Maestro dando clase.
18/03/2026
3 min

Siempre he pensado que en nuestra profesión es muy importante valorar el significado de las palabras que utilizamos tanto para dirigirnos a los niños y jóvenes como para relacionarnos entre nosotros, los maestros y las familias.

También me intriga y de alguna forma me incomoda, la coincidencia entre algunas palabras del léxico educativo y el religioso. Tenemos palabras muy importantes que compartimos con el léxico eclesiástico. Un ejemplo: resulta que hacemos un "oficio" por "vocación", y que formamos parte de un "claustro" e "impartimos" clases de diferentes "disciplinas". Es una caricatura, pero ya me entiende.

Seguramente esto se debe al proceso histórico en el que las instituciones religiosas dominaban los principales centros de transmisión de los saberes, y ha habido una transferencia semántica de un vocabulario creado en un contexto religioso, que después hemos asimilado y en cierto modo normalizado en el ámbito de la educación laica.

De estas expresiones hay una que me incomoda particularmente: la vocación. De la misma manera que los hombres y mujeres llamados a ser servidores de Dios, parece que las mujeres y hombres que nos dedicamos a la educación debamos serlo forzosamente por vocación, como si hubiéramos sido tocados por un dedo divino y hubiéramos asumido una especie de misión personal inevitable, que acepta y asume todos los sacrificios con obedición y obediencia. ¡Pues no! No me considero maestro por vocación, si lo entendemos así.

Estas últimas semanas, por poner un ejemplo de lo que estamos hablando, hemos podido leer opiniones en contra de las distintas protestas que se están organizando para reivindicar mejoras laborales, cuyos argumentos apelan a esta sumisión a nuestro deber, que el léxico religioso pone por delante de nuestro trabajo: ¿De qué se quejan? ¡Si eres maestro por vocación! No debemos olvidar que somos hombres y mujeres trabajadores que tenemos el derecho y también el deber de velar, defender y reivindicar nuestras condiciones laborales, que es uno de los eslabones imprescindibles para respetar y garantizar los derechos de los niños y jóvenes.

Desprestigio de la profesión

También se ha hablado de la crisis de la vocación docente. En una encuesta realizada recientemente por un sindicato educativo se concluye que un tercio de los docentes están dispuestos a dejar la profesión. El desprestigio de la profesión, provocado por la inestabilidad, la precariedad de las condiciones laborales de ciertos colectivos (como por ejemplo lo que viven las compañeras del 0-3 o las figuras de veladoras educativas), la falta de consideración social hacia nuestro colectivo y el aumento de la presión hacia la escuela, sin duda ha profundizado esta crisis.

Por otra parte, entiendo el mensaje positivo que existe en esta expresión, que a menudo se dice con benevolencia y reconocimiento hacia nosotros. Es cierto que para trabajar en el ámbito de la educación debe existir un componente de curiosidad, de voluntad de profundizar en el conocimiento de la infancia y la juventud y de atención a las personas en general. Lo mismo ocurre con la sanidad o la atención a la vejez. Pero después es necesario alimentar esta primera predisposición con trabajo, dedicación, compromiso y formación, para conseguir apasionarte por una profesión como la nuestra. Tengo la convicción de que, haciendo referencia a la caricatura que hacía antes, si nos sentimos miembros de un colectivo de "trabajadores de la educación" por "compromiso" y formamos parte de un "equipo" y "planificamos" clases de diferentes "ámbitos", la percepción de nuestra labor cambia radicalmente. Y esto implica hacerlo con gran sentido de la responsabilidad y dedicación y no por ningún mandato divino.

Tengo la sensación de que vamos a recuperar el prestigio de nuestra profesión si tenemos la capacidad de reconstruirla sobre estos valores, con compromiso y responsabilidad, defendiendo los derechos de los niños y jóvenes a tener una educación pública de calidad.

Cuando la sociedad tenga una mirada más respetuosa hacia nuestro colectivo, se recuperará el prestigio social y también la "vocación" de las mujeres y hombres que nos dedicamos a la educación.

stats