Arte

La chica que perdió a sus padres en el genocidio tutsi, y no quiso hablar de ello

La fotografía de Alfredo Jaar, entre las obras destacadas de 'Desenfocat', la nueva exposición del CaixaForum

'Seis segundos', de Alfredo Jaar, en la exposición 'Desenfocado'
19/05/2026
4 min
  • CaixaForum de Barcelona. Del 21 de mayo al 27 de septiembre.

El Proyecto Ruanda ocupa un lugar destacado en la trayectoria del artista chileno Alfredo Jaar. Hizo más de 3.500 fotografías durante las tres semanas que pasó allí en 1994 documentando el genocidio que sufrieron los tutsis. El objetivo era denunciar la pasividad de la comunidad internacional ante la masacre. Pero cuando volvió a Nueva York, se dio cuenta de que las imágenes eran demasiado duras y que tenían un carácter demasiado periodístico; así que empezó a trabajar en diferentes proyectos artísticos para mostrarlas. Una de estas imágenes, titulada Seis segundos, se puede ver ahora en la nueva exposición temporal del CaixaForum de Barcelona, titulada Desenfocado. Otra visión del arte.

Efectivamente, la mujer de la fotografía de Jaar está desenfocada, pero se trata de invertir la situación y no ver lo indefinido y lo impreciso como defectos o señales de obra inacabada, sino como un nuevo horizonte creativo y un estímulo intelectual. De Seis segundos, Jaar recuerda lo siguiente: "Esta chica fue testigo del asesinato de su padre y de su madre a hachazos. Había concertado una cita para que me explicara su historia. Pero, cuando llegó, cambió de opinión [...]. Cuando se giró y se fue, cogí la cámara y disparé muy bien sin enfocar; por eso aparece borrosa". Entonces, la imagen se convirtió en otra cosa. "Representa mi incapacidad para explicar la experiencia de esta mujer, o la experiencia de Ruanda; mi imposibilidad", dice Jaar.

"La Segunda Guerra Mundial marcó un punto de inflexión en cuanto a usar el desenfoque como un distanciamiento de una realidad que es demasiado dura", afirma Emilia Philippot, jefa del departamento científico y de colecciones del Museo Rodin de París y comisaria de la muestra junto con la directora del Museo de l'Orangerie, Claire Bernardi. "No queremos guiar a los visitantes, sino que se planteen preguntas ante cada una de las obras", remacha Bernardi.

La exposición es fruto de la alianza de la Fundación La Caixa con el Museo de l'Orangerie, y es una de las primeras dedicadas al desenfoque más allá de la fotografía: en la pintura, la escultura y el vídeo. Incluye 77 obras de 58 artistas, entre los cuales hay grandes nombres como Claude Monet, Alberto Giacometti, Mark Rothko, Thomas Ruff, Nan Goldin, Christian Boltanski, Hans Haacke, Julia Margaret Cameron, Bill Viola y Pipilotti Rist. Después de verse en el mismo Museo de l’Orangerie y en el CaixaForum de Madrid, en Barcelona la muestra incorpora una pintura inacabada de Turner, El puerto de Brest: muelle y castillo, propiedad de la Tate; el desnudo de espaldas I.G., de Gerhard Richter; y el grabado de Odilon Redon El contorno vaporoso de una forma humana, en cuyo fondo hay una presencia inquietante que parece amenazar a la mujer protagonista.

"La idea de partida es que al recorrer las salas los visitantes tengan primero una sensación, incluso física, de desconcierto ante las obras. Queremos que enfoquen, que intenten comprender lo que están mirando. Pedimos que le dediquen tiempo, que se dejen llevar primero por la percepción antes que por el pensamiento", señala Bernardi. Otra de las obras más conocidas de la muestra, Jpeg ny01, de Thomas Ruff, es también una reacción ante una tragedia: se trata de una imagen desenfocada de las Torres Gemelas durante los ataques del 11-S, con la que Ruff quiere cuestionar la objetividad de la fotografía y resaltar la capacidad del cerebro para crear imágenes con menos información.

Del colectivo a lo íntimo

El recorrido arranca con el Cubo de condensación, de Hans Haacke, que cambia según la cantidad de gente que hay dentro de la sala. A partir de aquí, las comisarias plantean un rosario de ámbitos que van de lo más particular, como es el caso del vértigo de Personaje contemplando el informalismo, de Perejaume, hasta lo colectivo. Otro rasgo de la exposición es el diálogo de obras de diferentes épocas. Así, cerca de El estanque de los nenúfares, armonía rosa, de Monet, están los dibujos de Clémence Mauger, hechos a partir de tallos de uva vistos a través de un microscopio. "La emergencia de la imagen científica permitió a la humanidad reposicionarse y replantear su lugar, al mismo tiempo que tomó conciencia de que una parte de esta percepción se nos escapa", dice Philippot.

Después de la parte central, dedicada a la relación con la historia colectiva, donde están los trabajos de Jaar y Ruff, la exposición continúa con un ámbito que tiene que ver con "la memoria personal, la identidad, la indeterminación respecto a categorías como el género y la pertenencia", añade Philippot. Este es el caso de un pequeño autorretrato del escritor y fotógrafo Hervé Guibert. Se lo hizo cuando ya sabía que era seropositivo y es evocador de la fragilidad del cuerpo y la proximidad de la muerte. Y para acabar, hay un epílogo sobre la incertidumbre del futuro, donde destaca una naturaleza muerta de flores de la fotógrafa Nan Goldin hecha durante los primeros días del confinamiento de la pandemia de la covid. "Se trata de hacer una llamada a la elevación, a la inspiración, a la espiritualidad, para encontrar nuestro lugar en este mundo convulso de hoy", dice Philippot.

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