Cine

Victoria Luengo: "De los 20 a los 29 años, la imagen que tenía de mí era la de alguien chocando contra un muro"

Actriz. Estreno 'El ser querido'

Victoria Luengo en el Festival de Cannes.
24/08/2026 - 14:02 h.
8 min

BarcelonaEl 2026 es de Victoria Luengo (Palma, 1990). Tras su primer papel importante con Almodóvar (Amarga Navidad), llegó el estreno en Cannes de El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, donde interpreta a Emilia, una actriz hija de un famoso director (Javier Bardem), que vuelve a España tras muchos años en Hollywood y le ofrece un papel en su nueva película. Es un drama metacinematográfico con muchos pliegues morales que llega a los cines este miércoles 26 de agosto, pocas semanas antes del estreno en San Sebastián de Sants, el reencuentro de Luengo con Mikel Gurrea, que ya la dirigió en Suro.

Cuando hace unos meses presentó El ser querido y Amarga Navidad en el Festival de Cannes, le debieron preguntar un centenar de veces cómo se sentía al tener dos películas en la competición oficial. Ahora que ha podido saborear la experiencia, ¿qué significó realmente aquel momento?

— No tengo una sensación muy diferente, porque viví la experiencia de una manera bastante honesta con lo que yo estaba sintiendo, tanto las cosas buenas como las malas. Fueron unos días de mucha alegría que recordaré toda la vida, pero también fue agotador. En aquel momento, con los nervios y la excitación no te das cuenta, pero requirió un nivel de entrega muy grande. Y al volver me di cuenta de que la exposición había sido brutal, mucha más de la que yo estoy acostumbrada. Durante ocho días estaba en todas partes. Pero esto ya me ha abierto algunas puertas y ha colocado mi nombre en un lugar diferente.

¿Como actriz, le preocupa este nivel de exposición? Cuanto más famosa sea, más fácil será que el espectador sea consciente de estar viendo a Victoria Luengo, la actriz, y no al personaje.

— Sí. Una de las mejores cualidades que puede tener un actor es el misterio, porque si pierdes esa pátina de duda y la gente sabe quién eres y cómo vives... Vivimos en una época de tanta exposición y tantas fotos en Instagram que es difícil mantener oculta tu faceta personal. A mí me gustaría mantener cierta distancia. Primero, porque es más sano para mí, la mejor manera de lidiar con esta exposición. Pero también porque, como actriz, es interesante que el espectador tenga cuanta menos información sobre mí, mejor.

La primera vez que recuerdo fijarme en su trabajo fue en Born (2014), una película bastante interesante de la que casi no se habló. Que doce años después sus películas se esperen con expectación, mucha gente las vea y se hable mucho de ellas debe ser muy gratificante, sobre todo después de haber picado tanta piedra.

— Sí, es muy bonito, porque este trabajo a veces es muy poco meritocrático, y muy poco objetivo. Al final, calificar de buena o de mala una obra de arte es tan subjetivo... Resulta muy frustrante hacer un proyecto que sabes que está muy bien y que no lo vea nadie. Yo misma me preguntaba una y otra vez por qué no funcionaba... De los 20 a los 29 años, la imagen que tenía de mí en esta profesión era la de una persona chocando contra un muro. El muro no se rompía, pero el golpe hacía una pequeña grieta. Y entonces volvía: ¡boom! Y no se rompía. Otra vez: ¡boom! Y no se rompía...

¿Cuándo se rompió?

Con Antidisturbios. Es cierto que antes tuve la suerte de hacer teatro en Barcelona, cosas que me gustaban mucho como Una gossa en un descampat o Una història catalana, y eso me ayudó a aprender el oficio y a saber qué tipo de actriz quería ser.

Y siento aquella sensación de estar chocando contra un muro.

— Exacto. El muro tiene mucho que ver con lo audiovisual, donde juegan muchos factores. A mí me costó mucho romperlo, pero cuando lo rompes algo se activa. La cosa es que no depende de ti. No depende de ser muy buena actriz, ni de tu formación. Depende de tener la suerte de ir a un casting como el de Antidisturbios, un proyecto donde, de repente, tenía un buen personaje, un director muy bueno, un guion muy bueno y buenos actores al lado. La guinda fue que la gente la viera y que fuera bien recibido. Pero es una lotería; lo más normal es que, aunque tú estés bien, no te vea nadie. Tu trabajo tiene el mismo valor, pero si nadie te ve no avanzas a la siguiente casilla. Tienes que volver a empezar, hasta que algún día se rompe el muro y, entonces, tienes unos años para coger impulso. Pero de aquí a unos años volveremos a hablar y seguramente te explicaré que el impulso se acaba y que vuelvo a chocar contra un muro, porque eso es lo que le pasa a mucha gente.

Yo apostaría que no. Uno de los proyectos que han salido después de romper el muro es El ser querido, con el mismo equipo de Antidisturbios: el director Rodrigo Sorogoyen y la guionista Isabel Peña. ¿Es cierto que la idea de la película surgió, precisamente, en una cena de los tres?

— Sí. Hicimos una comida hace cinco años en Bilbao, donde yo estaba haciendo una obra de Andrés Lima. Y hablamos de nuestras familias, de los padres... A mí es un tema que me toca muy adentro. Y hablando sobre la posibilidad de hacer algo sobre la figura paterna, salió la idea de juntarlo con una película sobre el mundo del cine que ellos ya querían hacer. Y así nació la semilla. Aquel mismo día dijimos: “¿Te imaginas que lo pudiéramos hacer con Javier Bardem?” Y cinco años después estoy aquí hablando de la película. Me siento muy afortunada. Es precioso haber estado en el momento inicial con dos personas con tanto talento como Rodrigo y Isabel, que ya son mis amigos para siempre. Con ellos tengo la sensación de formar parte de una compañía de teatro, de un grupo de gente que se entiende trabajando y que se junta para contar historias durante muchos años.

Interpretar a una actriz parece, a priori, una ventaja, pero viendo la película pensé lo contrario, en el sentido de que el personaje es una actriz muy diferente, que no tiene clara su vocación y para quien, según cómo, actuar es una manera de ser mirada por su padre. Y con todo esto presente, interpretarla cuando ella actúa también debe haber sido un reto.

— Así es. Tenía más o menos claro por dónde iba Emilia, pero cuando ella hace de Gabriela, que es el personaje de ficción que interpreta en la película de su padre, no sabía si debía hacerlo muy diferente o no, y le di muchas, muchas vueltas. Yo en un set de rodaje soy exactamente igual, no hago nada diferente. Y se me ocurrió justamente lo que has dicho, que cuando yo era Gabriela estaba siendo mirada por mi padre. Ella ha querido toda la vida que él la mire, y en este rodaje, cuando oye "Acción", sabe que su padre la está mirando. Eso me sirvió como motor, y la acción para trabajar era el hecho de querer gustarle. Siempre trabajo con acciones, porque es lo que hacemos en la vida. Ahora estoy aquí queriendo tener un discurso que interese, una conversación interesante de leer, queriendo gustarte a ti, que funcione la entrevista. En la vida siempre hacemos acciones, y es lo que hago en cada escena: elegir cuál es la acción. Y cuando Emilia interpreta a Gabriela lo que quiere es seducir a su padre.

Como se suele decir, nadie escoge a sus padres. Pero a El ser querido sí que ha podido escogerlo: ni más ni menos que Javier Bardem.

— A ver, lo han elegido más Rodrigo y la Isabel, pero sí, es alucinante. En los últimos dos años me han pasado dos cosas muy fuertes: trabajar con Javier Bardem y trabajar con Pedro Almodóvar. ¿Cómo puede ser que yo esté trabajando con gente que me ha servido de referencia toda la vida? Ha sido precioso. Javier es un hombre extraordinario, un gran compañero y, no hace falta que lo diga, un gran actor. Y me hace muy feliz descubrir que los mejores son también la mejor gente.

Se ha comentado mucho la primera escena, un cara a cara de cerca de veinte minutos entre los dos. La rodaron en tiempo real, sin ensayar, y era prácticamente la primera vez que se veían. ¿Hasta qué punto ayudan estos dispositivos de cine vérité?

— Mucho. Javier y yo nos habíamos visto solo una vez, hacía ocho meses, en una reunión de trabajo. Y entre los personajes había años de distanciamiento y de miedo. Gracias al dispositivo, el miedo y la distancia eran reales. A ver, somos actores y podemos hacer y rehacer una escena mil veces, pero hay una cosa que no se puede actuar, y es la sorpresa. Y en un rodaje, cuantos más accidentes pasan, mejor es el trabajo. Cuando pasa algo que no esperas y la cámara está allí para grabarte, es maravilloso. Y rodando la escena inicial de esa manera, Rodrigo nos proporcionó la posibilidad de tener muchos accidentes y que pasaran muchas cosas que yo no sabía que pasarían.

¿Es su secuencia favorita?

— Me gusta más una que me costó mucho, la del espejo, cuando imito a mi padre. La escena estaba escrita en clave cómica, pero el día del rodaje pasó algo mágico, un accidente. Rodrigo quiso probar algo y me pidió que buscara en el espejo algo de mi cuerpo que me hiciera decir: “Soy él. Está dentro de mí”. Y, de repente, vi algo de mi cuerpo que relacioné con mi padre de verdad. Son cosas que no puedes controlar pero que pasan, porque somos humanos y estamos vivos. Y me invadió una emoción... Cuando veo esta escena, el último plano, me veo a mí misma con 5 años y es precioso. Aquella secuencia es ahora Emilia buscando a su padre en ella misma. Y es tan potente y cogió tanto significado que se reescribió la película para ponerla más al final.

Otro momento muy potente y comentado es la escena del rodaje de una comida en la que el director que interpreta a Bardem pierde los papeles y tiene un comportamiento abusivo y violento con el equipo. ¿Durante su trayectoria ha vivido momentos similares en un rodaje?

— He tenido la suerte de no sufrir abusos de poder con este nivel de violencia. Escenas como la que se ve en El ser querido, con un director gritando, insultando y amenazando al resto del equipo, no las he vivido nunca, afortunadamente. Sí que me he encontrado directores que no han sabido leer mi vulnerabilidad. A veces me he sentido humillada en un rodaje. Y me he sentido poco cuidada en la manera de dirigirme o de dirigirse a mí, en unos momentos en que mi vulnerabilidad era inexistente, como si yo no importara. Pero he tenido la suerte de no encontrarme a nadie que me gritara o me insultara.

¿Si tuviera que explicar cómo una niña mallorquina que crece en Barcelona acaba convirtiéndose en una gran actriz de cine y teatro, cuál sería la primera escena de la historia?

— Para contestar tendría que saber antes por qué me he dedicado a esto, y no lo sé. No recuerdo el día en que quise ser actriz por primera vez. Siento que es un deseo que nació conmigo. Puestos a hacer de guionista, y siendo muy honesta, la primera escena sería yo de pequeña haciendo algo en casa para ser vista por mi familia. Y lo mezclaría con otra escena en una clase de teatro sintiendo mucha felicidad. Me lo pasaba pipa en clase, tenía 8 años y era el lugar donde me sentía más feliz. Cuando a los 10 años me apuntaron al Memory, la escuela de teatro musical, yo vivía con mis abuelos y mi madre. Y el primer sábado que tenía clase desperté a mi abuelo. “¡Me tienes que llevar a clase, abuelo!” Y él: “Que no es hoy, Victoria. Es la semana que viene”. Y fui tan pesada que me llevó, pero, evidentemente, el lugar estaba cerrado. Siempre he sido muy terca y perseverante en todas las cosas.

¿Y recuerda la primera vez que se puso delante de una cámara?

— Profesionalmente, fue en El cor de la ciutat, donde tenía una o dos secuencias a la salida de una discoteca, fumando un cigarro. Yo no había fumado nunca, y mi madre me enseñó. Pero me daba mucha vergüenza, porque en la secuencia yo tenía que decir: “¿Quieres que te enseñe a fumar?” Y se notaba mucho que yo no sabía, de fumar.

stats