Cultura 29/11/2020

Raimon: “Annalisa y yo lo dejaremos todo en el Centre Raimon de Xàtiva”

Entrevista al cantante, que cumple 80 años

Antoni Bassas
14 min

BarcelonaQuizás Raimon no había mencionado nunca tantas veces a Annalisa en una entrevista como en esta. Parecería que su capacidad espriuana de escribir letras con una alta concentración de palabras exactas se hubiera trasladado a su momento vital: Raimon se explica ahora como el artista que, una vez ha bajado por siempre jamás de los escenarios, vuelve definitivamente a casa y ordena los papeles que le recordarán en la posteridad. Y lo hace en compañía de su pareja, coautora de su carrera, con más de medio siglo de relación. Los dos han llegado al tercer acto de Shakespeare y se encuentran ante la necesidad de dejarlo todo pulcro y terminado, marca de la casa del cantante. Ramon Pelegero y Sanchis, Raimon, (Xàtiva, 2 de diciembre de 1940) cumplirá 80 años miércoles. A la dimensión simbólica del personaje se añade la de la edad. Octogenario, ha venido andando desde su casa al ARA, que apenas cumple diez años.

Raimon, muchas felicidades por los ochenta años.

Muchas gracias.

¿Qué se siente?

[Ríe] Se siente que de todos los amigos que yo tenía a los veinte años, casi no queda nadie, lo que te provoca un cierto efecto. Y en esta situación pandémica que estamos viviendo, todo eso duele más.

En el capítulo anterior, te veíamos cantando el 28 de mayo de 2017 en el Palau de la Música, despidiéndote de los escenarios para siempre. Desde entonces, ¿cómo es un día tuyo?

Hasta 2018 estuvimos terminando de preparar el pack para convertir los primer y segundo recitales en uno solo, y un libro con todas las canciones traducidas al francés, al inglés y al castellano. Y a partir de 2019, cosas propias de la edad. He empezado a saber que el cuerpo está lleno de órganos y he ido mucho a médicos, revisiones por aquí y por allá... Hay algunas enfermedades de músico, de posición, hay otras que son propias de la edad. Total, que hemos tenido poco tiempo aún de ordenarnos. Annalisa y yo tenemos una acumulación de material de cincuenta y cinco años y estamos intentando catalogarlo. Hemos estado en Xàbia todo el verano, allí frente al mar y al aire libre y sin la mascarilla, que es algo que es muy molesto. Y a partir de ahora ya seré una persona sensata, empezaré a ver qué haré cuando sea mayor.

O sea, que la pandemia te está castigando especialmente.

Es que la gente de mi edad y no digamos ya los de algo más, no estamos para regalar tiempo, porque sabes que ahora la procesión y el cirio son cortos.

¿Escribes?

No, no escribo, no escribo. Leo mucho, sí, pero incluso cosas que había escrito y que me parecían que podían ser útiles, ahora me parece que quizás no. Las miro, pero no me acaban de gustar.

¿Qué pensáis hacer con todos estos documentos?

Annalisa y yo pensamos dejar una parte en Xàtiva, una en Valencia y otra Barcelona, pero eso es muy complicado. Y le digo al alcalde de Xàtiva, Roger Cerdà: "Me gustaría dejarlo todo aquí, porque sería mejor que estuviera todo junto". Y el alcalde, que es una persona sensata y razonable, me dice: "Eso ya está hecho". Resulta que hay un convento de las Clarisas, que no saben qué hacer con él. Son 2.000 metros cuadrados.

¿Y cómo se llamará?

Centre Raimon d’Activitats Culturals, donde habrá toda nuestra historia y todo, todo. Annalisa y yo haremos un testamento para que cuando nos vayamos, todo vaya al Centre Cultural. Ahí estará toda la documentación, pero al mismo tiempo haremos un pequeño teatro y una sala de exposiciones. O sea, que sea algo vivo y el único muerto que habrá seremos nosotros [risas].

raimon fotografiat a l'eixample el dia de l'entrevista

¿Los ochenta años representan algún tipo de hito para ti?

No. Ni Annalisa ni yo nos lo hemos planteado. En 1987 pensamos que ella no llegaría a cumplirlos. No quiero ni pensarlo, porque estuvo muy enferma. Y luego se recuperó, porque claro, no es solo pasarlo, también es recuperar la alegría de vivir. A la mínima, pum, te entra como un golpe de viento de pesimismo brutal.

Pero tú tienes una sonrisa fácil.

Sí, es el carácter. Mi madre mucho y mi padre también: los dos tenían mucho sentido del humor. ¡Hasta el punto de que a veces te hacían bromas ellos a ti! Mi padre murió a los 65 años. Mi madre cumplió 93. Mi padre no tenía un duro, pero trabajaba mucho y podíamos ir viviendo.

Y de tu madre, ¿qué tienes?

De mi madre... Me haces pensar, creo que una cierta ternura. Y al mismo tiempo, eso de: "Esto lo tenemos que arreglar", y arreglarlo.

Cuando miras atrás, ¿distingues etapas en tu vida?

Sí, antes de venir Annalisa y luego con Annalisa. Y en esta parte ya puedes hacer pequeñas subdivisiones.

Os enamorasteis mucho.

¡Yo sí! Ella llegó a Valencia en el año 64. Venía con una amiga del Liceo y la fui a recibir al aeropuerto.

¿Recuerdas el momento en el que la viste por primera vez?

Ah, yo sí. Yo tenía otra novia y me dije: "Esto se ha acabado". Y luego vino a Xàtiva y yo digo: "Ostras, esto no me lo quiero perder". Y nos llamábamos, nos escribíamos, y en junio de 1966 Annalisa vino a París, yo cantaba en ese momento, y en agosto nos casamos. Ella también se lo pensó mucho porque tenía que dejar Italia y a la familia.

54 años. La convivencia no siempre es fácil.

Yo creo que la nuestra sí. Nos mandamos a freír espárragos de vez en cuando, como es lógico, porque hace cosas que dices: ¡no puede ser! Pero no se ha dado nunca eso de decir "hoy no duermo en casa". Sé de algún amigo que eso lo ha hecho. Nosotros no, siempre hemos dormido en casa y en la misma cama.

¿No tener hijos ha sido una elección voluntaria?

En un principio sí, por el tipo de oficio que hacía en esos años, porque de 1963 a 1979 la cosa fue dura. Me habían llamado algunas veces a la comisaría porque "Había cantado esto", una canción contra el Papa, que era Elogi dels diners, ¡del siglo XIV! Y luego a la mecanógrafa de la policía le tenías que firmar un autógrafo. Hace poco estábamos mirando la correspondencia y hay una carta de un policía de la secreta que dice que le gusta mucho como yo canto, pero “no solamente a mi, sino a muchos amigos míos también sociales. Hay tres o cuatro que no fallan en ninguna actuación y van a escucharte, no a trabajar”.

¿Recuerdas a los 25 años cómo gestionabas el descubrimiento de que con la voz, con la guitarra y con las letras eras capaz de representar y de sublimar los sentimientos de miles de personas?

Lo gestionaba haciendo más canciones y poniéndome al servicio de lo que yo pensaba que tenía que estar. He cantado gratis muchas veces, más de las que la gente pueda imaginar. Pero hacía canciones, aunque a mí me ha costado mucho siempre hacerlas; he hecho pocas, si piensas en todos los años que he cantado.

¿Cuántas?

Unas 150 y pico. He hecho más, pero he roto muchas, he sido muy exigente porque quiero hacer las cosas lo mejor posible. Lo gestioné con la manera de cantar, cantando en una lengua minoritaria. A veces me digo: "¿Cómo es posible que hayas cantado en tantos lugares del mundo en catalán?" Pues mira, cosas de la chamba. La vida es muy casual. Evidentemente, si no proyectas no harás cosas, pero hay muchas cosas que se te presentan y te rompen el proyecto que tenías y te indican hacia otro lado. Del mismo modo que nací por puro azar. En casa hacían la broma de que cuando yo nací mi madre se había ido al mercado porque ya no me esperaba nadie.

¿Y pusiste tus canciones al servicio de qué? ¿De la lengua y de la lucha de clases?

Hombre, de la lucha de clases no te lo sabría decir, de las clases subalternas, sí, la gente que por razones obvias de pobreza o de no suficiente formación, nunca llegan a tener una alternativa a lo que hay, y viven en una subalternidad... No es el feudalismo, pero se aprovechan siempre de su trabajo. Y la lengua, sí, eso es muy importante. Y encima, se internacionaliza. ¿Cómo es posible? Pues porque tengo la suerte de conocer a Pete Seeger a través de unos amigos. Y hicimos venir a Pete, entre Annalisa y yo, en 1971. Pero vaya, creo que hay mucha parte de azar. Por ejemplo: a mí, Al vent, no me parece que sea una canción mala.

No.

Pues eso sale en una moto, detrás, y no sabía más acordes. Tres acordes.

Supongo que al azar se tiene que trabajar. Con lecturas, por ejemplo.

Yo iba para historiador. Había hecho teatro con Morera y con Sanchis Sinisterra, e iba a una tertulia abierta donde había algunos fijos, Fuster y los amigos. Y Fuster es la primera persona en mi vida que me hace ver que el valenciano es el catalán. Leo un libro que se llama El descrèdit de la realitat sobre arte y está hecho por él, y me digo: "Esto no tiene nada que envidiar a las lecturas que yo hago de los franceses o de italianos". Y Fuster, a parte de amigo, me orienta según qué tipo de lecturas.

¿Y Espriu?

Escribí a Fuster, y le digo: "Mira, Juanito, he hecho música sobre un poema suyo, y quiero pedirle permiso y tal..." Entonces él le escribió una carta. Espriu le contesta que está contentísimo y le pone el teléfono. Yo le llamé, y me dijo: "Lo admiro profundamente". El día que fui a verlo entré que serían las ocho de la tarde, no cenamos, se fumó tres o cuatro cigarrillos y yo casi un paquete. Él bebió un poquito así de coñac y yo bebí dos o tres copitas. Estuvimos hasta las dos o las tres de la madrugada charlando de poesía y de todo. Quedé deslumbrado.

¿Cómo era la conversación con Espriu?

Nos reíamos mucho, era muy divertido. Además, cuando hacía la caricatura de alguien era para mearse de risa.

¿Imitaba?

La manera de hablar. Tenía un sentido del humor muy roedor.

Y enseguida viene el debut en el Olimpia de París, con 25 años. Debiste de tocar el cielo con las manos.

Sí, pero yo no me lo he tomado nunca así. Pienso que todavía no he llegado al cielo. Ha habido momentos muy bonitos en nuestra vida, eso sí. Y mira, al menos si han valido la pena ciertas renuncias, pues ya ha estado bien. Yo he hecho el Diguem no, pero diciendo que no, a veces, te juegas muchas cosas.

No cantaste en castellano, ¿por ejemplo?

Con el castellano enseguida, además, te decían: "Tendrás esto, tendrás aquello", es inmediato, a partir del primer disco.

¿Por qué dices que no a cantar en castellano?

Porque no es mi lengua. Y fíjate, la lengua en la que canto, mi propia lengua, la estoy aprendiendo en esos mismos momentos, porque a mí en la escuela nadie me ha enseñado a decir ni buenos días. Y entonces hay, como lo diría yo, una afirmación de decir no, esta lengua es mía y yo no tengo que renunciar a ella y ya está. La base es con la que yo me siento a gusto, las palabras tienen una resonancia que no tienen en la otra. Y en la Universitat de València empiezo a ver que no solo es mi lengua sino que los señores Fuster o Espriu escriben en esta lengua.

¿Qué utopías perseguíais en esa época?

Utopía no sería la palabra adecuada. Nosotros, la gente de esa edad que teníamos ciertas inquietudes, pensábamos que nos podíamos deshacer del franquismo con una reacción popular, no violenta, porque yo no he sido nunca partidario de la violencia. Pensábamos que se podía hacer, y en algún momento de los años 70 daba la impresión de que era posible, ¿no?

El cantant d'Alcoi el dia de l'entrevista

Tú cantaste 'Yo vengo de un silencio antiguo y muy largo' y en esa época era así. Ahora ya no lo podríamos decir, primero porque vosotros llenasteis ese silencio y después todos hemos podido hablar. ¿De qué calidad es el material con el que hemos llenado este tiempo?

No te lo sabría decir. Yo esperaba que hubiera algo más de sensatez, que el deseo no fuera superior al razonamiento, porque ha habido un momento en el que parecía que todo era posible. Yo no lo he visto nunca así. Y después la corrupción de un sector de la clase dirigente también toca mucho los cojones, hablando claro, porque eso sí que no me lo esperaba de gente que conoces, que has tenido cerca. Todo esto te decepciona. Y ahora desearía que gobernaran la sociedad, no que intenten otras cosas que a saber cuándo saldrán. La creación de un estado catalán en las circunstancias actuales no creo que sea lo más importante que la población necesita, esa es mi impresión. Ahora, puedo estar equivocado y mañana tenemos un estado la mar de fino. Pero yo dudo mucho de que cualquier estado existente deje que una parte de su territorio haga otro estado. Imagina Francia, imagina Italia.

Los escoceses lograron que se les preguntara.

Los escoceses, con muchos años y dentro de la legalidad. Es otro planteamiento. Y además no lo han conseguido. Qué quieres que te diga, lo veo así, pero si estoy equivocado lo diré enseguida.

A ti no te parece que el autonomismo nos puede hacer residuales.

¿El autonomismo? Claro, dichas las cosas así, depende de qué tipo de autonomía.

La que hemos conocido hasta ahora.

Bueno, pero podría hacerse más amplia. En Euskadi están consiguiendo cosas que aquí no se han intentado. No sé, no soy un dirigente político. Como ciudadano, lo que sí pienso es que estas cosas pueden ir de otra manera. Ahora bien, las estructuras jurídicas que tenemos: todavía hay mucho que se arrastra. Y, evidentemente, las sentencias son de un desproporcionado por lo que se ha hecho... No creo que una parte lo haya hecho de maravilla y los otros mal. Ahora, hay tíos que se han cagado en mí, con un fanatismo brutal. Perdona, no he impuesto a nadie mi pensamiento. Cuando tú quieres que los demás sean como tú, mal.

Hay gente a la que le supo mal.

Yo también quisiera tener al lado a esta gente que piensa de otra manera, porque hay unas simpatías y el reconocimiento de una honestidad, por ambas partes. ¿Y por qué no coincidimos? Porque, a veces, con las personas que más quieres, no te aclaras. Oye, ¿qué más me hubiera gustado a mí que llevar a siete u ocho músicos en según qué momentos para hacer Ausiàs Marc? Pero no podía hacerlo porque no había suficiente presupuesto.

¿Quién quiere poner límites a sus sueños?

No, no, yo no me he puesto nunca. Y he cantado que "vivo luchando contra estos límites". Y mira, he cantado en catalán en Japón, en Estados Unidos, Argentina, Uruguay, Bulgaria, no sé dónde, no era fácil de prever. No era pensable cantar en catalán y hacerlo en la Facultad de Económicas de Madrid. O sea, que los límites yo no me los he puesto, he hecho todo lo posible para romperlos.

¿Te has vuelto a poner una camisa roja?

No. Ni he tocado la guitarra, lo que me sorprende más. Me he retenido. La tengo allí y digo: mmm... no. Tengo otra en Xàbia. Y no. Quizás algún día digo que sí, pero igual ya no puedo. Pero las camisas rojas no las he dado, las tengo en el armario. Y me las pienso poner, pero no en público. No sé si podría hacer un recital como los que hice. La voz sí, pero debería estar sentado. Y además, llegábamos antes para ensayar. O sea, no.

Como la última entrevista fue cuando cumpliste 75, quedamos...

...a los 85, si llegamos. Vaya, si llego yo. Porque a ti para los 85 todavía te queda.

Ya sabes tú que hoy estamos y mañana no estamos.

Y además, "somos una luz que huye". Som lo cantó Camilo Sesto, y tengo entendido que a su madre, como a ciertas mujeres de Xàtiva, les gustaba mucho el Som.

¿Cómo dice la letra?

"Somos una luz que huye, somos una luz que se apaga, somos una luz que no es luz, somos el gran humo de la tierra. De la tierra venimos, a la tierra iremos; en la tierra vivimos, en la tierra seremos. Somos".

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