El mensaje político de los presupuestos
La aprobación de unos presupuestos siempre tiene dos dimensiones. La primera es que permite a las administraciones funcionar con normalidad y poder disponer de más recursos para hacer políticas concretas. Desde este punto de vista, la aprobación de las cuentas siempre es una buena noticia, porque es una medida que repercute positivamente tanto en los servicios públicos como en la economía en general a causa del flujo de recursos, por ejemplo para infraestructuras, que supone. La segunda dimensión es la política. En el caso de las cuentas aprobadas ayer en el consejo ejecutivo y presentadas al Parlament, representan la piedra angular que permitirá a Salvador Illa agotar la legislatura.
La fragmentación política complica cada día más la aprobación de presupuestos, y lo que antes era una rutina anual hoy se ha convertido en un hecho excepcional. Hasta ahora la Generalitat funcionaba con las cuentas prorrogadas del 2023, dado que en 2024 Comuns tumbó las de Pere Aragonès y el año pasado no hubo ninguna. En el gobierno del Estado, Pedro Sánchez encara su último año de legislatura sin haber aprobado unos solos presupuestos; y a nivel autonómico el PP ha tenido que avanzar elecciones en Extremadura y Aragón porque Vox se las tumbó –y ahora ha tenido que negociar con la extrema derecha en peores condiciones.
Así pues, más allá de los números en sí, que además son los mismos que ya se presentaron en febrero, la importancia de estos presupuestos es vital para la política catalana, porque dan oxígeno a Illa para llegar hasta el final de su mandato. El año que viene es año electoral, con las elecciones municipales previstas para mayo, y en 2028 tocará ir a las urnas otra vez. Por lo tanto, es muy plausible que estas cuentas que está previsto que se aprueben a principios de julio sirvan para los próximos dos años como mínimo.
Illa, pues, puede respirar tranquilo y disipa cualquier duda sobre la continuidad de su gobierno. Pero también respiran los socios que se lo han aprobado. ERC todavía necesita tiempo para reponerse del batacazo del 2024 y curar las heridas de la batalla interna que acabó con la victoria de Oriol Junqueras. Además, el mismo Junqueras está pendiente de la aplicación de la amnistía para poder ser candidato, ya que ahora mismo continúa inhabilitado. Comuns también está en una posición de debilidad después de los malos resultados de hace dos años. A nadie, pues, le interesaba un adelanto electoral. Al contrario, los partidos pueden centrarse ahora en preparar unas municipales que se vislumbran clave para calibrar el avance de la extrema derecha.
Es verdad que ERC y Comuns han pactado algunas partidas concretas de las cuentas –por ejemplo, para reforzar la Agencia Tributaria de Cataluña o luchar contra la pobreza energética–, pero el desbloqueo ha sido básicamente político. El Govern debe aprovechar ahora todo este oxígeno financiero para resolver problemas pendientes, como la negociación con los docentes, el reforzamiento de la sanidad y el impulso a la economía productiva. Porque ahora es cuando se podrá juzgar mejor la gestión del Govern, que ya no tendrá la excusa de la falta de recursos.