Literatura

Dos amantes cobijados en una barca

En 'Poema del deseo', Rosa Font Massot quiere construir "un espacio literario donde el deseo amoroso es fusión con el mundo y con todo lo que percibimos y somos"

Las playas de Ksamil, en Albania
11/02/2026
2 min
  • Rosa Font Massot
  • Proa
  • 96 páginas / 17,90 euros

Rosa Font Massot no se ha puesto por poco, y se ha propuesto escribir sobre el deseo. Sobre el deseo sexual, perentorio y vitense, pero también sobre el deseo espiritual de creación, el de cantar. Y, todavía, sobre el deseo de olvidarnos de nuestra condición moridora, de cambiar nuestra mirada, para contemplarnos desde fuera, o desde muy arriba, como insinúan los versos de Iorgos Seferis que encabezan el último canto de este poema: "Bajo el cielo, somos nosotros los peces y los árboles. Sobre el deseo de entender la vida desde su origen, sin la mediación –y la extrema, íntima complicación– de la conciencia. Es, por todo ello, un libro ambicioso: "El Poema del deseo quiere ser la construcción de un espacio literario donde el deseo amoroso es fusión con el mundo y con todo lo que percibimos y somos".

El poema –porque se trata de un solo poema unitario– se estructura en siete secciones, como si se tratara del relato lírico de siete días en pro, poesa, en todo poesía breves, hechas de versos de arte menor, en los que luce el estilo –tan reconocedor– de la autora: el uso de un lenguaje metafórico y simbólico resulta esencial (como el de la sinestesia o la antítesis, pongamos por caso). "respiran luz", los amantes se nos aparecen "de llamas vertiente", el mar sufre un incendio y hay "raíces de fuego"

El escenario es, pues, el mar, y una barca, el espacio de intimidad de los dos amantes –como escribió. Joan Maragall–, aguas extendidas que se mueven eternamente. Éste es el lugar alegórico del viaje. Con una dicción sapiencial, la poeta nos había advertido que "la viña está lejos. / Y el huerto. Y la higuera", porque "nos llama el agua. Y la luz". Lejos de la playa, "somos árboles que arraigan en el agua" (y la barca que cobija a los amantes se convierte en "raíz furtiva"). El altísimo cometido del deseo contrasta con nuestra poquedad: "somos piel de rama vincladiza". Amante y amado (los amigo y amado de la terminología luliana) a menudo se confunden. Sí, Llull resuena en la intención de los versos de la autora, así como el Vinyoli de Libro de amigo (que homenajeaba, a su vez, a los versos místicos del genial beato).

En la quimera de querer expresar el deseo, los sentidos adoptan cualidades diversas, distintas de las habituales: "¿Qué son tus dedos? / Un tel húmedo / cómo la entraña que toca / un ojo de musgo". El extrañamiento que nos producen algunos versos de Rosa Font Massot tiene que ver con el prodigio combinatorio de la poesía, con el vuelco de la lógica empírica, por lo que es posible entre otras experiencias, arbolar el mar, por ejemplo. El viaje del poema ha ido evolucionando del desazón de la piel a la gravedad del espíritu: "Y ahora vivimos en el canto: germinan las palabras como espigas de olas". Y termina, como decíamos, retornando al origen, así como esta lengua sabrosa con la que se ha ido orquestando el poema, remonta a los sonidos primigenios con los que empezó a constituirse. Al fin y al cabo, el ser de latido impetuoso que hemos oído alentar desde el primer canto, y que ha probado "la inmensidad de la Palabra", mide ahora la belleza: "Te fondo". ¡Qué mejor fundición no podríamos concebir!

stats