Gabriel Rufián en los pasillos del Congreso el 26 de marzo.
30/04/2026
Periodista
2 min

Cuando Gabriel Rufián saca un billete de 50 “pavos” y lee los nombres de los siete diputados de Junts desde la tribuna del Congreso, ¿está pensando en él y en los miles de likes que le caerán en las redes o está pensando en los inquilinos y los votantes de Esquerra? Porque es tan evidente que se quedó a gusto como que esta actuación soberbia es el subrayado que utilizan los que creen que los votantes no se enteran de gran cosa y necesitan que alguien les haga un dibujo con rotuladores fosforescentes y muchas flechas, por aquello de que hoy ya nadie escucha los argumentos y la gente ya no lee los periódicos. ¿Cree que no saben que Junts votó en contra de la prórroga de los alquileres y que, por si acaso, hacía falta un escarnio público?

De las 155 monedas de plata hasta el billete de 50 euros, pasando por las impresoras, las bibliotecas y el TikTok, el portavoz de Esquerra en Madrid ha demostrado que domina el lenguaje de las redes y del corte de voz de toda la vida. Tarde o temprano, íbamos a ser espectadores de una escena así, teniendo en cuenta que los dos grandes partidos independentistas catalanes lo han quemado todo a su alrededor y que la polarización más agra ya se ha convertido en la condición de salida de cualquier debate político y social. Pero denunciar diariamente las formas agresivas de la extrema derecha para acabar adaptándolas al discurso propio no es nada coherente, por mucha razón que se crea que se tiene.

Los socialistas vascos acaban de usar una imagen creada con inteligencia artificial para enviar un mensaje al PNB. Trump ha hecho escuela, como siempre pasa con todo lo que inventan los americanos en comunicación política. Los escarnios se acaban volviendo contra toda la sociedad. Para reprobar el voto de Junts con un billete de banco ya tenemos el bar. De la tribuna de un Parlamento tenemos derecho a esperar política.

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