Ni un día en casa

Cocina postpunk en Sant Andreu

Este restaurante mezcla barrio, memoria y rebeldía gastronómica y es un viaje gastronómico

Jose, Gery y Lucio en la barra del restaurante.
  • Dirección: Calle Grande de Sant Andreu 45, 08030 Barcelona
  • Carta: Mezcla de tres continentes
  • Obligado: Sandwich Los Tres Cerditos
  • Vino: Vinos naturales
  • Servicio: Muy eficiente
  • Local: Pequeño y 'fashion'
  • Precio pagado por persona: 35 €

Felipe González ha abierto un restaurante en el barrio de Sant Andreu, en Barcelona. Tranquilos: no es el conocido político. Es Felipe, un chileno que hace trece años llegó a Catalunya dispuesto a convertir sus sueños en realidad y que comparte apellido con el ex líder socialista. Antes de aterrizar en nuestro país, su camino le llevó por varios restaurantes de San Francisco. Allí aprendió a cocinar platos coreanos y, sin apenas darse cuenta, se despertó su pasión gastronómica.

"Pensé: ¿te imaginas que se pudieran encontrar platos de estos tres mundos (Chile, Corea y Cataluña) en un mismo bar?" La respuesta a aquella pregunta tomó forma el 15 de enero del 2021 con la inauguración de la Otra Cosa Taberna, un espacio donde cada mordisco recorre tres continentes y donde Felipe interpreta todos los papeles del auca, tanto en la cocina como en la sala.

Felipe lo tiene muy claro: "Hemos pasado momentos duros, durísimos, pero nunca hemos perdido la sonrisa ni las ganas de trabajar. Este es nuestro trabajo y nuestra pasión", afirma con contundencia. Define su cocina como "de mercado postpunk": una combinación de productos frescos del barrio, ingredientes nostálgicos de su Chile natal –que evocan su pasado– y los sabores más radicales de la cocina coreana.

Para probar esta mezcla, este viaje de culturas, nos dejamos llevar por Geri, Lucio y Jose, encargados de la sala y la cocina. Son ellos tres quienes nos recomiendan compartir varios platos. Empecemos con un ménage à trois (un trío de ostras) y con el ceviche nikkei, una elaboración inspirada en el chef peruano Ciro Watanabe que debes probar a toda costa. "Lo hacemos con atún de la Almendra de Mar, alga wakame, alga nori y aguacate sobre una leche de tigre nipona, con esferificaciones de yuzu", explica. Acabamos los primeros con la ensaladilla rusa, con bonito del norte y aceitunas, coronada con mojo picón, aceite de oliva y una mayonesa –secreto de la casa– que acaba de redondear el plato.

Los segundos comienzan con Els Tres Porquets. "Soy un enfermo de la obra de Albert Serra, y cuando vi la película Los tres cerditos decidí ponerle ese nombre al sándwich de la carta", dice riendo. Dejan el cerdo marinando toda la noche y al día siguiente lo confitan, lo desfilan y añaden una salsa coreana para que coja sabor, además de jamón con sésamo. El plato lo corona una cebolla adobada a la mexicana con chipotle. Rematemos los segundos con otros dos platos: el trikini trufado y el tártaro de tomates, con salsa tártara de anchoas, piparras, alcaparras y huevos de Calaf. De postre pedimos el tiramisú fuera de carta. "Lo hacemos de vez en cuando y vale mucho la pena", nos dice uno de los camareros.

Si la cocina impresiona, la bodega sorprende. Todos los vinos son naturales y existen muchas posibilidades; eso sí, son vinos locales, de proximidad y con historia. Nosotros, para la comida, elegimos el Brunus, un Montsant elaborado por el Celler Portal. Cabe destacar también el local: curioso y pequeño. Una barra, un par de taburetes y cuatro mesas, todo decorado bajo un azul que ellos llaman "azul Klein". Incluso la taza del inodoro tiene este color. "Queríamos un local desenfadado, sin ponerle etiqueta, y siempre decíamos que no es ni bar ni restaurante: es otra cosa. Y así salió el nombre", confiesa.

La Otra Cosa no es sólo un bar o un restaurante. Es el resultado de trece años de camino, en los que Felipe González ha construido mucho más que una carta: ha creado una casa abierta en la que el pasado, el presente y el futuro se sientan en la mesa. Quizá por eso aquí todo sabe a historia vivida, de barrio y de pasión. Y quizás también por eso, cuando sales por la puerta, entiendes que la vida, como la cocina, es algo más fácil cuando se hace con una sonrisa.

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