Religión
Cultura 25/05/2021

Shulem Deen: "Abandonar la fe y la comunidad jasídica fue como caer desde un precipicio"

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Shulem Deen

BarcelonaEl escritor y traductor Shulem Deen (Estados Unidos, 1974) fue expulsado de la comunidad jasídica de Rockland (Nueva York) porque se cuestionó su fe. Tuvo que renunciar a todo, pero lo peor ha sido perder el contacto con sus cinco hijos. No tiene ninguna esperanza de poder conocer a sus cuatro nietos. Dejó atrás un lugar opresivo, donde todo está muy controlado, incluso las relaciones sexuales. Adaptarse al mundo de fuera no ha sido fácil porque ni siquiera sabía cómo iniciar una conversación. Ahora tiene pareja y se gana la vida sobre todo traduciendo textos en yidis (la lengua que hablaban los judíos alemanes y de la Europa central y oriental). Deen explica su lucha pero también todas las pérdidas en Los que se van no regresan. La lucha de un hombre con la fe, la familia y la comunidad en la secta judía jasídica (Capitán Swing).

Fue expulsado de su comunidad por herejía. ¿Cómo es perder la fe en un lugar donde la religión lo controla todo?

— El mío es un libro sobre todo de pérdidas. La pérdida de la fe, de la comunidad, de la familia, de mis hijos, que ha sido lo peor de todo. Mi fe era muy importante para mí. Empezar a cuestionarme todo aquello que creía que eran verdades irrefutables significó una crisis existencial muy profunda. La fe da una gran seguridad. En tiempo de dificultad puedes leer los salmos, conectar con Dios. De repente, todo perdió el sentido. 

Hacerse preguntas es muy humano. ¿Era el único que se las hacía en su comunidad?

— No, mucha gente se hace preguntas. Pero los que se atreven a hacérselas en algún momento paran, porque saben que si siguen lo pueden perder todo. Yo no podía parar y fue como caer desde un precipicio. En el mundo secular, sin embargo, he descubierto otro tipo de fe: fe en la humanidad, en los otros. 

¿Echa de menos algo del mundo que ha dejado atrás?

— Mucha gente me pregunta por qué alguien querría vivir en un lugar así: es opresivo y controlador. Pero miles de personas van a vivir a comunidades como la mía. Hay un gran sentido de la comunidad, esto lo echo de menos. En el mundo secular hay mucha soledad. En la comunidad de donde vengo también te puedes sentir solo, pero no te abandonan. Si tienes dificultades económicas, si necesitas atención médica, lo que sea, te ayudan. En cambio, no echo de menos cosas que quizás para otras son reconfortantes, como que haya una explicación para todo o saber qué tienes que hacer en cada momento.

Desde fuera puede sorprender la obediencia, el control que se ejerce sobre los integrantes de estas comunidades y el hecho de que no se cuestione la autoridad.

— La gente decide aceptar esta autoridad. En las comunidades judías ultraortodoxas se considera que la gente común no tiene poder, no puede hacer nada, y se designa a alguien para que tome las decisiones. Se considera que los líderes acostumbran a ser efectivos y a tener buenas intenciones. Estos líderes se escogen de manera consensuada, no con votos, sino en una especie de consenso popular. 

No todo el mundo debe de encajar... Hay personalidades más rebeldes a las que les debe de costar aceptar esta autoridad.

— Sí, pero, como le decía, hay mucha gente que ha crecido en el mundo secular que entra en estas comunidades porque no le importa dejar atrás su individualismo. Pero otros, los que nacen ahí, tienen más dificultades porque no lo han escogido.

¿Y sus hijos?

— No tengo contacto con ellos. Tan solo intercambio algunos escritos con una de mis hijas, que cuando se casó se marchó a otra comunidad jasídica con un control más relajado.

Usted tuvo un único encuentro con la mujer que la comunidad decidió que sería su esposa. ¿El matrimonio de su hija también ha sido concertado?

— Sí, pero ella tuvo tres encuentros antes de casarse y todos duraron una hora, que es más tiempo del que tuve yo. Yo no tuve muchas ofertas de matrimonio porque se consideraba que mi familia era problemática [sus padres no habían nacido en esa comunidad]. Mis hijos tienen más oportunidades porque están más arraigados, su madre lo está y tienen decenas de tíos, tías y primos. 

¿Le gustaría poder enseñar a sus hijos cómo es el mundo donde vive ahora?

— Es la última de mis prioridades. Tengo cuatro nietos a los que no he visto nunca y a los que probablemente nunca conoceré. Querría poder llamarlos y felicitarlos por su cumpleaños o desearles un feliz año nuevo. Me gustaría poderme comunicar con ellos. 

En la comunidad donde nació prácticamente no hay intimidad entre las parejas. Ni siquiera se dirigen a la mujer por su nombre. 

— Tengo que decir que hay parejas felices que se quieren y otras que no, y también hay violencia doméstica. La intimidad supongo que depende de cada caso. Pero sí es cierto que en este tipo de matrimonios concertados hay muchas probabilidades de que no se llegue a conocer muy bien a la pareja. Y también es bastante habitual que haya distancia entre las parejas. En el mundo secular a veces también hay una falsa intimidad. Pero creo que en la comunidad cometen un grave error en el tema de género. La mujer [las mujeres se rapan el pelo, lo esconden para no tentar, y los hombres no las pueden mirar directamente] no tendría que ser nunca menos que un hombre. Hay mujeres con mucho talento y no tiene ningún sentido que no puedan liderar una comunidad. Y la separación entre hombres y mujeres es radical, los padres se pasean con los hijos y las madres con las hijas. 

Usted no había tenido ningún contacto con ninguna mujer los cinco años antes de conocer a su esposa.

— Sí. Está relacionado con el concepto de la pureza, y una parte fundamental es la separación de los sexos. Y se considera que tiene que haber abstinencia sexual y que las relaciones sexuales se tienen que tener dentro de unos parámetros muy definidos. 

Ser mujer en una comunidad así tiene que ser difícil, prácticamente se vuelven invisibles.

— Cuando crecen tienen una vida más relajada que los chicos porque no tienen que pasar horas y horas estudiando las leyes religiosas, cosa que es un tormento. Pero cuando se casan es durísimo, tienen hijos, uno detrás del otro, y se ocupan solas de la familia. Creo que hay un gran resentimiento silenciado. 

¿Cómo fue adaptarse en el mundo exterior?

— Como haber llegado de otro planeta. Creía que había aprendido algo mirando alguna película, pero no [sonríe]. Con el tiempo me relajé porque me di cuenta de que no tenía que saber ni seguir todas las normas y de que podía tener mi propia manera de encarar el mundo. Ni siquiera sabía cómo comunicarme con la gente, tener una conversación básica. Al principio me sorprendía que en un edificio los vecinos ni siquiera se saludaran. Me parecía inconcebible. Y después, pedir para salir a una chica... no sabía cómo hacerlo. Y el hecho de arriesgarme a ser rechazado, exponer mi vulnerabilidad de este modo, se me hizo muy difícil.

¿Por qué cree que comunidades como la suya no quieren tener nada que ver con el resto del mundo?

— Hay un deseo de aislamiento pero también de ser comprendidos. Se sienten muy frustrados porque creen que no los entienden y que los juzgan.

¿'Unorthodox' o 'Shtisel'?

Unorthodox, la serie que cuenta cómo una chica de 19 años abandona una comunidad jasídica de Nueva York, fue una de las más vistas en Netflix durante la pandemia. Shtisel es otra serie de éxito que relata el día día de una familia que vive en el barrio ultraortodoxo de Jerusalén. La vida de estas comunidades se ha convertido en un filón, con documentales como One of us (2017) y películas como Hijo de Void (2012) y Disobedience (2017). "Unorthodox está muy bien hecha pero las ideas que hay detrás no son tan buenas, ni en el mundo jasídico todo el mundo es malo ni en el mundo de fuera todo el mundo es tan bueno: la chica que se marcha de su comunidad es rápidamente aceptada y todo el mundo la recibe con los brazos abiertos porque es como una de ellos, y eso no pasa nunca, porque no es nada fácil encajar, muchos te ven como a alguien extraño", dice Deems, que es más fan de Shtisel. "Simplemente es la vida de una familia, sus problemas y sus dificultades, y creo que es admirable y también una serie que puede mostrar cómo es este mundo. El público puede acceder a él y quitarse algunos prejuicios", añade.

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