Crítica de música

Nuevas perspectivas vivaldianas de Vísperas de Arnadí

Brillante despliegue de la formación liderada por Dani Espasa en el Palau de la Música

Farran Sylvan James y Dani Espasa en una imagen de archivo en el Palau de la Música.
12/01/2026
2 min
  • Palacio de la Música. 11 de enero de 2026

Conseguir que los conciertos de El estro armónico de Vivaldi correspondientes al ciclo de Las cuatro estaciones suenen a algo nuevo significa muchas cosas. En primer lugar, que las piezas del músico veneciano son inmarcescibles y permiten muchas lecturas y relecturas. Y, en segundo lugar, que para que esto ocurra hace falta talento, imaginación, grandes capacidades técnicas y ganas de trabajar. La conjunción se dio en manos de Vísperas de Arnadí, una vez más ante el liderazgo entusiasta de Dani Espasa. Y también, claro, con el prodigioso papel de la solista, la violinista Farran Sylvan James.

Después de dos apetentes conciertos (RV 156 y RV 541), para cuerda y para violín y órgano, llegó el momento de Las cuatro estaciones. Enseguida se constató que asistíamos a una versión articulada sobre criterios no sólo filológicos, sino rompedores, pero sin falsos histrionismos.

El entendimiento entre Farran Sylvan James y sus compañeros de atril se hizo notar desde los primeros compases de La primavera, especialmente en el diálogo entre solista y primeros y según violines. Pero lo más brillante de todo fue la articulación, la sabia medida en las dinámicas contrastadas y el trabajo de acentos expresivos en todos y cada uno de los pasajes de la partitura. Incluso con tempi que rompían lo que la tradición de tantos conciertos y tantas grabaciones de la pieza nos ha tatuado en nuestra memoria auditiva. En este sentido, la labor de Espada dio como resultados sensaciones como las que nos producían aquellas grabaciones "filológicas" dirigidas por batutas como las de Harnoncourt o Biondi en el momento en que aparecieron sus trabajos discográficos. Nuevas perspectivas, en definitiva, de unas partituras que no agotan cuando el discurso que las sustenta parte de buenos argumentos.

La pulcritud estilística fue el otro plato fuerte del concierto, con espléndidos resultados en los acabados: tanto los ataques al inicio de los movimientos como sus expansivos y contundentes finales. E incluso existía pulcritud en algunas notas de humor interpretativo, y siempre con la complicidad entre solista, conjunto instrumental y dirección.

El público que llenaba hasta los topes el Palau de la Música el domingo por la tarde era mayoritariamente debutante: lo demostraban los aplausos entre movimientos. Lo que, por otra parte, no es preocupante si se mantiene silencio (humano y telefónico) durante la velada. Fue el caso.

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