Los adolescentes abandonan las extraescolares cuando más las necesitan
Al llegar al instituto cae en picado el número de horas que se dedican a hacer actividades fuera del horario lectivo y las extraescolares que se hacen en secundaria están más orientadas a la formación
Cuando María (19 años) empezó primero de bachillerato dejó todas las extraescolares: “Estaba tan estresada que solo pensar en las horas que tendría que dedicarle lo vi claro, pero fue una decisión terrible; antes de que acabara el curso empecé a tener angustia, me pasaba el día estudiando”, recuerda. Ahora que está acabando el primer curso del grado de fisioterapia admite que lo haría muy diferente. De hecho, al empezar segundo de bachillerato recuperó alguna extraescolar, y poco a poco fue encontrando el equilibrio entre el estudio, el ocio, pasar tiempo con las amigas y cuidarse. “Dedicaba menos horas a estudiar pero rendía más y estaba más feliz”, afirma. Los falsos ladrones de tiempo
Lo que le pasó a María es habitual: llega la adolescencia y cae en picado el número de horas que se dedican a las extraescolares. “A menudo los cambios comienzan con el tipo de extraescolares que hacen en secundaria, que suelen estar más orientadas a la formación”, comenta Òscar Bretau, acompañante emocional y coach de la Escola IPSE de Barcelona. En general, el inglés y la práctica de deporte son las más generalizadas, aunque las chicas dedican menos horas a la actividad física. Durante el bachillerato, cuando el alumnado tiende a sentir la presión por conseguir unos buenos resultados académicos, se recomienda “encontrar cierto equilibrio entre los estudios y las extraescolares". Hay que dejar de creer que "las actividades hechas fuera del horario lectivo son un ladrón de tiempo”, señala Bretau. Pero también añade que no se puede perder de vista que un cerebro demasiado ocupado y estresado no rinde de manera adecuada. “Si todas las horas libres se utilizan para alcanzar objetivos, se rendirá menos y se autosabotearán”. Aparte de recomendar unas extraescolares que puedan ser un soplo de aire fresco, Bretau recuerda la importancia de no hacer nada y de dormir un mínimo de ocho horas: “Es imposible que rindan si no han descansado lo suficiente”. Menos actividades en grupo y más ‘scrolling’
Joan Carles Folia, asesor educativo y coach, explica que es habitual que al llegar a la adolescencia los jóvenes dejen de hacer extraescolares: “Hacia los 11 o 12 años los vínculos sociales cambian, hay una explosión hormonal y comienzan a cambiar sus centros de interés”. Bretau también considera que hay diferencias importantes entre esta generación de adolescentes y las anteriores: “Ahora tienen al alcance el scroll infinito, que es muy nocivo para todos los cerebros pero sobre todo para el cerebro adolescente”. La tecnología, que ahora se presenta como una alternativa para las horas no lectivas, llama más la atención de los adolescentes ante cualquier otra actividad deportiva, cultural o de ocio.
Bretau considera que, a pesar de haber una futbolización de la adolescencia bastante generalizada, hay jóvenes que en la ESO y sobre todo en bachillerato dejan de practicar deporte en equipo y lo sustituyen por el gimnasio, que implica menos compromiso y dedicación. Esto es lo que ha hecho Jan (16 años), que ha dejado el fútbol este curso, a mitad de 4º de ESO: “No acababa de encontrar mi lugar dentro del equipo y eran muchas horas, tres días de entrenamiento y partido los fines de semana, y quería tener más tiempo libre”. Esta era la única extraescolar que hacía: al inicio de la ESO dejó inglés y piscina, y ahora ha cambiado el fútbol por el gimnasio, donde a veces coincide con amigos del barrio, “y algunos fines de semana quedamos para jugar al fútbol”. A las familias normalmente les preocupa que los hijos no hagan nada productivo durante las horas no lectivas y que no estén bajo su supervisión, pero, según Bretau, el gimnasio puede implicar otros aspectos que habría que tener en cuenta: “Los jóvenes continuamente están recibiendo inputs sobre la importancia de un físico concreto, y esta percepción de la estética y el culto al cuerpo desde tan jóvenes es preocupante. Dejan de hacer actividades con un compromiso colectivo y muchos intentan responder a unos reclamos estéticos que pueden ser perjudiciales”, alerta este asesor educativo. El tipo de extraescolar
Cuando crece la presión por los resultados y se tiene menos tiempo libre, ¿qué habría que tener en cuenta a la hora de elegir actividades para el tiempo libre? Para Folia, lo más recomendable es que se diversifiquen las actividades que se hacen durante el tiempo libre y que a la hora de elegir se tenga en cuenta que se lo pasen bien haciendo la extraescolar; si no, siempre pasará por delante el ocio tecnológico: “Después del instituto la motivación es baja. Por mucho que se planteen extraescolares formativas de forma recreativa, son más de lo mismo, cuesta que sean lúdiccas y aprendan, y de aquí la importancia de elegir actividades diferenciadas de la vida académica, que garantizarán más la motivación”.
Bretau entiende que las familias prefieran que los hijos hagan extraescolares, pero habría que fueran más que una simple ocupación y que no supusieran una sobreformación o sobreestimulación. Insiste en la importancia de entender las necesidades de esta edad y que las extraescolares puedan contribuir a hacer que estén cubiertas las posibles carencias emocionales, de autoestima o de pertenencia al grupo. Las extraescolares pueden ser especialmente útiles para los jóvenes que tienen problemas para integrarse o sentirse parte del grupo porque el rendimiento escolar no es el esperado: “Pueden sentirse realizados y encontrar su lugar haciendo una extraescolar, donde a veces no es tan importante el tipo de actividad sino cómo está dirigida”, apunta Bretau. Los profesionales recomiendan a las familias que animen a sus hijos a hacer actividades que les ayuden a socializar, les generen interés y preferiblemente que estén vinculadas a actividades no sedentarias. “No hay que obligarles, pero conviene ir hablando de las ventajas de hacer algo alejado de la actividad académica, darles argumentos sobre los beneficios de practicar alguna actividad física y fomentar las relaciones humanas”, concluye Folia.
Para Sònia López, maestra y psicopedagoga especialista en adolescencia, las extraescolares son esenciales en esta etapa porque cubren espacios en los que los jóvenes estarían solos en casa o dando vueltas por la calle. Además, son actividades que cubren muchas necesidades que normalmente no se cubren en el instituto. Los motivos por los que López recomienda hacer extraescolares en la adolescencia son los siguientes:
- Desarrolla la autoestima y la confianza Verse competentes en lo que eligen hacer –música, deporte, teatro, cocina, etc.–, que está desvinculado del aprendizaje, especialmente si son adolescentes con dificultades para aprobar asignaturas, les ayuda a desarrollar su confianza y autoestima.
- Ayuda a construir su nueva identidad Uno de los retos principales de la adolescencia es averiguar quiénes son. Descubrir sus talentos a través de extraescolares contribuye a la construcción de su identidad.
- Mejora las habilidades sociales Haciendo extraescolares es posible que se tenga que trabajar en equipo, resolver conflictos e incluso hacer nuevas amistades fuera del aula.
- Reduce el estrés y la ansiedad Sobre todo si son extraescolares relacionadas con la actividad física, son una buena válvula de escape a nivel emocional.
- Se crean hábitos de disciplina y constancia Hay que organizarse, tener disciplina y constancia para tener tiempo para hacer las extraescolares y seguir los estudios.
- Ofrece un entorno de pertenencia La elección de las extraescolares dice mucho de la persona. Haciéndolas se encuentra con otros adolescentes con los que comparte los mismos intereses.
- Mejora el rendimiento académico Sobre todo en la adolescencia, es desaconsejable tener mucho tiempo libre. El córtex prefrontal, el encargado de organizar y planificar, está inmaduro y no está preparado para hacerlo. Si se tiene poco tiempo, porque una parte se destina a extraescolares, habrá que planificar, organizarse bien y aprovechar el tiempo dedicado al estudio.