Historia
Cultura 03/06/2022

Recorrer las rutas que siguieron los independentistas catalanes

La Fundació Reeixida reivindica los pasos clandestinos que sirvieron para ayudar a exiliados que huían del nazismo

4 min
Miembros del Frente Nacional de Cataluña

BarcelonaEn julio de 1939, Gregori Font se escapó del campo de concentración de Agde con el objetivo de llegar a Barcelona y establecer contacto con los que se habían quedado para luchar contra Franco desde la clandestinidad. "Él la llamaba la táctica del hombre invisible. Se ponía a conversar cerca de la puerta del campo donde estaban los soldados senegaleses y poco a poco se iba alejando", explica su hijo, Aleix Font. Los tres meses siguientes, Gregori Font hizo hasta siete viajes a Catalunya y aprovechó la ruta creada para ayudar a pasar aviadores británicos y polacos, políticos franceses y judíos que huían de la Francia ocupada por los nazis. Habitualmente andaba desde Banyuls por Colera hasta coger el tren en Llançà. En las casas del Puig del Mas, en Banyuls, habían escondido las armas; en la riera de la Valleta de Llançà había una casa de confianza; en el casino de Figueres, un camarero que lo ayudaba...

La ruta que hacía Font, uno de los primeros que volvieron a Catalunya en la clandestinidad después de que Franco ganara la guerra, es una de las que reivindica la Fundació Reeixida y que quiere divulgar con el Museu Memorial de l'Exili. El proyecto se llama Rutas de la Libertad y sigue los caminos clandestinos que usaron los independentistas catalanes del Front Nacional de Catalunya. De momento se puede seguir con Wikiloc. Los Pirineos, entre 1936 y 1945, estaban muy transitados: por senderos y bosques pasaron miles de exiliados y refugiados, junto con militantes clandestinos, guías pasadores de montaña, estraperlistas, contrabandistas, militares regulares y espías.

"A su padre lo detuvieron hasta tres veces, y entre una detención y otra pasó ocho años en La Model de Barcelona", dice Aleix Font. El peor calvario fue durante la segunda detención, cuando lo fueron a buscar a casa de una tía y se lo llevaron. Era noviembre de 1943 y la policía franquista había conseguido poner nombres y apellidos y localizar a medio centenar de miembros del Front Nacional de Catalunya. "Sus compañeros de armas estaban aterrados de las palizas que recibió, en la Vía Laietana, pero él no habló", explica su hijo. Muchas cosas de su padre Aleix las conoció a través de las conversaciones con antiguos compañeros que lo visitaban en su casa, en la Colonia Güell: "Fue un mal estudiante y un muy buen hombre, muy amigo de todo el mundo; él me explicaba una versión endulzada de todo lo que le sucedió y nunca habló con amargura o tristeza, para él fueron unos años de esplendor", explica emocionado. "Lo quería mucho a mi padre", añade.

Gregori Font y sus compañeros persistían porque creían que con la Segunda Guerra Mundial los aliados podrían ayudar a Catalunya a ser independiente. "Confiaban que con la victoria aliada se redibujaría el mapa de Europa y se tendría en cuenta la lucha de Catalunya", explica el historiador Fermí Rubiralta. "Ayudaron a los aliados y lo pagaron con la prisión, la clandestinidad y el exilio. La tarea que hicieron es impagable, lo dieron todo pero nunca se les agradeció y se les ha intentado olvidar", añade el historiador. Franco continuó imponiendo su dictadura hasta 1975.

Gregori Font i Cataviela.

La ruta que Gregori Font hizo con otros militantes como Jaume Martínez, Enric Pagès, Joan Sardà y Octavi Viladrosa es una de las tres que se quieren señalizar. Otra recuerda la que hicieron Manuel Valls, Jaume Cornudella y Jean Olibó. Manuel Valls luchó en la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial y ayudó a crear la red de evasión Alibi-Maurice, que hizo posible el paso de 800 aviadores y soldados aliados, además de judíos. Valls recibió la Cruz de Guerra francesa y la Medalla de la Resistencia, además de un certificado de gratitud de la monarquía británica y la Medalla de la Libertad del ejército norteamericano, e Israel lo designó Justo de las Naciones. La tercera ruta recuerda la que hacían Enric Pagès y Manuel Viusà, que con su mujer Getrudis Galí montaron un pequeño taller de ayuda a la resistencia francesa en el cual elaboraban documentación falsa que servía a los guías y a los enlaces del Front Nacional de Catalunya dedicados a pasar clandestinamente aviadores aliados caídos en territorio enemigo, aliados en servicios especiales y judíos que huían del nazismo. Algunos de ellos han recibido reconocimiento fuera, pero Oriol Falguera, presidente de la Fundació Reeixida, lamenta que nunca, excepto a Viusà, se les ha reconocido en Catalunya.

Las rutas clandestinas no se cerraron en 1945. En 1968 el escritor y activista Robert Surroca colaboró en la biografía que se hizo desde el exilio de Francesc Macià y la pasaron con otra documentación por la montaña. Surroca también ayudó a diferentes activistas que luchaban contra Franco a cruzar una y otra vez por la frontera. "No nos pillaron nunca, parecíamos excursionistas y hacíamos como ellos", recuerda. No quiere decir por dónde pasaban concretamente: "No sabes nunca si lo volverás a necesitar", dice con una sonrisa socarrona.

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