Entrevista

Mireia Montaña Blasco: "Prohibir las redes es mucho más económico que educar"

Doctora en comunicación y profesora de la UOC. Acaba de publicar junto a Mònika Jiménez-Morales, de la UPF, 'Una ventana en el bolsillo'

Mireia Montaña
24/03/2026
6 min

Barcelona¿Cómo debe ser la relación entre los progenitores y sus hijos cuando estos últimos comienzan a adentrarse en el mundo de las redes sociales?, ¿cómo funcionan los algoritmos?, ¿qué medidas de seguridad deben tomar familias y niños? o ¿qué líneas rojas no pueden pasarse para garantizar una buena gestión? Una ventana en el bolsillo (Editorial Mediterrània) es un cuento familiar, financiado por el ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que da respuesta a todas estas dudas. El cuento nace de tres años de investigación por parte de las doctoras en comunicación Mireia Montaña Blasco, de la UOC, y de Mònika Jiménez-Morales, de la UPF, sobre qué uso hacen de las redes sociales los jóvenes. En la investigación han participado más de 1.000 adolescentes de entre 12 y 18 años que han explicado cómo utilizan redes como TikTok y cuáles son sus consecuencias.

El libro parte de una familia que inicialmente parece tener unos límites establecidos en cuanto al uso de pantallas. Sin embargo, estos límites en realidad acaban siendo mucho más laxos hasta el punto de que las pantallas se convierten en un elemento importante en su día a día. ¿Es esa exageración buscada o es una situación habitual?

— Es algo habitual. De hecho, basta con ir a un restaurante para ver a niños o niñas de dos o tres años con una pantalla para que los padres puedan comer tranquilos. Es una forma de tenerlos entretenidos sin valorar el impacto que esto puede tener en las criaturas. Además, estadísticamente hemos detectado que a partir de los 10 años muchos niños ya tienen móvil y sus padres muchas veces no controlan qué están haciendo sus hijos. Muchos de ellos creen que ponen límites, pero sólo son cuantitativos, como por ejemplo utilizar el móvil un máximo de media hora. El problema es que no controlan qué están haciendo sus hijos durante esos 30 minutos, qué tipos de contenidos están consumiendo, qué les sale o si interactúan con terceras personas que no conocen.

¿Los adultos somos parte del problema? ¿Estamos exigiendo a los hijos un uso del móvil que nosotros no hacemos?

— Si queremos que los hijos hagan un uso sano, que no les perjudique –porque los móviles no son buenos ni malos–, nosotros debemos hacer lo mismo. No podemos estar en la mesa pendientes de los whatsapps o de responder a nuestra cabeza mientras estamos almorzando.

¿Qué debemos controlar los padres cuando los hijos están con el móvil?

— Lo que hemos visto durante el proyecto que estamos haciendo es que las redes lo que hacen es estereotipar mucho los contenidos: las chicas deben ser guapas, algo pasivas, etc. y los chicos deportistas, emprendedores... Son roles de un machismo tradicional de género. El problema es que esto jóvenes de 16 o 18 años lo ven normal, lo están interiorizando porque TikTok es su realidad y esa realidad, además, se está potenciando a través del algoritmo. Ante esta situación, está claro que hay que realizar mucho trabajo antes de que los jóvenes tengan móvil.

¿Cuál es el riesgo más infravalorado por las familias?

— Que las chicas corren más riesgo que los chicos porque son a los que más cuesta dejar el móvil. Durante la investigación los jóvenes nos explicaban que cuando a TikTok les salía la alerta de que ya llevaban dos horas utilizando la red, los chicos eran capaces de desconectar y cuestionarse por qué perdían el tiempo con tonterías, cuando podrían estar con mis amigos charlando, jugando o haciendo lo que sea. En cambio, las chicas reconocían que, aunque el contenido no era bueno para ellas porque les estaba afectando a la autoestima, no sabían despegarse.

¿Cuándo se considera que se hace un uso nocivo de las redes, aunque ya lo hayamos normalizado?

— Lo que hemos visto, cruzando variables de bienestar emocional, con el uso de redes y móviles, es que es nocivo a partir de estar dos horas enganchado a TikTok. En la investigación un 25% de las chicas estaban más de dos horas al día y hemos visto que es perjudicial para su bienestar digital.

Un aspecto que a menudo olvidamos y que se explica en el libro es el peso de los algoritmos. ¿Los algoritmos están educando a los adolescentes en paralelo con las familias y la escuela?

— Lo que están haciendo los algoritmos es, como decíamos, potenciar los roles de género: las chicas deben estar todo el día poniéndose guapas y los chicos deben ser fuertes o extrovertidos. La duda es que desde el punto de vista de las familias no sé hasta qué punto son críticas con estos contenidos, teniendo en cuenta que priorizan el rato de que sus hijos están en las redes en lugar de los contenidos que consumen.

¿Cargamos poca parte de responsabilidad en las empresas tecnológicas?

— Este libro también nace un poco de eso, de intentar ser una herramienta para ayudar a las familias. Intentamos, a partir de investigación científica en la que se evidencia el daño que están haciendo las redes a los jóvenes, hacer de lobi para pedir que en las empresas tecnológicas se hagan auditorías con más frecuencia. No puede ser que TikTok sólo haga una auditoría una vez al año ni tampoco puede ser cómo se hace la auditoría del algoritmo: se mira que no haya contenidos violentos, pero quizás estos roles tradicionales que potencia también es un tipo de violencia de género, y eso no se está analizando.

Algunos países, como Australia o ahora España, ya están pidiendo controles más duros para estas empresas tecnológicas. Incluso Europa anoche anunció que quiere prohibir el uso de las redes antes de los 16 años en todo el continente. ¿Sirve de algo?

— Son grandes empresas con mucho poder. En Australia, que ya ha limitado la edad, estamos viendo que los jóvenes hacen trampas, que simulan que se conectan desde otro país para acceder. Es muy difícil que podamos garantizar que realmente no se conecten antes de cierta edad. Asimismo, nuestra conclusión, a través de todo lo que hemos visto en el proyecto, es que tampoco hay una edad mágica. A los 16 años oa los 18 un joven no está capacitado automáticamente para enfrentarse a una realidad digital que, hasta ahora, no ha visto. Más que establecer una edad, creemos que lo que debemos hacer es darles herramientas para que sean competentes a nivel digital para que sepan afrontar lo que están viendo; que sean capaces de tener pensamiento crítico, de ver si esto está hecho con inteligencia artificial; si es una fake news, que busquen contrastar fuentes; si ven que algo les está haciendo daño, que se alejen o que lo comenten en casa con sus familiares.

¿Prohibir las redes es educar o rendirse?

— Prohibir es mucho más económico que educar. Educar es trabajo, es plantearse "¿Eso cómo se trabaja en las escuelas?" o "¿Qué herramientas deben darse a las familias?" Porque las familias deben saber estas competencias digitales, deben ponerse al día, no pueden dejar toda la responsabilidad en las escuelas.

¿A qué edad pueden empezar a entender este mundo digital los niños?

— No hay una edad mágica, pero cuanto antes porque la realidad digital está aquí, y más teniendo en cuenta que los 10 años es la edad en la que muchos niños empiezan a tener móvil. Si hacemos un paralelismo, tú puedes conducir a partir de los 18 años, pero primero debes formarte. No te dan las llaves de un coche y el día que haces 18 te dicen "Conduce", porque tendrías un accidente. Pues aquí también debe realizarse este trabajo; puedes tener acceso a las redes, pero antes debes ser digitalmente competente.

¿Qué pautas realistas pueden aplicar las familias sin caer en la prohibición total?

— Primero, que compartan todas las contraseñas con sus padres, por si alguna vez quieren entrar y supervisar; que no hablen con terceros que conocen: si tú no dejas a tu hijo que vaya por la calle y empiece a hablar con todo el mundo, cuando está en la habitación con el móvil tampoco puede hablar con gente que no conoce. También deben tener capacidad crítica, comentar noticias, decir "Escucha, eso que has visto, ¿tú crees que es verdad?" Al mismo tiempo, es necesario trabajar todo lo que es fake news, titulares llamativos; en definitiva, que les enseñen a pensar más allá, que no se crean todo lo que ven.

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