Novedad editorial

Nerea Pallares: "A los grupos de autodefensa feminista te enseñan hasta dónde estás dispuesta a llegar"

Escritora, publica 'Punto de araña'

Nerea Pallares fotografiada en Barcelona
31/03/2026
6 min

BarcelonaPescadores, brujas y encajes de almohada. Quizás nadie preveía una novela con estos ingredientes. Pero la sorpresa y el riesgo son toda una declaración de intenciones, en Punt d’aranya (en Periscopi en catalán, traducida por Eduard Velasco, y en Asteroide, en castellano): en el corazón del libro están los elementos más particulares e identitarios de la vida en la Costa da Morte gallega. Nerea Pallares (Lugo, 1989) ha tejido una novela sobre un mundo violento que no lo parece y sobre una venganza que puede cambiar la realidad.

Las encajes de almohada y los encajes parecen poca cosa, porque son cosa de mujeres y, en cambio, tú las sitúas en el centro de la vida de Camariñas.

— Los encajes se asocian al ámbito doméstico, a una actividad propia de gente mayor, porque es verdad que las mujeres de la novela tienen más o menos 50 años, pero en realidad ahora mismo las que se dedican al bolillo en Costa da Morte son señoras mayores, y es fácil asociarlas a algo inofensivo. Me gustaba mucho la idea de revertir este símbolo y hacer que de unas mujeres que se reúnen para tejer juntas se derive una posible revolución. Es un poder que realmente tenemos, la cuestión es darnos permiso para ejercerlo.

Como canta Maria Arnal del poema de Joan Brossa: "La gente no se da cuenta del poder que tiene".

— Sí. Porque son mujeres que están sosteniendo toda una realidad y, si dejaran de hacerlo, el sistema como tal caería. A veces creo que no nos damos cuenta. Yo he estado muchas veces en grupos de autodefensa feminista, donde te enseñan técnicas para protegerte en caso de sufrir una agresión, pero también te enseñan, y es muy importante, hasta dónde estás dispuesta a llegar: ¿te darás el permiso a ti misma para defenderte? Porque también es una cuestión de cambiar el chip y de pensar que tienes derecho a ejercer esta situación para defenderte.

Si ya nos costaría atrevernos a decir a un desconocido que no queremos compartir con él un ascensor para no ser maleducadas o generar incomodidad.

— La ira femenina no se tolera mucho. Tampoco nos damos permiso para estar enfadadas, ni para ser violentas. Imagínate si esta situación que dices implicara violencia.

La novela conecta el mundo real de los pescadores, las rederas, las percebeiras, pescaderas y conserveras, con fuerzas telúricas que tienen que ver con este paisaje salvaje y también con las creencias ancestrales.

— Como emplacé la novela en Camariñas me parecía orgánico y muy evidente que el mar, el viento y el entorno –no sólo como paisaje sino como fuerza viva, porque me parece que tiene mucha presencia y te das cuenta enseguida si pones un pie en él–, me parecía que debía tomar cuerpo físico con las arañas, que materializan esta fuerza salvaje, y debía ser un personaje más.

En este mundo cerrado llega una chica, Ari, para trabajar en el museo de encajes y hacer de guía turística. Pero llega el día que entierran a una niña muerta, que había ido a alta mar con el padre a hacer un trabajo. Un accidente que es la gota que colma el vaso.

— Para que haya un clic es que venimos de una situación de violencia estructural anterior: el vaso estaba a punto de desbordarse. Hay un reflejo de muchos tipos de violencia cotidiana sostenida que han sufrido todas las protagonistas, con situaciones diferentes. Pero la gravedad de lo que pasa es una especie de revulsivo que hace que ellas digan "hasta aquí" y las pone en marcha. Es una respuesta colectiva a un problema que también es colectivo. Aunque podamos pensar que el problema era de una, todas se lo hacen suyo y responden en comunidad.

Todo pasa en un pueblo de 5.000 habitantes. Desde el punto más pequeño y concreto se desprende una lectura estructural y universal.

— Es una historia muy local, concreta y en un entorno muy reconocible, pero esta estructura desigual es trasladable a muchos presentes simultáneos, a muchos otros contextos. Por eso me interesa el cruce entre lo que es mítico y lo que es cotidiano, esta intersección te permite, desde lo que es local, explicar lo que es universal. Conecta una cosa que sucede en el presente y que es inmanente con una cosa más trascendente, en el sentido de que viene de lejos y que continúa fluyendo en el tiempo. Por eso la novela es circular.

El libro estira el símbolo del hilo, que tiene que ver con la mitología; también con la lengua, porque hay muchas expresiones sobre seguir el hilo o perder el hilo; hace referencia a la red que forman las mujeres, y también hay hilos reales, los de los encajes y las redes que están cosiendo.

— Para mí el disparador es el bordado como forma expresiva anterior a la palabra y la relación que hay entre texto y tejido. Hay muchas expresiones en el habla cotidiana que lo hacen evidente y, en concreto, quería buscar una relación causa-efecto para la expresión perder el hilo. ¿Qué pasaría si, tejiendo y destejiendo, aquí hubiera una implicación de otro tipo? Esto me lleva a la pregunta de quiénes son las tejedoras y, por tanto, quién lo sostiene todo de una forma invisible. Hay dos realidades conviviendo, la más mítica y la más cotidiana. Por un lado, las tejedoras son las arañas, que nos remiten a toda esta parte mítica que la novela recoge. Por otro, son las mujeres que están en relación con el tejido del mar, las redeiras y las palilleiras. Y aquí es donde la novela también toma su dimensión más política.

La novela lo que hace es justamente dar voz a las que no la tenían y se la quita a quienes la ostentaban, como una maldición.

— La paradoja total es que las que sostienen la voz de los otros son las que no tienen voz propia. Hago un ejercicio continuo de hacer visible lo invisible, de hacer presente lo que se da por hecho y no se valora. Porque el silencio es una forma de castigo. Sí que hay una dimensión política en la elección del punto de vista: quería que fuera una novela coral, en boca de las mujeres del pueblo, mujeres de esta edad y esta clase de ocupación que no están muy presentes en la ficción. Creo que los espacios de ficción son espacios de representación, recogen lo que sucede en la realidad, pero también acaban influyendo en ella.

La novela da esperanza en un momento apocalíptico.

— Yo fui la primera sorpresa que me saliera algo que no sé si era optimista, pero por supuesto era propositivo. Creo que ahora tenemos muy claro qué es lo que no va bien y me parecía que, como gesto, era interesante decir: quizás sí que hay la posibilidad de revertir una situación y de hacer las cosas de otra manera. No lo demos todo por perdido. En un momento en que sentimos que el apocalipsis nos rodea de manera inminente, que hay muchas amenazas y que no hay posibilidad de pensar nuevas maneras de hacer las cosas, creo que esto también lleva a una cierta desgana y al inmovilismo, y un trabajo de construcción utópica desde la ficción no deja de ser algo incluso subversivo.

Tú ya habías publicado dos recopilaciones de cuentos, Sidecar (2015) y Los ritos mudos (2021) en castellano. Aquí optas por el gallego, que es la lengua que mayoritariamente se habla en Costa da Morte. Y lo haces en el dialecto fisterrano, que se aleja del estándar, y con idiolectos concretos, porque hay percebeiras y reggaetoneras. ¿Cómo has trabajado la lengua?

— Elijo el gallego porque es mi lengua y porque es una novela muy vinculada al territorio, ligada a la oralidad y que piensa mucho el lenguaje, reflexiona sobre de dónde sale la palabra para nombrar realidades preexistentes... Era lo más natural y lógico. Y atender la oralidad pasa por recoger diferentes idiolectos, efectivamente, porque no se expresan igual las mujeres de 50 años que sus hijas adolescentes.

No sé si hay una toma de conciencia aquí respecto a la lengua gallega.

— Va muy ser orgánico y es una línea que me gustaría seguir. No sabría decirte por qué antes no y ahora sí. Creo que en Galicia estamos en un buen momento, hay muchas autoras que están sacando sus primeras novelas y es un momento interesante, especialmente fértil, para voces muy diferentes. Esta novela salió en gallego en junio y funcionó por boca a boca, y ahora con la salida del libro en catalán y castellano, sí que está habiendo bastante visibilidad gracias al apoyo editorial, pero también es verdad que es abrumadora la cantidad de libros que llegan a las librerías. Los libros anteriores los publiqué con sellos literarios muy, muy pequeños; de hecho, uno ya no existe. La recepción nunca la puedes prever y no creo que debas pensar en ella: no es propio de la literatura y te puede condicionar de forma que sea contraproducente.

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