Diario de una doble jornada

Y después de San Jorge, ¿qué?

Libros en la mesita de noche para leer.
28/04/2026
Periodista
3 min

Se ha acabado Sant Jordi y guardamos para el año que viene las frases que siempre nos repetimos: que si es el día más bonito del año, que si debería ser festivo, que si algún país tuviera esta fiesta le envidiaríamos, que qué suerte disfrutar de una Diada que va de leer y amar. Exacto, una fiesta donde ponemos los libros en el centro y donde hacemos los rankings de los más vendidos, que no quiere decir los más leídos. Me pregunto cuántos de los libros comprados por Sant Jordi se quedan en las mesitas de noche, esperando su momento. Cuando sea verano, cuando los niños se vayan de colonias, cuando acabe este proyecto, cuando vaya menos cansada. Con la lectura hacemos un poco como la vida, vamos esperando el momento óptimo sin darnos cuenta de que es ahora y hoy que debemos leer más, salir más o descansar más. Y os lo digo para las que ahora tenéis los hijos pequeños y estáis más en el pozo: ellos no volverán a ser pequeños, pero vosotras tampoco volveréis a tener la edad y la energía que tenéis ahora.

Dicen que “somos lo que leemos” pero la realidad es que todos leemos menos de lo que queremos. Tenemos clarísimo que queremos que nuestros hijos sean lectores, pero cuesta mucho priorizarlo más allá de Sant Jordi. Los hijos deben hacer deberes de la escuela, extraescolares, deporte, comidas saludables y vida social. Y nosotras igual, entre las 10.000 pasos, beber dos litros de agua, trabajar ocho horas o rutinas de belleza con muchos productos, no sé vosotras, pero a mí el día no me da para tanto.

Ahora debería daros consejos para leer más y mejor. Y me encantaría hacerlo, ojalá hubiera una receta para conseguir hijos lectores o que cada libro viniera acompañado de un vale de regalo con el tiempo que hace falta para leerlo. ¿Os lo imagináis? “¡Aquí tienes el libro y seis horas libres para disfrutarlo!”. Pero no. No tengo la respuesta a cómo podemos hacer para leer más en un mundo donde cada día tenemos mil cosas y hacemos malabares para llegar a todo.

Leer en tiempos de pantallas

Siempre pienso que la clave es no ofuscarse, que si un libro no nos gusta se puede abandonar sin ningún remordimiento y que si tenemos una parada lectora es normalísimo. Cuando hace tiempo que tenemos un libro atascado es momento de dejarlo de lado y buscar un libro o más corto o más de nuestro estilo para poder salir de la parada. Y estas sequías lectoras las tiene todo el mundo, hijos incluidos. No os preocupéis si vuestros hijos leían mucho en primaria y ahora han parado, ya volverán. Y al revés, veo infinidad de alumnos que no se convierten en lectores hasta llegar a secundaria. Por culpa de una saga, por una película, porque es un libro que lee todo el mundo en TikTok o por la razón que sea. Empiezan y ya no tienen freno.

Leer en tiempo de pantallas es todo un reto. La lectura no implica una recompensa inmediata como con las redes sociales porque para entrar dentro de una buena historia a menudo tenemos que pasar por un “peaje” de bastantes páginas. Estas primeras páginas requieren esfuerzo y mucha calma, como los primeros veinte minutos de una película o el primer capítulo de una serie. Una vez dentro, ya tiramos millas. Pero es difícil porque los niveles de atención están bajo mínimos y a los maestros incluso nos cuesta muchísimo poner una película por la poca capacidad de concentración que tienen muchos alumnos.

Por eso leer nos aporta tanto. Porque detenernos y desconectar es un reto. Y porque no podemos olvidar el bienestar y la felicidad que supone que un libro nos atrape. La lectura es tan gratificante que nunca puede ser el plan B ni ser vista como la alternativa aburrida con frases como “apaga la televisión y ponte a leer”. Seguro que nuestros hijos también se encontrarán con libros pesados, pero este esfuerzo les ayuda a crecer. Porque no toda la vida comerán el menú infantil de macarrones, hay un día que se tienen que arriesgar a probar cosas nuevas y con la lectura pasa un poco lo mismo. Llega el día que haces el clic con un libro (y todos sabemos qué libro nos cambió para siempre) y es en aquel momento que tenemos la certeza de que la lectura será parte de nuestra vida. Para siempre y más allá de Sant Jordi.

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