Literatura

El viaje secreto de Penelope Fitzgerald: a la búsqueda de una herencia en México

Jessica Francis Kane recrea un episodio desconocido para hacer un retrato de la escritora británica

Penélope Fitzgerald
4 min

BarcelonaPenelope Fitzgerald (Lincoln, 1916 - Londres, 2000) empezó a escribir en 1975, cuando tenía 58 años. Se estrenó con una biografía del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones, y después hizo otra sobre su padre y sus tíos (los hermanos Knox). Dos años más tarde, publicó la novela The golden child, un relato policial ambientado en un museo de antigüedades donde hace sátira de la burocracia y las absurdidades del mundo del arte. Le siguieron otras obras espléndidas como Innocence (1986), situada en Florencia y con Gramsci como personaje secundario, y The beginning of spring (1988), que narra la vida de un inglés exiliado en Moscú.

A menudo sus personajes viven en los márgenes o están un poco perdidos. La escritora explicó en alguna entrevista que la primera novela la escribió para entretener al marido, que sufría alcoholismo. Ambos compartían la pasión por la literatura y fundaron una revista, pero siempre vivieron con el agua al cuello. A la norteamericana Jessica Frances Kane, nacida en 1971, le fascina Fitzgerald. Por eso decidió adentrarse en uno de los capítulos más desconocidos de una de las escritoras inglesas más admiradas del siglo XX. En el libro Fonseca (Navona/Impedimenta), con traducción al catalán de Esther Roig, imagina cómo fue su viaje a México. Embarazada del tercer hijo y acompañada del mayor, que tenía cinco años, Fitzgerald fue a vivir a casa de las hermanas Delaney, dos mujeres mayores irlandesas propietarias de una mina de plata en México, con la esperanza de que le dejaran una herencia. "Siempre la he considerado mi escritora favorita. Cuando descubrí el viaje, una laguna en su biografía, pensé que había espacio para la ficción. Tenía 36 años y todavía no era la gran escritora que sería, pero ya se consideraba. Me interesaba explorarlo: vivía una aventura y quería escribir, pero aún le faltaban años para publicar", asegura Kane, que se inspira en datos biográficos, las novelas de Fitzgerald y un texto que la escritora inglesa publicó en 1980: Following the plot, en el que menciona brevemente el viaje a México. "En los primeros párrafos introduce el escenario: la casa, las mujeres que conoció… y yo pensé que podía expandir todo eso con imaginación. Había un relato que crear sobre qué debía sentir, ver y vivir en aquella etapa", dice Kane.

Durante los tres meses que Fitzgerald vivió en la casa de las hermanas Delaney, coincidió con toda clase de personajes que aspiraban a lo mismo que ella, la promesa de dinero. Es un microcosmos estrambótico, donde Fitzgerald tiene que aprender a relacionarse y reflexiona sobre el arte, el dinero, la maternidad, el paisaje, las ambiciones de cada uno, y el amor.

La atracción hacia un desconocido

Es un misterio por qué Fitzgerald decidió hacer un viaje tan largo embarazada y con un bebé tan pequeño sin conocer ni saber prácticamente nada de sus anfitrionas. Según la autora, había varias razones posibles, todas plausibles: "Su familia pasaba por dificultades económicas y una herencia era tentadora. Le gustaba viajar, y la relación con Desmond, su marido, era complicada. Él se estaba volviendo alcohólico. Intenté imaginar cómo se debía sentir y si dudó en volver con él", afirma Kane. En la casa de Fonseca, Fitzgerald se encuentra con un hombre rodeado de misterio y ambiguo que se presentaba como heredero de la familia. "Lo incluí porque, según sus propios textos, se sentía atraída por él. En sus novelas, la gente se enamora a menudo de manera inesperada, en el momento equivocado o la persona equivocada. Pensé que lo que pasó en Fonseca podía inspirar algunas de sus obras", dice.

Aun así, la relación con Desmond muestra respeto mutuo y apoyo, un contraste con el matrimonio del pintor Edward Hopper (también presente en Fonseca) donde él menosprecia la obra artística de su mujer y todo gira a su alrededor. “Fitzgerald tenía un marido que creía en ella y en su escritura. Eso era muy poderoso. El respeto mutuo puede ser lo que los mantenía juntos”, explica la autora.

En la novela, también son constantes las referencias a la precariedad económica. “Fitzgerald quería ser escritora, pero no tenía dinero. Tuvo que esperar para dedicarse a la escritura y al arte mientras sostenía a la familia. Muchos artistas tienen que poner sus sueños en pausa por necesidades económicas, y eso es interesante de explorar”, dice Kane.

El título del libro proviene del nombre ficticio que Fitzgerald daba a la ciudad mexicana: Fonseca. “No hay ninguna Fonseca en México. En latín significa pozo seco. Es una broma sobre la búsqueda de la herencia que ella no consiguió. Eso hizo que el título fuera evidente: Fonseca, un lugar mágico y misterioso”, afirma Kane. En la novela, muchos personajes son inventados para enriquecer la historia y reflejar tipos de personas que Fitzgerald podría haber conocido. Solo son reales Valpy (el hijo de la escritora), Penelope, las hermanas Delaney, y los Hopper (estuvieron en la misma ciudad, pero no sabemos si coincidieron).

"La novela es un ejercicio de ingeniería inversa: partiendo de sus obras adultas, intento imaginar la vida que tenía a los 36 años", explica Kane. Con la colaboración de la familia, la autora intercala la correspondencia que tuvo con sus dos hijos, investiga el viaje a México. Aun así, los misterios persisten, porque Fitzgerald nunca habló mucho de ello. “Solo podemos especular. Quizás por amor, por vergüenza por perseguir dinero, o porque se convirtió en un sueño que no acabó bien, ella no reveló casi nada. Todo esto es parte del misterio y de lo que hace fascinante su figura”, concluye la autora.

Jessica Francis Kane
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