Vida y muerte de un dueño de su destino
'La vida y la muerte de Jordi Fraginals', una de las grandes novelas modernistas catalanas, vuelve a librerías en una nueva edición prologada por Josep Murgades
- Josep Pous i Pagès
- Adesiara
- Con un estudio introductorio de Josep Murgades
- 396 páginas / 22 euros
En la erudita introducción que ha escrito para la presente reedición de La vida y la muerte de Jordi Fraginals, el profesor Josep Murgades hace una especie de genealogía o de inventario de muchas de las descripciones, interpretaciones y análisis que, más o menos perspicaces, más o menos reduccionistas, se han hecho a lo largo de las décadas de la estudiosísima novela de Josep Pous i Pagès (Figueres, 1873–Barcelona, 1952): ruralista, historia de un self-made-man, "la última novela modernista", concreción de aquel precepto de Albert Camus según el cual la novela es un "universo donde la acción encuentra su forma"... La introducción de Murgades, instructiva en su naturaleza de muestrario hermenéutico, es pertinente como presentación de un clásico de la novela catalana del siglo XX porque escrito hasta ahora, nuestro deber lector es procurar leer el libro desde lo que somos hoy y aquí, sin anacronismos ni apriorismos.
Publicada por primera vez en 1912, justo en el cruce de los dos movimientos fundacionales de la Cataluña cultural moderna, el Modernismo y el Novecentismo, La vida y la muerte de Jordi Fraginals es una novela decimonónica químicamente pura: por la peripecia existencial del protagonista, una peripecia de formación, de revuelta, de superación y de tragedia, y por la formalización de esa peripecia, con una estructura lineal, un narrador omnisciente y todo un entramado de elementos reflexivos y de motivos simbólicos. Se podría considerar que una novela de principios del siglo XX escrita según los patrones del siglo XIX es una novela que ya nació desincronizada, pero si algo deberíamos tener claro ya bien entrado el siglo XXI es que la sincronización con la modernidad –lo que en cada momento histórico se considera modernidad– tiene poco o nada que ver con la calidad literaria. A estas alturas de la historia de la literatura, también deberíamos haber aprendido que, al fin, el paso del tiempo lo sincroniza todo.
La lucha entre el tradicionalismo y la decisión sublevada de un hijo
La vida y la muerte de Jordi Fraginals hace, leída hoy, un efecto a ratos didáctico y un punto ingenuo, pero su hueso humano y expresivo –el drama humano que cuenta, el lenguaje con el que lo cuenta– sigue imponiéndose con toda su potencia y energía. Si tuviéramos una industria audiovisual sólida y autocentrada, ya se habrían rodado una película o una miniserie. Más allá de la ambientación rural y de la teatralidad de los diálogos, tanto la historia como los personajes y los temas tienen la fuerte y clara simplicidad de los arquetipos, y son de una modernidad rotunda. La lucha entre el tradicionalismo obtuso, soberbio y autoritario de Mateu Fraginals, que confunde las inercias de un orden social secular con el orden natural eterno de las cosas, y la decisión sublevada de su hijo Jordi de vivir la vida tal y como él la quiere vivir, representan un conflicto concretísimo y universal.
En La vida y la muerte de Jordi Fraginals, absolutamente todo –desde el estilo de la prosa hasta las motivaciones y las batallas del protagonista– está levantado por el vitalismo autoafirmativo en boga en la época en que Pous i Pagès escribió la novela. Los estudiosos han mencionado a Nietzsche, Ibsen, Alomar... Teniendo en cuenta que Jordi Fraginals, sin embargo, escapa del yugo de su padre cabezota y primaria, y renuncia a hacerse cura, para seguir una vida de hombre casado con hijos y de emprendedor comercial de éxito, self-made man anglosajón de manual, y no por hacer de artista bohemio amoral o de revolucionario inflamado, no es nada forzado ver también el modelo ético y existencial del poema If, de Rudyard Kipling, apóstol de un individualismo industrioso y productivo y de un vitalismo pragmático y diligente.
La vida y la muerte de Jordi Fraginals, una celebración trágica del "sentirse vivir con esa plenitud de quien no encuentra imposible ninguna empresa", sigue siendo un pilar, un punto anticuado pero todavía robusto y siempre venerable, de la narrativa catalana.