Llega el momento más arriesgado de la misión Artemis II: entrar en la atmósfera terrestre a 40.000 km/h

Concluye una misión histórica en la Luna que da el pistoletazo de salida a la "generación Artemis"

La Tierra vista desde el otro lado de la luna
10/04/2026
5 min

BarcelonaEn todas las misiones al espacio existe un riesgo evidente para la vida de los astronautas. Y los momentos más delicados siempre son el despegue y el aterrizaje. Pero en el Artemis II, la misión de la NASA que finaliza este viernes después de diez días de viaje, la vuelta a la Tierra es sin duda el momento más arriesgado. Para empezar, porque en el despegue los astronautas contaban con un sistema de eyección en caso de emergencia (que los habría expulsado para salvarlos en caso de explosión), pero sobre todo porque la reentrada en la atmósfera terrestre esta vez presenta algunos desafíos extra respecto a misiones anteriores.

El Artemis II entrará en la atmósfera a más velocidad que ninguna otra nave: unos 40.000 kilómetros por hora (el récord lo tiene ahora el Apollo 9 con 38.000 km/h y los retornos desde la Estación Espacial Internacional acostumbran a entrar a unos 27.000 km/h). Esta elevada velocidad llevará al escudo térmico del Orion a tener que soportar temperaturas de hasta 2.700 °C en la reentrada a la atmósfera. Y aquí está el punto más delicado, porque este escudo se puso a prueba en el Artemis I (sin tripulación) y no funcionó tan bien como se esperaba. Algunos trozos de material se desprendieron durante la entrada. En aquel momento, la cápsula del Artemis II ya estaba construida con el mismo tipo de escudo y cambiarlo habría retrasado mucho la misión.

Pero después de una revisión a conciencia de aquellos resultados, los científicos de la NASA llegaron a la conclusión de que el problema había sido la trayectoria de entrada y decidieron que la solución era cambiarla. El Artemis I hizo una entrada a la Tierra con algunos saltos (skip reentry), es decir, entrando y saliendo de la atmósfera para no llegar a temperaturas demasiado altas, pero el Artemis II no hará estos saltos sino que entrará de golpe y con un ángulo más pronunciado. Y es por eso que llegará a la velocidad más alta a la que ha entrado nunca a la Tierra una nave tripulada.

El escudo térmico de la nave Orión del Artemis I se agrietó en su entrada a la Tierra.

"La fiabilidad de las naves tripuladas de la NASA es muy alta, probablemente de más del 99%, pero eso quiere decir que siempre hay una cierta probabilidad de que algo salga mal", explica a el ARA el director del Instituto de Estudios del Espacio de Cataluña (IEEC) y catedrático de física de la UB, Xavier Luri.

De hecho, un informe publicado por el inspector general de la NASA el mes pasado apunta que el "umbral de riesgo aceptado" para las misiones Artemis es de una probabilidad entre treinta de perder la tripulación (eso es un 3,3%) durante toda la misión y de una entre cuarenta durante las operaciones lunares (un 2,5%). "El riesgo siempre existe, pero cuando son misiones tripuladas todos los sistemas se desarrollan y se prueban, se califican y se sobrecalifican y se vuelven a sobrecalificar, para minimizar al máximo este riesgo", tranquiliza Andrea Jaime, ingeniera asignada como científica en la tripulación de reserva en la misión Hipatia 3, que simula la vida en Marte. De hecho, el riesgo de las misiones Apollo a la Luna fue de una probabilidad entre diez.

La reentrada a la Tierra de la nave Orion donde viajan los cuatro astronautas de la Artemis II está prevista para las 1.53 h de la madrugada del viernes al sábado, hora catalana (las 19.53 en el este de los Estados Unidos). Una vez dentro de la atmósfera, se desplegarán hasta 11 paracaídas en diversas fases para ir reduciendo la velocidad de caída desde esos 40.000 km/h gradualmente hasta los 27 km/h en el momento del impacto en el agua del Pacífico ("splashdown"), frente a las costas de San Diego (California), prevista a las 2.07 h catalanas. Allí les esperan barcos y helicópteros de los marines de los EE. UU., que los recogerán y les harán las primeras revisiones médicas antes de trasladarlos hacia Houston.

Concluirá así una misión histórica que ha conseguido llevar seres humanos a la Luna por primera vez desde 1972. "Son muchas primeras veces", resume Andrea Jaime: "Por primera vez, una mujer ha viajado más allá de la órbita baja terrestre (Christina Koch) y por primera vez había también una mujer como directora de lanzamiento (Charlie Blackwell-Thompson), a diferencia de las misiones Apollo donde en la sala de control solo había hombres". También por primera vez un hombre negro y un canadiense han salido de la órbita terrestre: recordemos que hasta ahora sólo habían llegado tan lejos 24 astronautas de las misiones Apollo, todos ellos hombres blancos de los Estados Unidos.

"Somos la generación Artemis"

"Como persona que no vivió durante la generación Apolo, creo que ahora somos la generación Artemis y que estamos viviendo un hito histórico, a pesar de que muchas otras noticias del contexto internacional lo estén tapando", dice Andrea Jaime.

Los cuatro tripulantes del Artemis II son ya los humanos que más lejos de la Tierra han viajado en la historia. El 6 de abril llegaron a 406.771 kilómetros de distancia, y superaron el récord de 400.171 km que tenía el Apolo 13 (1970). Justo después de sobrepasar aquel récord, hicieron el espectacular flyby: sobrevolar la cara oculta de la Luna. "No llegaron a entrar en la órbita lunar, sino que entraron en el área de influencia gravitatoria de la Luna, sin dejarse atrapar", explica Luri, y con las fuerzas de atracción gravitatoria de la Tierra y la Luna cogieron impulso para volver a nuestro planeta, "al contrario que las misiones Apolo que tenían un propulsor" para poder orbitar la Luna y después salir de esta órbita para volver a la Tierra.

La observación de la cara oculta de la Luna –que nos ha dejado imágenes espectaculares– no era un hecho inédito, los astronautas del Apolo ya habían podido observar esta parte y también habían visto ya la salida de la Tierra por detrás de la Luna (Earthrise). Sondas robóticas han sobrevolado diversas zonas de la Luna en los últimos años para recoger datos, e incluso China consiguió hacer aterrizar una sonda en esta cara oculta de la Luna en junio de 2024. "Lo único que pasa es que en esta misión la fotografía y la transmisión en directo de imágenes ha mejorado muchísimo, e incluso los astronautas iban con sus teléfonos móviles", recuerda Luri. Los "resplandores" o los destellos de luz que pudieron ver sobre la superficie lunar cuando estaban en los 41 minutos de silencio –sin comunicación con la Tierra por el bloqueo de la Luna– tampoco son relevantes científicamente: ya se sabía que la superficie lunar está sometida constantemente a impactos de meteoritos, porque no tiene atmósfera que la proteja.

Entonces, ¿de qué ha servido esta misión a la Luna? "El Apollo sirvió para sobrevivir en el espacio, ahora el Artemis quiere estudiar cómo vivir en el espacio", resume la ingeniera valenciana de l'Hipàtia. El objetivo era poner a prueba las nuevas tecnologías que han de hacer "cómoda y sostenible" la vida fuera de la Tierra. Esto incluirá medir cómo reacciona el cuerpo ante los elevados niveles de radiación que hay en el espacio, donde desaparece la protección de la atmósfera y la irradiación del sol o de posibles tormentas solares puede ser perjudicial para la salud, explica Jaime.

"El Artemis II no debe mirarse aisladamente, forma parte del programa Artemis", dice Luri, que también ve "muchos paralelismos con el Apollo". "Esta era una misión de prueba de sistemas, un paso más en un camino más largo que ha de llevar a una presencia humana continua en el espacio", coincide el director del IEEC, y añade: "El interés de la Luna es como punto de paso para explorar el sistema solar, esta es la clave del programa Artemis".

Sin Europa, el Artemis II no habría sido posible

El Artemis II, como todo el programa, es una misión liderada por la NASA, la agencia espacial de los Estados Unidos. Pero también es un esfuerzo internacional en el que han participado científicos de decenas de países. Un elemento distintivo de esta misión, además, es que por primera vez la NASA ha cedido a una agencia extranjera la construcción de un elemento crítico y capital para la misión. La Agencia Espacial Europea ha construido el Módulo de Servicio de la nave. El Orion está formado por el módulo de tripulación (donde viajaban los astronautas y que ha sido bautizado por ellos mismos como Integrity) y el Módulo de Servicio Europeo, que es el encargado de suministrar electricidad, agua, oxígeno y también la propulsión para mover la nave. Una parte imprescindible de la nave que ha sido construida por Airbus y que incluye una Unidad de Control Térmico, un aparato importantísimo que regula la temperatura en el interior de la cápsula de tripulación, que ha sido construida en la fábrica que Airbus Crisa tiene en Tres Cantos, Madrid.

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