El nuevo chabolismo

Estafada y con riesgo de perder la habitación que comparte

Una mujer colombiana, con estudios superiores, a punto de quedarse en la calle

Andrea Tristancho, en Tarragona
15/06/2026
3 min

Tarragona“Podría pedir dinero a mi familia, pero una viene aquí a ganar dinero, no a pedirlo”, explica Andrea Tristancho. Tiene 32 años y hace un par de años que decidió marcharse de Boyacá (Colombia) para probar suerte en el extranjero. Inquieta, curiosa y con ganas de abrirse camino. En la maleta con la que llegó a Madrid en octubre de 2024 llevaba un visado de estudiante con permiso de trabajo además de la carrera de diseñadora de espacios y también la de administradora comercial y financiera. En la capital española aún cursó un MBA de dirección de empresas para ampliar un poco más su formación.

A primera hora de la mañana, Tristancho hace cola en el servicio de Duchas Desayuno y Caliu que ofrece Cáritas en Tarragona. No se siente muy segura. La mayoría son hombres, algunos tranquilos, otros con adicciones y muchos con trastornos mentales. “Una vez se pelearon en la cola justo delante de mí y me asusté mucho”, dice. Su vida se complicó cuando llegó a Tarragona, donde tenía unos conocidos. Encontró trabajo en una franquicia de cafeterías que venden pan y también encontró a una chica tarraconense que le alquiló una habitación en el piso donde vivía. Cobraba 1.266 euros al mes y pagaba 350 euros por la habitación, más gastos de agua, luz e internet. Dentro de la inestabilidad que implica migrar, todo parecía más o menos en orden, pero su vida se torció.

Matrimonio fallido

Su compañera de piso le propuso casarse con ella para solucionar el tema del visado, que hay que renovar anualmente, y ella accedió. Teniendo trabajo, aunque precario, y habiendo cursado estudios en Madrid, no tenía la presión de perder el visado, pero le pareció una buena manera de resolver para siempre este problema. Arreglar los papeles tenía un precio: 2.000 euros. Andrea le dio todos sus ahorros a su compañera de piso y futura esposa, pero el matrimonio no se celebró nunca. Cuando vio que la había engañado tramitó una denuncia en la comisaría de los Mossos d’Esquadra y descubrió que la mujer era una estafadora y que ya tenía antecedentes por casos similares. Para colmo, Andrea se cayó hace cinco meses del patinete mientras iba a trabajar y se rompió los ligamentos de la rodilla. Según explica, la empresa le pagó la mitad del sueldo los dos meses siguientes al accidente y al tercero ya no le hicieron ningún ingreso. También los ha denunciado. Lamentablemente, el caso de Andrea no es una excepción y son muchas las personas inmigradas que sufren estafas que las empobrecen aún más. Los abogados de oficio que tiene por ambas causas le dicen que todo irá bien, que puede recuperar el dinero, pero su realidad es que se encuentra lejos de casa, de baja laboral, sin red ni dinero, y el tiempo la está hundiendo. “Podría trabajar en negro, sin estar de cara al público, pero yo no quiero que pasen por encima de mí. Me han educado así”, dice.

Andrea ha encontrado recientemente otra habitación y ahora comparte piso con Mercè, una mujer tarraconense con la que tiene muy buen trato. Los servicios sociales municipales le pagaron la primera mensualidad —y ella está muy agradecida— pero ya le dejaron claro que a partir de ahora lo tiene que asumir ella. Mercè es comprensiva y se ha convertido en todo lo que tiene Andrea, pero los meses van pasando y el dinero no entra.

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