Libros

Otro Sant Jordi pletórico (y a prueba de alérgicos)

Entre los autores más vendidos de la jornada han habido Regina Rodríguez Sirvent, Gil Pratsobrerroca, Òscar Andreu y Eduardo Mendoza

23/04/2026

BarcelonaSant Jordi ha desbordado Cataluña una vez más con la fórmula mágica que nunca falla: libros para todos los gustos —de la exquisita premio Nobel Han Kang a jóvenes autores enamorados del éxito, como Gil Pratsobrerroca, David Uclés y Inma Rubiales—, rosas a precios que oscilaban de los 4 a los 25 euros y el entusiasmo contagioso de millones de ciudadanos que han salido a las calles dispuestos a pasar un buen rato.

Incluso un escéptico de la festividad como Eduardo Mendoza ha claudicado a su manera. Hace unos días, el autor de Sin noticias de Gurb declaraba que estaba haciendo una campaña para que el 23 de abril dejara de relacionarse con Sant Jordi: "Para mí el 23 de abril es el Día del Libro y punto —dijo—. Sant Jordi era un maltratador de animales que seguramente no sabía leer". Este jueves, aunque se ha mantenido en todo momento a una distancia prudencial de los periodistas, como si le provocaran más alergia que el polvo dorado que caía de los plátanos, Mendoza lucía en la solapa de la americana un pin con un dragón y una rosa, una manera discreta y elegante de zanjar la polémica.

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Una fiesta que no muere de éxito

La fuerza y energía positiva de Sant Jordi puede derrotar a los aguafiestas más recalcitrantes. Otros años se ha dicho que la fiesta había tocado techo y que podía llegar a morir de éxito por culpa de las aglomeraciones. Este año las críticas han quedado desactivadas por el buen ambiente entre los paseantes y las palabras cálidas de muchos autores. "Es un día en el que hay mucha conexión, pulula una especie de amistad", aseguraba Carles Rebassa, que con Prometeu de mil maneres (Univers) ha ganado el último premio Sant Jordi. "Esto que estoy viviendo aquí no pasa en ningún otro lugar del mundo", exclamaba la islandesa Audur Ava Olafsdóttir. A Amélie Nothomb, que el año pasado causó baja a última hora por un problema inesperado de salud, algunos de los cientos de lectores que hacían cola para que les firmara una de las más de 30 novelas que ha publicado le hacían regalos curiosos: "Un lector me ha traído un libro de Kawabata, La casa de las bellas durmientes, otro una caja de bombones, otro un bolígrafo precioso —decía, con una copa de champán aferrada en una mano—. Hay gente muy generosa".

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El único elemento que ha amenazado de perturbar la placidez del día era el polvo que soltaban los frutos abiertos de los plataneros: se acumulaban en el suelo y flotaban en el ambiente. "Es la venganza de los árboles contra el sector editorial por fabricar tantos libros —comentaba un hombre después de un ataque de tos—. Me parece que me tendré que acabar comprando una mascarilla". La presencia de viandantes enmascarados era reminiscencia de los lejanos, pero reales, tiempos de la covid-19. Albert Sánchez Piñol, que ha accedido a firmar ejemplares de sus novelas por primera vez —"las tradiciones están para romperlas", clamaba en el Espai Abacus— ha tenido que recurrir a los antihistamínicos, pero ni así conseguía calmar el picor de los ojos ni la irritación de las mucosas.

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Escritores perseguidos y escritores frívolos

Para los escritores, Sant Jordi es un día que empieza muy temprano y termina tardísimo. Antes del maratón de firmas, autores como Francesc Serés, Màrius Serra, Francesc Torralba y Regina Rodríguez Sirvent —que admitía que le costaba reprimir "el llanto por todas las cosas maravillosas" que está viviendo— han estado presentes en el desayuno que cada año convoca el Institut de Cultura de Barcelona. "Por un día, Barcelona se declara más abiertamente romántica y un poco más sabia", ha asegurado Jaume Collboni, que también ha querido mencionar el programa Escriptor Acollit impulsado por el PEN Català. "Escribir, hoy más que nunca, es un acto de resistencia", ha recordado.

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Por Sant Jordi convive la solidaridad con los autores perseguidos y la frivolidad de algunos plusmarquistas de la firma, a quienes un acompañante les recita el nombre de la persona a quien deben dedicar el libro para no perder tiempo y pasar al siguiente de la cola. Han Kang solo ha firmado 100 ejemplares en dos horas, pero ha estado a punto de fallar a los lectores porque a primera hora de la mañana la ansiedad la devoraba. Tal como explicaba frente a una taza de té humeante durante la comida que Penguin Random House ha convocado en el Hotel Majestic, las masas le dan, sobre todo, "miedo". Le ha tocado sentarse al lado del risueño Joël Dicker, a quien le ha costado Dios y ayuda darle conversación a la premio Nobel: la distancia literaria entre uno y otro es abismal, por mucho que compartan grupo editorial y mesa.

Durante la franja de la mañana hemos visto a Pol Guasch firmando ejemplares de Relíquia (Anagrama) en pantalones cortos. Hemos comprobado el poder de convocatoria de autores como Lucía Solla Sobral, todo un fenómeno editorial gracias a Comerás flores (Libros del Asteroide); Gil Pratsobrerroca, autor de El joc del silenci (La Campana), y Roger Bastida, ganador del premio Santa Eulàlia con Passeig de Gràcia. Hemos comentado con Carlota Gurt "la buena recepción" que está teniendo Els erms (Anagrama) y "la dificultad que tienen los libros que se publican en otoño para llegar vivos" a Sant Jordi: una excepción sería Qui salva una vida, de Núria Cadenes, publicada por Proa en noviembre.

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Una rivalidad también alimentaria

, ambas en La Campana. De primer plato había alcachofas y guisantes con Regina Rodríguez Sirvent, que ha repetido el éxito de Les calces al sol con Crispetes de matinada, ambas en La Campana. De primer plato había alcachofas y guisantes con parfait de foie gras, múrgolas y morcilla. De segundo, rape con bilbaína de espárragos verdes, patata y jamón.

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"Si hay alguna frase que todos deberíamos recordar en un día como hoy es que firmar más libros no te hace mejor escritor", decía Javier Cercas a la entrada del gimnasio del Majestic, lugar por donde debían pasar todos los comensales que pretendían ir al lavabo antes de reanudar la maratón de firmas. Una hora después, el autor de Soldados de Salamina

tenía una cola de lectores tan o más larga que la de Sonsoles Onega o Flavia Company.

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El esperado ranking de los más vendidos

La tarde de este Sant Jordi ha amplificado todavía un poco más el éxito de la mañana y mediodía. Había tramos del paseo de Gràcia intransitables. En el Portal de l'Àngel, que sustituía provisionalmente el tramo de la Rambla, aún en obras, no cabía ni un alfiler. La imagen del paseo de Sant Joan entre Tetuán y la Ciutadella era también espectacular: congregaba miles de paseantes interesados en literatura infantil, juvenil y cómic. A las siete han comenzado las seis manifestaciones simultáneas para denunciar el retroceso del catalán y el aumento de discriminaciones lingüísticas, que se han celebrado en Barcelona, Girona, Reus, Tortosa, Igualada y Manresa.

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Poco después de las ocho de la tarde, la Cambra del Llibre de Catalunya comunicó la noticia más esperada por los amantes de los rankings. La primera estimación de los más vendidos de la jornada, que el mismo gremio podría corregir dentro de unos días, cuando dé a conocer los datos definitivos, ha coronado a Regina Rodríguez Sirvent y Eduardo Mendoza como los dos autores de ficción más vendidos en catalán y castellano, respectivamente. En no ficción, los primeros puestos del ranking los ocupan Òscar Andreu y su Manual de defensa del català (Univers) e Instrucción de novicias, de Ana Garriga y Carmen Urbita (Blackie Books). En libro infantil y juvenil, la décima entrega de Em dic Goa, de Míriam Tirado (B de Blok,) y Si fuéramos eternos, de Emma Gil (Martínez Roca) lideran la lista. La Cambra del Llibre valora "muy positivamente la gran participación ciudadana y el volumen de ventas de libros de esta edición del Día del Libro y la Rosa": las ventas se acercan a los 27 millones de euros, y han superado una vez más la cifra anterior, que alcanzó el récord de 26 millones.

Tenía razón Joan Riambau, director literario de La Campana, La Magrana y Rosa dels Vents, cuando decía que hay un "público lector deseoso de descubrir nuevos talentos de este país". Además de Crispetes de matinada, de Regina Rodríguez Sirvent, en catalán han triunfado El joc del silenci, de Gil Pratsobrerroca —también de La Campana—, y Passeig de Gràcia, de Roger Bastida, publicado por Comanegra. En castellano, el tercer y quinto puesto de la lista los ocupan la debutante Lucía Solla Sobral y el joven y controvertido David Uclés, que ha conseguido repetir el éxito de La península de las casas vacías (Siruela) con La ciutat de les llums mortes (Destino). En no-ficción catalana destaca también la gran acogida que está teniendo el ensayo Anatomia de l'esperança (Destino), del filósofo Francesc Torralba, con el que ganó el premio Josep Pla, y el último libro del médico Oriol Mitjà, el autobiográfico On neix la llum (Columna).