¿Es el erotismo de 'Josafat' más liberador que el de 'Los Bridgerton'?
El libro de Prudenci Bertrana celebra 120 años con una reedición y una relectura con más de 150 personas en los sótanos de la catedral de Girona
GironaUna puerta oculta tras uno de los bancos de la capilla del baptisterio de la catedral de Girona lleva a una dimensión suspendida en el tiempo. Es la entrada al campanario de la nave medieval más ancha del mundo. Sobre los muros góticos aún se lee el nombre de las campanas, y del techo cuelgan las cuerdas para hacerlas sonar. Subiendo una preciosa y humilde escalera helicoidal se llega a una de las estancias que, con toda seguridad, el escritor gerundense Prudenci Bertrana pisó a principios del siglo XX. Es donde vivía el campanero hasta antes de la Guerra Civil. Tras una gran ventana con vistas a la plaza dels Apòstols se esconde una vivienda de dos pisos con tres celdas, como si fuera un escenario. El mismo donde podemos imaginar viviendo al protagonista de Josafat, el campanero encorvado, de cráneo puntiagudo, nariz de águila y pelo áspero que vive aislado, constreñido entre la lujuria y el peso del pecado para caer en la seducción de una prostituta.
La historia de deseo tortuoso y lujuria entre este Quasimodo a la gerundense y la Fineta, con el templo como tercer personaje de discordia y un campanario en forma de falo, escandalizó a la sociedad de la época hace justo 120 años. Era 1906 y la imprenta Ribas de Palafrugell asumió el reto de sacar al mercado una novela tildada de "sacrílega" en su momento y convertida en un clásico de la literatura catalana. Este jueves por la tarde, más de 150 personas se congregarán en los sótanos de la catedral para releerla, en la primera Bertranada organizada por la editorial Ela Geminada con el apoyo del Capítulo de la Catedral, la Fundació Prudenci Bertrana y el Ayuntamiento de Girona. Con motivo del 120.º aniversario, se ha reeditado el clásico de nuevo de la mano de Xavier Pla, con el texto de la reedición de 2017 que recupera la escritura original del escritor gerundense previa a Pompeu Fabra.
Pero la edición especial va más allá, con la incorporación de tres epílogos de jóvenes escritores que hacen una relectura de la obra en clave del siglo XXI. Una manera de actualizar el clásico y hacer de puente entre una sociedad con un gran peso de la religión y un momento, el actual, en que el peso del individuo lo marca todo. "Ya teníamos dos ediciones en el catálogo muy diferentes entre ellas y vimos en la excusa del aniversario una manera de poner de novedad en las librerías un libro que sale mucho y al mismo tiempo incorporar un epílogo, cosa que no habíamos hecho hasta ahora", explica Laia Regincós, editora de Ela Geminada. El resultado es un Adrià Pujol que compara el Josafat de Bertrana con "nuestro incel, encerrado y adicto a la pornografía digital". O bien "el chico de extrema derecha, escandalizado con las ideologías progresistas". Personas al límite en una atmósfera de una sociedad en un "callejón sin salida".
Deseo y contención
Mientras que Pujol recuerda cómo la primera lectura de Josafat le sotragó la cabeza cuando se la hicieron leer en COU en el Institut de Palafrugell y se imaginaba a la Fineta como la cantante Samantha Fox, la periodista cultural y creadora de contenidos Clàudia Rius firma un epílogo en el que se enfrenta a una obra que ha leído por primera vez a la treintena. Asegura que ya la ha recomendado a un par de hombres que escriben sobre masculinidad. "Sentimos que somos la sociedad más libre, pero pocas veces he leído sobre sexualidad como con Prudenci Bertrana –reflexiona la conductora del pódcast La contracoberta, que aborda autores clásicos–. ¿Es quizás más liberador Josafat que
Los Bridgerton"
. Una analogía con las series y los contenidos de las plataformas audiovisuales, controlados al milímetro para que sean para todos los públicos, que para Rius han creado una sociedad actual "especialmente devota". "Releer Josafat nos devuelve a una imagen extrañamente puritana sobre nosotros mismos", añade.
El siglo XXI se ha convertido en una sociedad donde reina la perspectiva del yo y el sobrepensamiento, mientras que para Rius el escritor gerundense nos pone delante de seres pasionales que si algo temen es a Dios. Pero en este contexto, si a Rius un personaje le ha robado el corazón es el de la Fineta, que solo puede clasificar como "libre": "Tenemos la visión de que las mujeres de antes debían ser puritanas, y lo que llama más la atención es que la Fineta justamente quiera explotar su deseo, a pesar de todo". El mito de la Bella y la Bestia cobra aquí una dimensión que Bertrana, durante toda la novela, ya va avanzando que acabará mal.
En el último epílogo, la escritora de la generación Z Núria Bendicho se pone en la piel de "La Josafat", una niña de familia desestructurada que sufre
bullying en la escuela y que convierte su azotea en el espacio donde se aísla del mundo. Una protagonista contemporánea de la obra de Bertrana que desde su particular campanario convierte la oscuridad de Barcelona en un "aguacero inclemente" que se lleva "la inmundicia de los hombres, la tristeza de los espíritus" y su "desengaño".
Espacio de encuentro en la catedral
Este jueves se cambiará el campanario por los sótanos de la catedral, debajo de la colosal escalinata barroca. La primera Bertranada quiere ser un acto de ciudad que inicialmente estaba pensado para un máximo de 80 personas. Pero al agotarse las entradas gratuitas en menos de dos horas se decidió duplicar el aforo. Quiere ser un encuentro de relectura de un clásico también desde una visión multidisciplinaria. Glòria Granell y Judit Pujol la iniciarán con una aproximación al conjunto de la figura del autor, a continuación Pla y los firmantes de los epílogos harán una mesa redonda y la velada se completará con una lectura de fragmentos de la obra a cargo de Jordi Garcia, una intervención artística en directo de Joan Mateu –autor de las piezas que acompañan la edición conmemorativa– y la proyección del tráiler de la película Josafat, dirigida por Xavi Puebla.