Josep Pallach, el Pujol de izquierdas

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21/03/2025
Director adjunto en el ARA
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Quisieran serlo tanto Junqueras como Puigdemont e Illa. Lo intentó Josep Benet, un democristiano al frente del comunista PSUC. Pero quien realmente lo habría sido, quien en realidad representaba la gran competencia para Pujol a principios de la Transición, era el socialdemócrata Josep Pallach, unos años mayor que él y que también tenía el pedigrí de la cárcel, de donde había protagonizado una fuga de película en 1946) y del exilio, además de contactos europeos.

Pallach a menudo ha sido explicado cómo la rama derrotada de un socialismo catalán dividido, cosa en parte cierta –pero la unidad se produjo cuando él ya no estaba–. Ahora, visto con perspectiva, en realidad sobre todo era la competencia para Pujol desde la centralidad catalanista: no era marxista, no era independentista, era de izquierdas moderado, defendía una Transición pactada (no rupturista), fue el gran avalista de la carta tarradellista (aunque años antes, en su exilio, le había combatido duramente). Pero en su momento álgido, al día siguiente de ser elegido secretario general del PSC (el Reagrupament), el 10 de enero de 1977 moría de un ataque al corazón. Tenía 56 años.

Esta es la visión que se desprende de la biografía muy documentada escrita por Joan Safont, Josep Pallach, política y pedagogía (Pórtico), un libro imprescindible para entender de dónde venimos. Pallach sale reforzado como la figura ascendente que fue, un político y pedagogo hecho a sí mismo, un seductor personal e intelectual, hijo de una familia figuerense de orígenes campesinos. Un verdadero socialdemócrata, abierto a acuerdos con nacionalistas (tanto con la ERC de su amigo Heribert Barrera como con la EC de Trias Fargas) y con sectores cristianos de izquierdas y no tanto de izquierdas (tenía buenas relaciones con Unió), que lo hubiera tenido bien para situarse en el centro del tablero político.

Los socialistas más jóvenes formados en el interior (Reventós y Obiols, hijos de la burguesía intelectual) aún no habían superado la fiebre marxista, como sí lo había hecho Felipe González a cambio de garantizarse el apoyo económico del SPD. Con Pallach vivo, la unidad del socialismo catalán y su vinculación al PSOE habría pasado por él, que era quien tenía la confianza de Willy Brandt a través de su enviado para los asuntos españoles, Hans Matthöfer, íntimo de Pallach desde hacía años. Cuesta poco imaginar que el propio Matthöfer que le exigió, dos días antes de su muerte, que integrara su PSC en el PSOE, finalmente habría avalado que se pusiera al frente de la fórmula PSC-PSOE que acabaría cuajando. Reventós, hasta no hacía tanto fiel admirador y discípulo político de Pallach, le habría cedido el liderazgo. Y la federación catalana del PSOE de Josep M. Triginer también le veía con buenos ojos. Pero todo esto no ocurrió, claro.

Otro factor clave que le habría favorecido: Tarradellas. Pallach era el único líder del interior que realmente quería su regreso como presidente de la Generalitat restaurada. Lo defendió dentro de las plataformas del antifranquismo y ante el Estado, por ejemplo en una reunión privada, de casi una hora, con Suárez el 6 de diciembre de 1976. El día antes, en Madrid, se había entrevistado con Willy Brandt, con quien se habían tomado una foto con apretón de manos. Tarradellas, que nunca tuvo sintonía con Pujol ni con Josep Benet, y que no veía fiables por su marxismo ni a los socialistas más jóvenes ni por supuesto al PSUC, sin duda habría jugado a favor de Pallach como su relevo natural. Eran dos gatos viejos que se habían reencontrado.

¿Qué Cataluña tenía en la cabeza este Pallach que, si no hubiese muerto repentinamente, habría podido convertirse en un Pujol de izquierdas? Autogobierno dentro de una España federal, plenitud para el catalán, un estado del bienestar no burocratizado (abierto a la iniciativa privada con vocación de servicio social), europeísmo y libertad antisectaria (como militante del POUM había sufrido el estalinismo y de mayor le acusaban de agente de la CIA por su moderantismo). No era banquero ni tenía patrimonio. Era un hombre del pueblo y para el pueblo con coherencia entre ideología y vida. Éste es el Pallach que nos perdimos.

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