muestra de solo 2 miligramos. En las zonas de los instrumentos difíciles de limpiar, como allí donde se solapan las hojas de las tijeras, es más factible encontrar residuos. Aplicaron a la pequeña muestra una técnica óptica avanzada llamada efecto Raman estimulado (Stimulated Raman scattering o SRS). Combina espectroscopia y el efecto Raman, que se basa en la dispersión de un haz de radiación visible que atraviesa un medio y que lo hace de manera diferente según los compuestos que encuentra.
Un alcaloide tóxico como anestésico
Esto permitió identificar trazas de aconitina, un alcaloide muy tóxico presente en las plantas del género Aconitum, como la tora azul. Son plantas muy tóxicas, incluso mortales. Si bien en documentos escritos hay referencias al uso de estas plantas para paliar el dolor e incluso como anestésico, esta es la primera evidencia de la presencia efectiva de este compuesto en unos instrumentos médicos. Haciendo pruebas comparativas, los autores han deducido que, en concreto, la sustancia provendría de la especie Aconitum carmichaelii.
El hallazgo revela suficientes conocimientos para aislar la aconitina y para transformarla y hacerla servir en las dosis justas para evitarle los graves efectos tóxicos. Según los autores, en aquella época los médicos chinos hacían servir diversos métodos para reducir la toxicidad de la aconitina, como mezclarla con orina, sumergirla en una decocción de soja negra, hervirla en vinagre o quitar la piel de la raíz. Así se producía un anestésico llamado Caowu San, presente en diversos tratados.
En la historia de la medicina china hay referencias a otro anestésico. Según algunos documentos de los siglos III y V, como los Registros de los Tres Reinos y el Libro del Han Tardío, el médico Hua Tuo, que vivió entre los años 140 y 208, practicó la cirugía con un anestésico llamado mafeisan. Este nombre combina ma, que significa cáñamo, fei, que quiere decir hervir, y san, que puede referirse a una medicina en forma de polvo. Así, mafeisan debía significar 'polvo de cáñamo hervido'. Hua Tuo lo habría disuelto en vino para administrarlo. Pero no hay ninguna prueba sobre la composición real, porque el médico quemó todos sus manuscritos antes de morir. Y los documentos citados antes no mencionan sus componentes.
La suerte para los historiadores es que si bien Hua Tuo quemó los papeles, la preservación de instrumentos de médicos ilustres en sus tumbas permite hacer otro tipo de investigaciones. En este caso, los investigadores han encontrado pruebas químicas directas de que un médico chino hizo servir un anestésico antes de operar, más de 400 años antes de que en Inglaterra se hicieran demostraciones sobre la utilidad del éter y del cloroformo para evitar el dolor durante una intervención quirúrgica.
Un orangután macho de Sumatra, al que los investigadores han llamado Rakus, se hizo una herida en la cara. Tres días después, cogió hojas de una liana (Fibraurea tinctoria), las masticó y se aplicó el jugo resultante varias veces en la herida. En cinco días la herida se cerró y unas semanas más tarde solo quedaba una pequeña marca.Se trata de un hecho bastante difícil de observar directamente: que un animal busca una planta concreta para manipularla y aplicársela a una herida. El estudio lo publicaron en Scientific Reports, en mayo de 2024, investigadores del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal en Alemania, y de la Universidad Nacional de Yakarta, en Indonesia.Las hojas de esta planta contienen alcaloides conocidos por sus propiedades analgésicas, antipiréticas y diuréticas y se usan en medicina tradicional. Ahora se ha comprobado que algunos primates también conocen sus efectos y los utilizan.El estudio del uso de medicinas por parte de los animales se conoce como zoofarmacognosia, término creado en 1987 con las palabras griegas zoon, animal, pharmacon, medicina, y gnosis, conocimiento. Ejemplos hay muy sencillos, como los purgantes que toman algunos animales hasta los antimicrobianos que los delfines blancos del Mar Rojo se aplican frotándose contra corales o los efectos sedantes que algunos pájaros consiguen usando colillas para construir los nidos y así beneficiarse de los efectos sedantes y plaguicidas de los restos de nicotina.Del mismo modo que la medicina tradicional de diversas regiones del mundo ayuda a descubrir nuevos tratamientos, el estudio de la zoofarmacognosia puede proporcionar nuevos conocimientos sobre los usos terapéuticos de ciertas plantas. Y Rakus ha proporcionado un ejemplo que los investigadores han podido observar en directo.