Literatura

Por qué algunos hombres asesinan a mujeres

Maggie Nelson aborda, en 'Las partes rojas', el brutal asesinato sin resolver de su tía

Maggie Nelson fotografiada en Barcelona la semana pasada
05/01/2026
3 min
  • Maggie Nelson
  • La Otra
  • Traducción de Maria Arboç Terrades
  • 256 páginas / 20 euros

Publicada por primera vez en 2007, Las partes rojas es la crónica del juicio de un caso reabierto treinta y cinco años después de que quedara sin resolver: el asesinato de la tía de la autora, algo que, sin haberla afectado directamente cuando sucedió, porque ella ni siquiera había nacido, había planeado siempre como un fantasma sobre la familia, que no encontraba la paz sabiendo que la asa de marzo de 1969, campaba libre. Pero Maggie Nelson es una autora demasiado poderosa y demasiado sutil para escribir sólo una crónica judicial: el libro toma derivadas íntimas hacia su niñez y juventud, marcadas por otras pérdidas, dolor y un progresivo desconcierto, y también se eleva hacia la teoría al proponer una serie de reflexiones más que pertinentes sobre los porqués de la obsesión colectiva con la muerte violenta de las mujeres. Son tres caminos –crónica, autobiografía y ensayo– que se entrecruzan aquí y allá, sin un orden aparente, en cada página del libro, de forma orgánica, como sólo una mano expertísima sabe organizar. Y es que la autora deLos argonautas, el libro que la catapultaría a la fama unos años después –o, al menos, como uno de los iconos de una nueva forma de escribir ensayo autobiográfico– ya probaba aquí con éxito la forma de desplazarse con elegancia y radicalidad desde la teoría literaria hasta una cajita blanca con restos de huesos del padre fallecido. Esa audacia le viene por naturaleza y porque domina las herramientas literarias como quiere. Si, además, la traducción es arrebatada y juguetona, como es el caso, el texto se envuelve tanto como el original.

Hay todavía otra capa de barniz sobre esta triple naturaleza del libro, y es otro libro que funciona casi como una extremidad fantasma, de esas que hemos perdido, pero que nos siguen dañando si tiene que venir un cambio de tiempo, lo que liga muy bien con el carácter fantasmagórico de la tía muerta. Cuando se produjo la llamada de la policía que anunciaba el posible hallazgo del auténtico asesino, Maggie Nelson acababa de publicar un libro de poesía que se titulaba Jane: a murder. Para escribirlo, había pasado cinco años investigando decenas de contenidos de archivo sobre feminicidios en las universidades estadounidenses. Mezclando fragmentos de entradas del dietario de la tía con los resultados de esta búsqueda, el libro quería devolverle la voz a una mujer a la que habían enmudecido.

Cuestionar la devoción por la crueldad

Este enmudecimiento, que siempre es femenino, es otro de los grandes ejes del libro, que puede definirse también como una de las primeras advertencias severas del machismo inherente al auge del true crime. Durante las declaraciones de decenas de hombres testigos, policías o forenses, existe un momento clave que Nelson describe como "la entrada del siglo veintiuno": es cuando la primera mujer sube al estrado a declarar. Una doctora joven que habla de restos de ADN de un modo científico, moderno y lleno de empatía, en contraste con el modo, demasiado apasionado, como un policía jubilado describe las acciones que tuvo que cometer el asesino para romper unos pantis. Es esa pasión, esa devoción por la crueldad lo que Nelson pone en el centro de la diana de sus flechas siempre envenenadas de inteligencia: ¿seguro que no es un error, interesarse tanto por las maneras de matar a alguien? ¿Seguro que es compatible esta obsesión con la compasión que debe despertarnos la muerte de otro ser humano? ¿Seguro que sabemos en qué bando somos?

Lo que la autora quiere poner de manifiesto es la incapacidad de nuestra sociedad de afrontar ni las causas ni los efectos de la violencia contra las mujeres, y allí donde hurga con más atención es en las contradicciones que experimentamos todos los que, por principios, rechazamos esta violencia, pero siempre queremos saber qué ha pasado por el cerebro del ases. La honestidad visionaria de Maggie Nelson nos encuentra siempre con el pie cambiado, como lectores. Y nos arrastra en un bajón hacia los infiernos con los ojos bien abiertos.

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